¿Día del urbanista? ¿Por?

8 de noviembre. Mesas, tomas de protesta, conducir ceremonias, asistir a comidas, boletines, convocatorias, dos fotos nuevas de perfil en un solo día. Más o menos eso es lo que uno ve o hace cuando uno se vuelve urbanista, voluntarioso y hasta metiche. Felicitaciones, mensajes, obsequios (poquitos) y aplausos. Al día siguiente uno amanece y se encuentra esto:

8 de noviembre, es el día mundial del Urbanismo (convencional).
No sé si “celebrar” o conmemorar, al coincidir con Koolhaas respecto a la increíble cantidad de esfuerzo desperdiciado. ¿Hay alguna otra disciplina/profesión que tolere tanto pensamiento y esfuerzo humano generado sólo para ser tergiversado, o en el menos peor de los casos, botado y archivado?

Lo escribió un amigo urbanista. De esos que subestiman que ser tergiversado, y botado (de preferencia con “v”), es acto cumbre de otros gremios, como el de los políticos; y que en esta vida ser archivado hablando de temas de ciudad, es hasta un logro para los que quisiéramos hacer carrera académica (y difícilmente hay espacios), o para los vecinos, a quienes no sólo no les pagan por escribir sobre su barrio, sino que (en mi experiencia) rara vez les toman en serio una denuncia. Sin duda para una queja llegar a una estantería es cumplir los cinco años para un niño que, más chico, puede enfermar de todo. Aunque, desde luego, para los que estudiamos para urbanista pensando en influir en la ciudad, quedar archivado es bastante indigno. Y aunque no todo quede en planos, o de plano ni a eso llegue, que no hallamos logrado trascender temas que hemos trabajado a la discusión pública indica que, en efecto, hay un rezago que limita el bienestar de personas que viven allá fuera.

Luego entonces, su queja claro que tenía motivos, y por eso mi respuesta a él fue la siguiente:

jajajaja, ya vente a tomar un café y lo platicamos. O sea, al final te voy a decir que tienes razón. Pero estas cosas se pasan mejor con un café.

Puesto que si alguna ventaja ha dado la ciudad capitalista y postindustrial por encima de cualquier otro tipo de asentamiento preexistente, es que, a diferencia de los demás, en éstas abundan las cafeterías (y otras cosas que los pobres no podrán pagar). Más allá de ello, ¿son las ciudades contemporáneas, ellas mismas, una solución? Yo pienso que no.

Volvamos a los cafés. En su libro Todo lo sólido se desvanece en el aire, Marshall Berman, al explorar los paradigmas urbanos que han dado a luz a nuestras ciudades actuales, recupera un cuento de Baudelaire, llamado “Los ojos de los pobres“. El cuento está ambientado en un París renacido en su traza de nuevos bulevares, que dan vida también a nuevos cafés, mientras la de tantas personas se consume al exterior de sus cristales. El protagonista narra:

… Al anochecer, un poco fatigada, quisisteis sentaros delante de un café nuevo que hacía esquina a un bulevar(…)
… Enfrente mismo de nosotros, en el arroyo, estaba plantado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de la mano a un niño, y con el otro brazo sostenía a una criatura débil para andar todavía (…). Todos harapientos. Las tres caras tenían extraordinaria seriedad, y los seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo, con una admiración igual, que los años matizaban de modo diverso.
… No sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de nuestras botellas, mayores que nuestra sed. Volvía yo los ojos hacia los vuestros, querido amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me sumergía en vuestros ojos tan bellos y tan extrañamente dulces, en vuestros ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijisteis: «¡Esa gente me está siendo insoportable con sus ojos tan abiertos como puertas cocheras! ¿Por qué no pedís al dueño del café que los haga alejarse?»

Y el asunto es éste: a las personas en situación de vulnerabilidad, ¿les está solucionando la vida la ciudad?

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Fuente de la imagen: holaciudad.com

En mi impresión, gran parte de los urbanistas considera que sí. Yo me quedo con frases del libro Gente del abismo de Jack London. Para los pobres, el pedazo violento, hacinado e insalubre que la ciudad es capaz de alquilarles, desde el momento en que ya no es posible ofrecerles la movilidad social, y con todo y ello los extorsiona con el pago de su renta cada mes, se convierte en “un inmenso matadero”. No sólo por los crímenes violentos, la violencia directa de la policía contra quien sea sospechoso de ser pobre, las enfermedades o el hecho de que a uno que no le alcanza el dinero para vivir cerca se le pueda ir una cuarta parte de su vida en el autobús. Lamentablemente, expectativa de vida se define como el número de años que estadísticamente uno podría vivir, y  no en cambio a lo que podría llegar a hacer en esos años o lo que puede esperar de ellos. Y el pobre que se encuentren en el 40% más bajo de ingreso, según Ricardo Raphael, en su libro El Mirreynato, difícilmente podrá ir más allá. Su vida como proyecto, y sus expectativas de ella, están bastante muertas desde su nacimiento. Ese grupo “está condenado a vivir en la pobreza perpetua”.

