Tú pídele al universo 55 mil millones ;)

En México está muy arraigado el lugar común, la autoindulgencia, de que la corrupción se la debemos a la conquista española. Que si hubiéramos sido colonia inglesa, muchas cosas no nos estarían pasando. Nada más cerca de la realidad. Si hacemos una revisión histórica sobre lo que la gente buscaba para sí mismo por fuera de los mecanismos legales, nos daremos cuenta de que poco o nada tiene que ver con lo que se busca hoy día.

En su libro Los seres que surcan el cielo nocturno: brujas y demonios coloniales, la investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro, Lourdes Somohano, relata el tipo de favores que los novohispanos solicitaban cuando creían haber entablado un pacto con el diablo. El registro corresponde a los archivos inquisitoriales.

“… querían que éste [el Diablo] les ayudara con guardar el ganado rápido, porque era mucho, hasta dos mil reses, y ello implicaba mucho tiempo y esfuerzo. En uno de los casos, los testigos aseguraban que cuando el estanciero, quien se suponía tenía pacto con el Diablo, tocaba la trompeta todas las reses obedecían, se formaban, salían y juntas caminaban rumbo a México para ser vendidas”.

Aparte de facilitar las labores ganaderas, los otros motivos (pero que se daban en menor proporción) incluían conseguir mujeres, huir de la cárcel y los obrajes (talleres donde los prisioneros purgaban su pena con trabajo forzado), ver lo que otros hacían sin ser vistos, ser valientes, tener dinero, dejar los naipes, sanar de una enfermedad, incapacitar sexualmente a un amante con el que, en caso contrario, habría la peticionaria de ser desposada, etc. Es decir, fuera uno de los temas, nada que ver con la corrupción moderna.

Si uno entra hoy día a las páginas de Facebook de San Judas Tadeo o la Virgen de Guadalupe las peticiones más frecuentes (sí, así pasa, la gente le pide cosas a sus santos por Facebook; incluso la página de la Basílica de Guadalupe tiene un formulario para enviarle peticiones vía internet) tienen que ver con salud, trabajo y dinero. Pero hay quien lo lleva más allá.

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Fuente de la imagen: proceso.com.mx

El día de ayer la revista Proceso publicó en su sitio en internet que se había descubierto una bodega con artículos de Javier Duarte y de su esposa Karime Macías. Al referirme a artículos de la pareja, me refiero sillas de ruedas, apoyos escolares, vajillas y otros objetos propiedad del gobierno de Veracruz, pero apropiados por el exgobernante hoy prófugo. Hay retratos de Karime y de Javier, una silla de montar personalizada para el político priista y varios artefactos más. Pero lo que llama la atención es una libreta Mont Blanc (ya desde ahí… ¡al menos no usó una para niños de primaria en Veracruz!) donde, además de tener anotada una lista de propiedades y presuntos colaboradores, la señora Macías escribía: “sí merezco abundancia, sí merezco abundancia”.

Partiendo de que los desvíos de Javier Duarte suman 55 mil millones de pesos (alrededor de 2.8 mil millones de dólares), y pensáramos que la abundancia personal de la señora se redujera a… ¿les gusta 140 millones de dólares a lo largo de seis años?; es decir, ¿23 millones de dólares anuales?, ni los mismos diablos del infierno podrían darnos algo así a todos. Si pensáramos que si todos viviéramos con el dispendio de los estadounidenses necesitaríamos 3.9 planetas para satisfacerlo, teniendo el estadounidense 56 mil dólares anuales, significaría (con cálculos bastante rápidos, paralelismos un poco caprichosos, pero útiles para darnos una idea) que si todos mereciéramos la abundancia que merece una Karime Macías que se apropiara de tan sólo el 5% de lo que desvía con su marido, necesitaríamos 1625 planetas como la Tierra para producir esa cantidad de riqueza.

Si esa avaricia no viene de Nueva España y ni del peor de los infiernos, habría que asumir que viene de nuestro contexto social actual en que todo mundo quiere participar de la desigualdad y estar del lado de la abundancia. Deberíamos dejar de ver al pasado y hacia fuera para vernos a nosotros mismos en el presente. De otro modo, poco hay que esperar ya del futuro. Seguiremos caminando hacia uno de los peores escenarios posibles donde se junten desigualdad, impunidad y corrupción.