De acuerdo con un artículo del Banco Mundial intitulado “La pobreza urbana en México”, para los primeros años de este siglo, todavía una gran cantidad de la población urbana en México padecía situaciones de pobreza extrema. Pensemos en tres niveles de pobreza: la pobreza alimentaria (el ingreso no alcanza para cubrir tan sólo la canasta básica), la pobreza de capacidades (podrá alcanzar para la canasta básica, pero no para gastos de salud y educación) y la pobreza patrimonial (sí alcanza para la alimentación, salud y educación, pero ya no se alcanza a cubrir vivienda, transporte y vestido). Desde luego, quien se halla en pobreza alimentaria (o sea, que no alcanza a sufragar ni su comida) tampoco tendrá dinero suficiente para educación o vivienda, lo que hace que se contabilice tanto en el rubro de pobreza alimentaria, como en el de pobreza de capacidades y patrimonial al mismo tiempo.

Al año de 2004, la población rural en México presentaba una pobreza alimentaria de 27.9%, una de capacidades de 36.1% (incluyendo al 27.9% se halla en pobreza alimentaria, y 8.2% más), y 57.4% en situación de pobreza patrimonial (que incluye a los dos grupos anteriores y un 11.5% extra). Mientras tanto, la población urbana tenía un 11.3% de pobreza alimentaria, un 18.1% de pobreza de capacidades (es decir, el 11.3% en pobreza alimentaria y un 6.8% adicional) y un 41.7% en pobreza patrimonial (o sea, la suma de los dos tipos de pobreza anterior, y 23.6% que se suma). Por otra parte, mientras que en esos mismos años la pobreza alimentaria y de capacidades disminuyó en las ciudad alrededor de un cuarto más rápido que en los asentamientos rurales, la pobreza patrimonial prácticamente varió al mismo ritmo: disminuyó 4.21% anual en el medio rural, y sólo 4.58% en el medio urbano.

Gráfico pobreza rural y urbana

El mismo estudio del Banco Mundial sugiere que seamos cautos al pensar que todas las ciudades se comportan igual, y todos los asentamientos rurales funcionan de manera parecida. Sin embargo, aun si nos atrevemos a meter todas las ciudades en la misma bolsa, podríamos estimar que reducen la posibilidad de morir de hambre, aumentan la de recibir servicios de salud o educación, pero no son más eficientes que otros asentamientos humanos para poder salir de pobre. Es decir: habrá muchos servicios; podrás acceder a los que son gratis, como la escuela pública, pero te quedarás viendo por fuera otros, como las casas de café, o, peor aún, el mexibús, o la vivienda en renta.

Luego entonces, ¿son las ciudades la solución? No. Pero sí pueden ser una herramienta. Gracias a al haber más compradores los costos de ofrecer bienes o servicios se reparten entre más personas, las ciudades pueden disminuir el precio, o facilitar el acceso, a bienes y servicios como los alimentos, la salud y la educación. Sin embargo, las distancias que hay entre las cosas que uno necesita encarecen ya sea el transporte por tener que trasladarse tanto, o ya sea la vivienda, al pagar más por intentar estar más cerca de ellas. En 2004, uno de cada cuatro mexicanos que vivía en zonas urbanas, podía pagar su comida y no morirse de una enfermedad a la primera, pero no tomar la combi.

En toda la historia de la humanidad, me atrevería a decir que nunca se había acumulado tanto poder en las ciudades, pero tampoco a tanto humano sometido a sus durezas. Como civilización (es decir, como cultura que produce ciudades) estamos fallando en algo esencial: si económicamente la mayor parte de los habitantes en las ciudades pueden acceder a los bienes que necesitan para sobrevivir, ¿por qué les estamos complicando la existencia poniéndoselos lejos, como para que gasten tanto en transporte que no puedan pagarlo? Y si vivir en una ciudad reduce a la mitad las posibilidades de morir de hambre, o de no acceder a servicios de salud, ¿por qué los mecanismos económicos para acceder a una vivienda les impide vivir en la ciudad o acaban habitando en condiciones contrarias a su salud misma, como el hacinamiento?

Si a todo ello me preguntaran, ¿qué celebrar el día del urbanista?, yo diría algo muy sencillo: que existimos profesionistas entrenándonos para usar una herramienta (la ciudad). Y eso es sumamente positivo. Porque la ciudad, bajo ciertas condiciones, sí podría volverse solución. Y esa condición es bien simple: no condicionársela a nadie. Habrá que ser imaginativos para encontrar cómo hacerlo, cambiar el paradigma. De otro modo, la ciudad no solucionará nada a quienes no poseen ni el suelo que ocupa su sombra, a esos quienes ven los beneficios de vivir en la ciudad desde el otro lado del cristal; desde fuera.

El reto para incluir a todos, y salir como sociedad de la pobreza, radica en gran medida en el acceso a vivienda y transporte en la ciudad. Pero también en entender la desigualdad en el espacio urbano; que va desde entender quién y como controla los paisajes urbanos (que es lo que yo estudio… y va desde los monumentos hasta el lenguaje o la ropa), hasta averiguar los mecanismos de expulsión empleados contra los pobres por medio de acciones económicas o políticas (a lo que se dedica mi amigo que se siente archivado). Si gran parte del quehacer sí está en nuestras manos, gran parte de la solución está también en nuestro predio. Celebremos el día del urbanista. La felicitación habrá que ganárnosla.


Museo de las preguntas

¿Entonces cuándo el café? ¿Cuál será el estado de la pobreza urbana en México al día de hoy? ¿A alguien más le ha marcado la vida Gente del abismo de Jack London? ¿Por qué sigue muriendo gente de hambre en la Ciudad de México? ¿Se puede solucionar la pobreza en el capitalismo? ¿Qué vamos a hacer?

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¿Cuál es la justicia posible?

De pronto me pregunto si leer noticias no se ha convertido en un reallity show donde cualquiera con dos dedos de frente (más otro que se equilibre en la cacha y un tercero en el gatillo) puede, por su propio arrojo, puede llegar a cierto tipo de estrellato.

 

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Iglesia bautista de Southerland Springs,  Texas.

El pasado domingo 5 de noviembre, en un momento en que paseaba en bicicleta con un maravilloso matrimonio texano (a quienes les platicaba del libro sobre la vida de indigentes Gente del abismo de Jack London, y quienes me explicaron sobre el papel de Lyndon B. Johnson en la igualdad racial en los Estados Unidos), otra persona en Texas, con peores intenciones y la tercera parte de años de vida, saltaba a la fama por el único mérito (nada fácil de conseguir, me imagino, o al menos muchos no podríamos ni querríamos imitarlo, pero eso no lo vuelve honroso) de 26 personas, en un tiroteo que, si bien llega a las dos cifras, se vuelve más mortífero incluso por su dimensión: de todos los habitantes de Southerland Springs, uno de cada 20 murió ahí. El asesino falleció posteriormente (lo que deja, finalmente, un saldo de al menos 27 difuntos).

 

Horas después, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, postulado por el partido que gobierna Texas, declaró: “está claro que nos encontramos ante un problema de salud mental de alto nivel. Tenemos muchos problemas de salud mental en nuestro país  pero no es una situación imputable a las armas”. Sin embargo, en un ataque previo, realizado por un uzbeco en Nueva York, tres años mayor al joven blanco de Texas, menos de la mitad de letal y donde, encima de todo, el atacante sobrevivió (ahora mismo puede considerarse un fracaso haciendo tanto esfuerzo en nombre del DAESH, cuando el otro personaje logró el triple y sin tener siquiera una razón política de fondo); Donald Trump no consideró llevar ayuda humanitaria en forma de psiquiatras y pastillas a Irak y Siria. En vez de ello, prometió arremeter “10 veces más fuerte” que lo que lo ha venido haciendo.

El asunto es simple de ver. En primer lugar, es evidente que erradicar las muertes no se logra sólo prohibiendo el artefacto con que se provocan; curiosamente nadie ha pedido que se prohiba el uso de automóviles (aunque estaría feliz de apoyar esa idea basado en otras razones). Necesariamente hay que regular las armas como método de ejercicio de poder. Pero cuando las armas de fuego y las de cuatro ruedas son la única forma en que un joven de veintitantos años logra influir, o al menos figurar, en la esfera pública, hay muchos otros mecanismos de poder que tenemos que regular mejor: la economía que los excluye, la política que los excluye, cuestionar el papel de los medios de comunicación. Y, en segundo lugar, es lamentable que a tantos años de la presidencia de Johnson (ese señor texano, del que me contaba mi amigo ciclista, que abolió la diferencia jurídica entre razas), otro presidente siga discriminando con base en raza y Geografía. A unos, chochos; a otros, drones, hambre, ruinas, la sensación de que arrollar cristianos (literalmente) es lo que único que queda.

Después de pasear con estos amigos texanos, y despedirnos sin que ellos aún supieran de lo que había ocurrido en Southerland Springs, visité el Centro Cultural Tlatelolco. Hay una exposición de Marcelo Brodsky: “1968: el fuego de las ideas”. Brodsky, refiriéndose a las movilizaciones sociales, hace una observación clave: hay que preguntarnos qué justicia es posible. Con el atacante de Texas muerto y el de Nueva York incapaz de devolverle la vida a nadie, parece que la única justicia verdadera es evitar a cualquier otro un sentimiento tan triste e indecible como el de perder a las personas que amas. Llevar más guerra, por lo tanto, sería un error, como también querer acabar con el dolor de las balas en suelo norteamericano bebiendo un vaso de agua, palabras, calmantes y aspirinas.


Museo de las preguntas

¿Se habrá alguna vez diagnosticado Donald Trump (digo, así con todo respeto, pero con mucha curiosidad) sobre su estado de salud mental? ¿Son los atentados para él parte del reallity show en que se desarrolla su carrera política? ¿Votarán otra vez por él?