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¿Cuánto cuesta la impunidad? ¿Cuántos centavos hay que invertir para que no le quiten a uno un peso que se ha robado? ¿Funcionará el sistema nacional contra la corrupción? ¿Qué porcentaje de gobernadores no desvía recursos? ¿Qué porcentaje de mexicanos considera/consideramos la corrupción como algo normalizado?

¿Por qué no un México “unido” contra Trump?

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Fuente de la imagen: SDP Noticias.

El pasado domingo, diversas ciudades mexicanas fueron escenario de diversas manifestaciones de protesta contra Trump. Yo, habiendo asistido a la Conferencia Regional de las Américas de la red de colegio UWC, de la cual soy voluntario, tuve oportunidad de entrar en contacto con la manifestación sólo al día siguiente a través de los medios de comunicación colombianos. Mientras desayunaba el lunes en el hotel, CNN transmitía imágenes de la manifestación que, para mis amigos de otros países que asistieron al mismo evento que yo, resultaban inspiradoras y emocionantes: los mexicanos, finalmente, habían dado el paso para protestar contra Donald Trump. Sin embargo, al escuchar las cifras (como mexicano que conoce uno que otro dato sobre la ciudad donde vive), todo entusiasmo se venía para abajo. Alrededor de uno de cada mil marchó. Pero al leer la prensa escrita, las cantidades se hacían cada vez peores. Si tomamos en cuenta las cifras reportadas por Excélsior y la población de cada una de las ciudades constituidas en zonas metropolitanas para 2010, la proporción sería la siguiente:

Zona metropolitana Población Manifestantes Porcentaje de población que se manifestó Uno de cada…
Guadalajara 4,434,878 13,000 0.293% 341
Valle de México (Ciudad de México y alrededores) 20,116,842 20,000 0.099% 1,006
Pachuca 512,196 200 0.039% 2,561
Mérida 973,046 150 0.015% 6,487
Puebla-Tlaxcala 2,728,790 400 0.015% 6,822
Aguascalientes 932,369 100 0.011% 9,324
Colima-Villa de Álvarez 334,240 20 0.006% 16,712
León 1,609,504 50 0.003% 32,190
Tampico 859,419 10 0.001% 85,942

De todas las ciudades, sólo Guadalajara parece estar hablando en serio. Aun cuando la ciudad de México es una políticamente activa, llama la atención la baja cantidad de asistencia si comparamos la asistencia a la marcha con respecto a otros eventos. Asusta avistar que el rechazo a Trump convoca a tantas personas a reunirse en la Ciudad de México como la homofobia y el club de fútbol América en su peor racha futbolística en años (en un partido… wait for it… contra el Puebla). Otros eventos bastante menos trascendentes que el rechazo al presidente de Estados Unidos lo logran mucho mejor.

Evento Manifestantes Por cada manifestante contra Trump…
Marcha contra matrimonio gay (2016), datos gubernamentales 20,000 1
Partido América-Puebla (feb-2017) 20,645 1
Partido (final) América-Tigres (dic-2016) 100,000 5
Concierto de Justin Bieber en el Zócalo (2012) 210,000 11
Concierto de Alejandro Fernández en el Zócalo (2016) 300,000 15

Sin embargo, ¿qué tan sorpresiva es esta falta de respuesta en la capital? Sin haber yo estado en una posibilidad real de asistir o no a la manifestación, al escuchar la convocatoria hubo un pensamiento que tuve reiterado: todos los que convocaban hablaban de la unión. La excandidata panista a la jefatura de gobierno de esta ciudad, Isabel Miranda de Wallace, convocó a la marcha “Mexicanos Unidos”. El sitio en internet de los organizadores de otra marcha para el mismo día (mucho más exitosa), el colectivo de organizaciones de la sociedad civil “Vibra México” (vibramexico.com.mx), señala: “Es momento de que los ciudadanos sumemos esfuerzos y unamos voces”. El rector de la UNAM, Enrique Graue, convocaba a mostrar que los mexicanos estamos unidos. Cuando yo escuché esta declaración, mi rector me sonó al orador más priista de los priistas y, debo reconocer, le perdí mucho interés al proyecto.