Lujuria – a más de un mes del temblor

Septiembre aún baja

en cada gota

en cada ajuar de laja y polvo

por los ojos

de tejas la ciudad se descobija

de ropas se despoja

se acuesta y desnuda en su jauja roja

repuja sus hombros de escombros

ecos que no se enderezan

manos que se levantan

muertos que no despiertan

sueños que sí despiertan

lázaros silentes

jesuses en la boca

fuego en gerundio

ruego en gerundio

gemido en rojo

todo cruje en el miedo a la nada

las carnes rajadas

se llaga el vientre

por siempre

ante siempre

desde siempre

y bajo un siempre

ajado

envejecido

un jamás vencido

un no más rogando

y así la ciudad se despide gestante

y se queda debajo

y se inflama hacia dentro

dejando un vacío

 

23 de octubre de 2018

Aún nos desnuda el rostro el recuerdo del temblor

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Escombros en Xochimilco a través de un filtro de imagen de caleidoscopio…  inflamación del vientre de la ciudad hacia dentro.

 


Museo de las preguntas

¿Por qué duele tanto el recuerdo de cuando tuve que decidir ir a ayudar a desconocidos por la única razón de que alguien los amaba, y aceptar que lo único que me quedaba a mí era esperar que otro desconocido creyera en lo mismo que yo y se ocupara de ayudar a quienes para mí son lo más importante?

¿Y tú qué estás viendo? (Mirar mientras esperas al Metro)

Por demás, es de muchos conocida la frase de que ninguna imagen es inocente. La dijo Regis Debray para su ensayo Vida y muerte de la imagen. Pero en otro sentido, otra cosa que tampoco es inocente (incluso menos) son las miradas. Y no porque mirar sea siempre una transgresión; mirar, todo el tiempo, lo que sea con tal de no dejar de hacerlo, resulta a veces una convención social que nadie se anima a transgredir con la acción de cerrar los ojos; ni siquiera cuando este acto le desafanaría de una pregunta clave: mirar hacia dónde.

Y es que quizá lo culpable de la mirada, más allá del hecho de complacernos por lo que miramos, proviene muchas veces de no sentirnos a gusto por no poder dejar de mirar y no saber si miramos lo que querríamos estar mirando. De ello hay muchos ejemplos: ¿quién no se siente culpable de no saber a dónde mirar cuando atestigua un robo?, ¿una enfermedad que se manifiesta en la apariencia de alguien?, ¿o a quién no pone incómodo tener que elegir dónde mirar cuando llega con un amigo platicando al mingitorio y no sabe qué es peor descortesía, si dejar de mirar al amigo mientras se agarra y se sacude ese otro amigo, si mirar al techo, si hacerlo al mingitorio…? Y sin embargo, y contra todo, seguir mirando, a cualquier lado, en lugar de cerrar los ojos, parece lo normal.

Uno de los casos más llamativos, pero en el que ni siquiera cerrar los ojos es buena idea, es el de mirar en el andén del metro. Aunque nos hayamos acostumbrado, estar en el andén, literal, es andar al borde de la muerte. A metro y medio, cuando mucho, de las vías del tren. Cerrar los ojos es un poco imprudente. Pero entonces, ¿a dónde mirar cuando se espera el metro? Contemos las opciones: hacia el túnel obscuro, hacia un pasajero de junto, hacia un pasajero distante, al piso, al techo, a las cámaras de seguridad, el celular, un anuncio o a las vías del tren.

Dice un dicho scout que un tonto alumbra con su linterna al cielo, al fuego o a la cara; al apuntarle al cielo, no se alcanza a ver nada, por lo que dirigirle la luz es inútil; en el segundo, el mismo fuego produce la luz, por lo que alumbrarlo es absurdo; y el tercero es grosería. Y dirigir la mirada hacia cualquiera de los elementos mencionados en un andén del metro incurre en alguno de esos supuestos. Es decir, no por mirar al túnel con cara de 12 de diciembre aparece antes el tren, ni el techo es más revelador que el de los baños de hombres cuando se va al mingitorio (sino que delata la culpa de quien lo hace) y mirar a otra persona puede llevar a una incomodidad gratuita no sólo para uno, sino también a los demás. Y la cosa es peor al combinar los elementos: sumar miradas a pasajero distante y al anuncio que tiene detrás, hará que dicho pasajero no sepa si lo han identificado, y no hay peor lotería que encontrarse en una ciudad tan grande a alguien que te ubica pero que no conozcas; mirar alternadamente la cámara de seguridad y al túnel, hará que te crean suicidad; y mezclar suelo y pasajero de junto, te vuelve acosador, carterista. Aunque si uno se queda viendo al celular, se puede volver víctima de alguno. Pero si en tu ciudad cuentas con un gobierno de izquierda capitalista hasta lo inescrupuloso, no tienes más por qué sentirte así.

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Túnel del metro de Sevilla. No sé si sepan en Sevilla que aquí tenemos la estación Sevilla. Tampoco he podido averiguar si en alguna ciudad del mundo hay una estación llamada México.

La otra noche volvía de Puebla (una de esas ciudad en las que tanto se quejaban del Distrito Federal, y donde no hicieron casi nada para evitar acabar siendo lo mismo, pero sin metro) y transbordé de la línea 1 del metro para tomar la dos. Sin embargo, al bajar al andén en Pino Suárez, las primeras personas con que me crucé estaban miraban al mismo punto; nada expectativas, nada incómodas: uno de esos monitores de televisión autorizados por el gobierno capitalino para ser instalados en los andenes y transmitir, única y exclusivamente, la señal de ISA TV.

Gracias a esos monitores, podemos alimentar nuestras fantasías más burguesas incluso en nuestros momentos del día más proletarios: cuando esperamos aplastados entre otros desposeídos (especialmente de tiempo, que es finalmente lo que el proletario puede vender) para llegar al trabajo, y cuando incluso la cara más amable del gobierno (el Sistema de Transporte Colectivo Metro) te arruga la camisa y la sonrisa, da las respuestas que cree que necesitas con una grabación (“permita el cierre de puertas”… ¡obvio! … “la marcha será lenta”) y te hace esperar. Pero, justo gracias a esos monitores, de unos años para acá, mirar hacia algún punto en el andén del metro no tiene por qué ser incómodo. Especialmente, desde que la televisión tiene todas las respuestas y, en cambio, nos ahorra, entre otras incomodidades, la de hacernos preguntas a nosotros mismos. Por ejemplo: ¿llegará pronto el metro?, ¿qué me llama la atención de ese anuncio?, ¿por qué estoy mirando al pasajero de junto?, ¿seré por dentro un carterista?, ¿seré por fuera, y aún no me he dado cuenta, un acosador?

Y así, desde que perdemos la oportunidad hacernos preguntas, y el sonido de la tele es más alto que el del hámster —curioso, machista, genéticamente católico y arrepentido la mitad del día— que todos llevamos en el cráneo, la incomodidad también queda para otro momento. Para incomodidad, pues, queda la de que nos pongan en esos monitores de ISA TV videos de Katy Perry y comerciales de que Tuny nos llenó de latas de atún durante el sismo (¡qué generosa será una marca que no sólo gasta en donativos, sino en hacernos saber de ellos!). Pero la de mirar, mirarnos a nosotros mismos y hacernos preguntas… cuando menos esa incomodidad, afortunadamente no.


Museo de las preguntas

¿Cuántas ciudades con metro tendrán en otra ciudad una estación con su nombre? (Como Sevilla, que tiene metro y una estación en la ciudad de México llamada también Sevilla). ¿Será de pronto mutuo el asco, y nos verán con él las ratas de metros como el de Nueva York, donde abundan? ¿Qué porcentaje de acosadores (en su acepción jurídica) se considerarán acosadores? Si partimos de que el color naranja genera hambre, ¿qué porcentaje de las ventas de los comerciantes ambulantes son consecuencia de ese color y, visto desde ese aspecto, cuántos empleos de vendedores de palanquetas y alegrías en realidad genera?

Tú pídele al universo 55 mil millones ;)

En México está muy arraigado el lugar común, la autoindulgencia, de que la corrupción se la debemos a la conquista española. Que si hubiéramos sido colonia inglesa, muchas cosas no nos estarían pasando. Nada más cerca de la realidad. Si hacemos una revisión histórica sobre lo que la gente buscaba para sí mismo por fuera de los mecanismos legales, nos daremos cuenta de que poco o nada tiene que ver con lo que se busca hoy día.

En su libro Los seres que surcan el cielo nocturno: brujas y demonios coloniales, la investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro, Lourdes Somohano, relata el tipo de favores que los novohispanos solicitaban cuando creían haber entablado un pacto con el diablo. El registro corresponde a los archivos inquisitoriales.

“… querían que éste [el Diablo] les ayudara con guardar el ganado rápido, porque era mucho, hasta dos mil reses, y ello implicaba mucho tiempo y esfuerzo. En uno de los casos, los testigos aseguraban que cuando el estanciero, quien se suponía tenía pacto con el Diablo, tocaba la trompeta todas las reses obedecían, se formaban, salían y juntas caminaban rumbo a México para ser vendidas”.

Aparte de facilitar las labores ganaderas, los otros motivos (pero que se daban en menor proporción) incluían conseguir mujeres, huir de la cárcel y los obrajes (talleres donde los prisioneros purgaban su pena con trabajo forzado), ver lo que otros hacían sin ser vistos, ser valientes, tener dinero, dejar los naipes, sanar de una enfermedad, incapacitar sexualmente a un amante con el que, en caso contrario, habría la peticionaria de ser desposada, etc. Es decir, fuera uno de los temas, nada que ver con la corrupción moderna.

Si uno entra hoy día a las páginas de Facebook de San Judas Tadeo o la Virgen de Guadalupe las peticiones más frecuentes (sí, así pasa, la gente le pide cosas a sus santos por Facebook; incluso la página de la Basílica de Guadalupe tiene un formulario para enviarle peticiones vía internet) tienen que ver con salud, trabajo y dinero. Pero hay quien lo lleva más allá.

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Fuente de la imagen: proceso.com.mx

El día de ayer la revista Proceso publicó en su sitio en internet que se había descubierto una bodega con artículos de Javier Duarte y de su esposa Karime Macías. Al referirme a artículos de la pareja, me refiero sillas de ruedas, apoyos escolares, vajillas y otros objetos propiedad del gobierno de Veracruz, pero apropiados por el exgobernante hoy prófugo. Hay retratos de Karime y de Javier, una silla de montar personalizada para el político priista y varios artefactos más. Pero lo que llama la atención es una libreta Mont Blanc (ya desde ahí… ¡al menos no usó una para niños de primaria en Veracruz!) donde, además de tener anotada una lista de propiedades y presuntos colaboradores, la señora Macías escribía: “sí merezco abundancia, sí merezco abundancia”.

Partiendo de que los desvíos de Javier Duarte suman 55 mil millones de pesos (alrededor de 2.8 mil millones de dólares), y pensáramos que la abundancia personal de la señora se redujera a… ¿les gusta 140 millones de dólares a lo largo de seis años?; es decir, ¿23 millones de dólares anuales?, ni los mismos diablos del infierno podrían darnos algo así a todos. Si pensáramos que si todos viviéramos con el dispendio de los estadounidenses necesitaríamos 3.9 planetas para satisfacerlo, teniendo el estadounidense 56 mil dólares anuales, significaría (con cálculos bastante rápidos, paralelismos un poco caprichosos, pero útiles para darnos una idea) que si todos mereciéramos la abundancia que merece una Karime Macías que se apropiara de tan sólo el 5% de lo que desvía con su marido, necesitaríamos 1625 planetas como la Tierra para producir esa cantidad de riqueza.

Si esa avaricia no viene de Nueva España y ni del peor de los infiernos, habría que asumir que viene de nuestro contexto social actual en que todo mundo quiere participar de la desigualdad y estar del lado de la abundancia. Deberíamos dejar de ver al pasado y hacia fuera para vernos a nosotros mismos en el presente. De otro modo, poco hay que esperar ya del futuro. Seguiremos caminando hacia uno de los peores escenarios posibles donde se junten desigualdad, impunidad y corrupción.


Museo de las preguntas

¿Cuánto cuesta la impunidad? ¿Cuántos centavos hay que invertir para que no le quiten a uno un peso que se ha robado? ¿Funcionará el sistema nacional contra la corrupción? ¿Qué porcentaje de gobernadores no desvía recursos? ¿Qué porcentaje de mexicanos considera/consideramos la corrupción como algo normalizado?

¿Por qué no un México “unido” contra Trump?

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Fuente de la imagen: SDP Noticias.

El pasado domingo, diversas ciudades mexicanas fueron escenario de diversas manifestaciones de protesta contra Trump. Yo, habiendo asistido a la Conferencia Regional de las Américas de la red de colegio UWC, de la cual soy voluntario, tuve oportunidad de entrar en contacto con la manifestación sólo al día siguiente a través de los medios de comunicación colombianos. Mientras desayunaba el lunes en el hotel, CNN transmitía imágenes de la manifestación que, para mis amigos de otros países que asistieron al mismo evento que yo, resultaban inspiradoras y emocionantes: los mexicanos, finalmente, habían dado el paso para protestar contra Donald Trump. Sin embargo, al escuchar las cifras (como mexicano que conoce uno que otro dato sobre la ciudad donde vive), todo entusiasmo se venía para abajo. Alrededor de uno de cada mil marchó. Pero al leer la prensa escrita, las cantidades se hacían cada vez peores. Si tomamos en cuenta las cifras reportadas por Excélsior y la población de cada una de las ciudades constituidas en zonas metropolitanas para 2010, la proporción sería la siguiente:

Zona metropolitana Población Manifestantes Porcentaje de población que se manifestó Uno de cada…
Guadalajara 4,434,878 13,000 0.293% 341
Valle de México (Ciudad de México y alrededores) 20,116,842 20,000 0.099% 1,006
Pachuca 512,196 200 0.039% 2,561
Mérida 973,046 150 0.015% 6,487
Puebla-Tlaxcala 2,728,790 400 0.015% 6,822
Aguascalientes 932,369 100 0.011% 9,324
Colima-Villa de Álvarez 334,240 20 0.006% 16,712
León 1,609,504 50 0.003% 32,190
Tampico 859,419 10 0.001% 85,942

De todas las ciudades, sólo Guadalajara parece estar hablando en serio. Aun cuando la ciudad de México es una políticamente activa, llama la atención la baja cantidad de asistencia si comparamos la asistencia a la marcha con respecto a otros eventos. Asusta avistar que el rechazo a Trump convoca a tantas personas a reunirse en la Ciudad de México como la homofobia y el club de fútbol América en su peor racha futbolística en años (en un partido… wait for it… contra el Puebla). Otros eventos bastante menos trascendentes que el rechazo al presidente de Estados Unidos lo logran mucho mejor.

Evento Manifestantes Por cada manifestante contra Trump…
Marcha contra matrimonio gay (2016), datos gubernamentales 20,000 1
Partido América-Puebla (feb-2017) 20,645 1
Partido (final) América-Tigres (dic-2016) 100,000 5
Concierto de Justin Bieber en el Zócalo (2012) 210,000 11
Concierto de Alejandro Fernández en el Zócalo (2016) 300,000 15

Sin embargo, ¿qué tan sorpresiva es esta falta de respuesta en la capital? Sin haber yo estado en una posibilidad real de asistir o no a la manifestación, al escuchar la convocatoria hubo un pensamiento que tuve reiterado: todos los que convocaban hablaban de la unión. La excandidata panista a la jefatura de gobierno de esta ciudad, Isabel Miranda de Wallace, convocó a la marcha “Mexicanos Unidos”. El sitio en internet de los organizadores de otra marcha para el mismo día (mucho más exitosa), el colectivo de organizaciones de la sociedad civil “Vibra México” (vibramexico.com.mx), señala: “Es momento de que los ciudadanos sumemos esfuerzos y unamos voces”. El rector de la UNAM, Enrique Graue, convocaba a mostrar que los mexicanos estamos unidos. Cuando yo escuché esta declaración, mi rector me sonó al orador más priista de los priistas y, debo reconocer, le perdí mucho interés al proyecto.

El mantra no era defender a nuestros connacionales, no era exigir respeto (aunque estuviera mencionado como tema secundario en la narrativa de las manifestaciones), sino estar unidos. Para cualquiera con memoria ya no histórica, sino de unos años a la fecha, el lenguaje de la unidad es el del presidente Peña y el de su partido, el PRI. El 10 de febrero Peña celebraba la unidad de las marchas que se iban a realizar. Con motivo del centenario de la constitución, habló de unidad. En su mensaje de año nuevo, adornando el incremento del precio a los combustibles, nos deseó unidad. En la toma de protesta del presidente del PRI, a mediados de 2016, se habló de unidad. Cuando Beltrones presidía al PRI celebraba la unidad. César Camacho en 2015 valoró que los triunfos del PRI que presidía eran por la unidad. Cuando Moreira presidió al PRI que llevó a la presidencia a Peña Nieto, defendía la unidad de su partido. Sorprende que actores de la sociedad civil que más critican a quienes usan este lenguaje, sean justo quienes lo recuperen. No lo voy a esconder: genera desconfianza.

Ahora bien, ¿una manifestación, que ni siquiera es hecha por sus electores, parará las medidas de Donald Trump? Evidentemente no. En esa escala, con 20 mil, 100 mil o 300 mil personas, el efecto es casi intrascendente. ¿Pero en la escala nacional, podría tener efecto el salir a la calle a repetir el mantra priista aun si no es para apoyar a Peña Nieto? Probablemente sí. En México estamos acostumbrados a que el esfuerzo de uno puede ser aprovechado a su favor por los políticos, a que nuestros gobernantes difícilmente nos escuchan aunque haya marchas, que nuestra participación política no influye en gran medida (quitando las elecciones) en los resultados. Desde este punto de partida, me llama la atención la postura ingenua o dolida de los analistas políticos que participan en Vibra México. Más cuando ellos están en primera fila para saber qué tipo de palabras corresponden a qué actor político y, por lo tanto, cómo ciertas acciones parecen promover a ciertos personajes. La similitud es obvia, el error es grosero. El lenguaje debió haber sido otro. El esfuerzo se valora, el grado de civilidad que hubo sí que se aprecia, pero el lenguaje debió ser muy distinto. Expresarse como Peña Nieto, está probado, hoy no sirve ni para con Trump ni para apelar a los mexicanos.

Yo no quiero un México unido. Quiero un México diverso, que asuma sus diferencias, y exija su respeto tanto en su interior como alrededor del mundo. Es lo que yo propongo.


Museo de las preguntas

¿Y ahora qué?

¿Qué celebrar el 5 de febrero? El artículo 4o constitucional en los últimos 50 años.

El pasado 5 de febrero, México (bueno, creo que más bien la élite política de México y parte de los sectores intelectuales) celebró el centenario de la constitución de 1917. De acuerdo con Salvador Felipe Arias Ruelas, esta constitución, basada en la promulgada en 1857, “fue incluso la primera [del mundo] en incluir derechos sociales”. Sin embargo, aun cuando la “consagración de derechos sociales” tenía por objetivo “dar cobertura en el texto de la Carta Magna a los derechos de grupos sociales tradicionalmente marginados”, no dio en realidad cabida a los intereses de todos los grupos marginados (por ejemplo, mujeres y niños quedaron fuera de la redacción de 1917, con excepción del 123 constitucional en materia laboral) ni a una diversidad de actividades e intereses que se vendrían desarrollando con el paso del tiempo, como el medio ambiente.

Visto desde ese punto de vista, la constitución original lo mismo podría ser celebrada como censurada. Pero aun cuando existen muchas voces que se quejen de la cantidad de reformas que ha sufrido nuestra carta magna (en los primeros cien años tuvo 229), cabe decir que si estas reformas no han dado lugar todavía a un país ideal, sí han permitido que los ideales necesarios para un mejor convivio sean considerados desde la más alta de las leyes. Llama la atención el caso del artículo 4o constitucional. Escribo 4o y no 4° porque así es como aparece en nuestra ley superior.

El 4o constitucional, originalmente decía:

Art. 4o.- A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos. El ejercicio de esta libertad sólo podrá vedarse por determinación judicial, cuando se ataquen los derechos de tercero o por resolución gubernativa, dictada en los términos que marque la ley, cuando se ofendan los derechos de la sociedad. Nadie puede ser privado del producto de su trabajo, sino por resolución judicial.

La ley deerminará (sic) en cada Estado cuáles son las profesiones que necesitan título para su ejercicio, las condiciones que deban llenarse para obtenerlo, y las autoridades que han de expedirlo.

La versión original de la constitución la puedes consultar haciendo click aquí.

Sin embargo, a partir de 1974 el contenido del 4o original se trasladó al 5o, y el 4o comenzó a poblarse de temáticas y poblaciones que fueron marginados en su redacción original. Es así que, históricamente (aunque no todos los temas permanezcan en ese artículo), el 4o ha dado lugar a los siguientes grupos y temas:

  • Mujeres (en igualdad con hombres frente a la ley),
  • Niñas y niños,
  • Salud,
  • Vivienda,
  • Indígenas,
  • Medio ambiente,
  • Cultura,
  • Cultura física,
  • Alimentación,
  • Agua, e
  • Identidad.

Para acceder a todas las reformas por artículo, haz click aquí. Cronológicamente, se pueden ver los temas y reformas incorporados al artículo 4o en la siguiente imagen.

Artículo 4o.png

Fuente: elaboración propia con base en diputados.gob.mx.

Si miramos esa evolución, llena de temas no considerados en la redacción del 17 (o limitados en aquella a los trabajadores, como en el caso de la salud y la vivienda), podemos darnos cuenta que el valor principal de nuestra constitución no está en que cumpla cien años, mucho menos en su técnica legislativa (tan cuestionada desde su aparición hasta reformas tan enfocadas al detalle, como la educativa, que no tendrían por qué aparecer con tal minucia en el texto constitucional). Más bien, su importancia radica en que es testimonio e instrumento de la transformación social.

Cualquiera podrá decir que la equidad de género no se ha alcanzado (véase la entrada en este blog ¿Equidad? ¿De cuándo a acá?), que muchas viviendas son de pobre calidad, que existe todavía pobreza alimentaria. Todo eso es cierto. Pero también que la presencia de esos derechos en la constitución permiten la existencia de instrumentos para enfrentar esos problemas.

Y sin embargo, hay varias deudas en lo que tiene que ver con la constitución. Cuando un funcionario público de alto nivel asume su cargo, se compromete a cumplir y hacer cumplir la constitución, a reserva de que la nación se lo demande. Y muchos tienen deuda. Pero para demandar su cumplimiento debemos conocerla, y ahí radica un segundo pendiente, esta vez por parte de la ciudadanía. Otros más, a mi parecer, serían la urgente inclusión en la constitución de que México es un país con compromiso global para la paz y el medio ambiente, eliminar el invento de que la “Nación Mexicana es única” (hoy día, más que nunca, somos un país donde coexisten muchísimas naciones) o reformar el artículo 73 para que el Congreso de la Unión pueda legislar en materia de gestión metropolitana. Y quizá, también, buscar a través de la constitución que toda falta a la ley se sancione. Por otra parte, hoy día, hay diversos instrumentos normativos que no tienen clara su sanción. No respetar la constitución, por ejemplo, no ha hecho dejar su cargo a casi ningún servidor público, por más que la nación le diga misa. Y ese, quizá, es el pendiente más grave, y la oportunidad más grande para nosotros como ciudadanía y electorado.


Museo de las preguntas

¿Por qué cuando una mujer intentó hablar durante los debates del constituyente de 1917, los diputados la callaron? ¿Qué hubiera querido decir? ¿Quién era esa mujer? (Click aquí para leer el diario de los debates de aquella asamblea). ¿No pone en entredicho a Peña Nieto su propuesta de tener unidad nacional en torno a los valores de la constitución, cuando es debatible que él siempre los haya seguido? ¿Qué perdimos y qué ganamos cuando el propio PRI combatió la propuesta de Peña Nieto en materia de matrimonio igualitario, que hubiera dado lugar a una reforma constitucional al 4o constitucional para volverlo aun más un artículo abierto e incluyente?