El mantra no era defender a nuestros connacionales, no era exigir respeto (aunque estuviera mencionado como tema secundario en la narrativa de las manifestaciones), sino estar unidos. Para cualquiera con memoria ya no histórica, sino de unos años a la fecha, el lenguaje de la unidad es el del presidente Peña y el de su partido, el PRI. El 10 de febrero Peña celebraba la unidad de las marchas que se iban a realizar. Con motivo del centenario de la constitución, habló de unidad. En su mensaje de año nuevo, adornando el incremento del precio a los combustibles, nos deseó unidad. En la toma de protesta del presidente del PRI, a mediados de 2016, se habló de unidad. Cuando Beltrones presidía al PRI celebraba la unidad. César Camacho en 2015 valoró que los triunfos del PRI que presidía eran por la unidad. Cuando Moreira presidió al PRI que llevó a la presidencia a Peña Nieto, defendía la unidad de su partido. Sorprende que actores de la sociedad civil que más critican a quienes usan este lenguaje, sean justo quienes lo recuperen. No lo voy a esconder: genera desconfianza.

Ahora bien, ¿una manifestación, que ni siquiera es hecha por sus electores, parará las medidas de Donald Trump? Evidentemente no. En esa escala, con 20 mil, 100 mil o 300 mil personas, el efecto es casi intrascendente. ¿Pero en la escala nacional, podría tener efecto el salir a la calle a repetir el mantra priista aun si no es para apoyar a Peña Nieto? Probablemente sí. En México estamos acostumbrados a que el esfuerzo de uno puede ser aprovechado a su favor por los políticos, a que nuestros gobernantes difícilmente nos escuchan aunque haya marchas, que nuestra participación política no influye en gran medida (quitando las elecciones) en los resultados. Desde este punto de partida, me llama la atención la postura ingenua o dolida de los analistas políticos que participan en Vibra México. Más cuando ellos están en primera fila para saber qué tipo de palabras corresponden a qué actor político y, por lo tanto, cómo ciertas acciones parecen promover a ciertos personajes. La similitud es obvia, el error es grosero. El lenguaje debió haber sido otro. El esfuerzo se valora, el grado de civilidad que hubo sí que se aprecia, pero el lenguaje debió ser muy distinto. Expresarse como Peña Nieto, está probado, hoy no sirve ni para con Trump ni para apelar a los mexicanos.

Yo no quiero un México unido. Quiero un México diverso, que asuma sus diferencias, y exija su respeto tanto en su interior como alrededor del mundo. Es lo que yo propongo.


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¿Y ahora qué?

¿Qué celebrar el 5 de febrero? El artículo 4o constitucional en los últimos 50 años.

El pasado 5 de febrero, México (bueno, creo que más bien la élite política de México y parte de los sectores intelectuales) celebró el centenario de la constitución de 1917. De acuerdo con Salvador Felipe Arias Ruelas, esta constitución, basada en la promulgada en 1857, “fue incluso la primera [del mundo] en incluir derechos sociales”. Sin embargo, aun cuando la “consagración de derechos sociales” tenía por objetivo “dar cobertura en el texto de la Carta Magna a los derechos de grupos sociales tradicionalmente marginados”, no dio en realidad cabida a los intereses de todos los grupos marginados (por ejemplo, mujeres y niños quedaron fuera de la redacción de 1917, con excepción del 123 constitucional en materia laboral) ni a una diversidad de actividades e intereses que se vendrían desarrollando con el paso del tiempo, como el medio ambiente.

Visto desde ese punto de vista, la constitución original lo mismo podría ser celebrada como censurada. Pero aun cuando existen muchas voces que se quejen de la cantidad de reformas que ha sufrido nuestra carta magna (en los primeros cien años tuvo 229), cabe decir que si estas reformas no han dado lugar todavía a un país ideal, sí han permitido que los ideales necesarios para un mejor convivio sean considerados desde la más alta de las leyes. Llama la atención el caso del artículo 4o constitucional. Escribo 4o y no 4° porque así es como aparece en nuestra ley superior.

El 4o constitucional, originalmente decía:

Art. 4o.- A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos. El ejercicio de esta libertad sólo podrá vedarse por determinación judicial, cuando se ataquen los derechos de tercero o por resolución gubernativa, dictada en los términos que marque la ley, cuando se ofendan los derechos de la sociedad. Nadie puede ser privado del producto de su trabajo, sino por resolución judicial.

La ley deerminará (sic) en cada Estado cuáles son las profesiones que necesitan título para su ejercicio, las condiciones que deban llenarse para obtenerlo, y las autoridades que han de expedirlo.

La versión original de la constitución la puedes consultar haciendo click aquí.

Sin embargo, a partir de 1974 el contenido del 4o original se trasladó al 5o, y el 4o comenzó a poblarse de temáticas y poblaciones que fueron marginados en su redacción original. Es así que, históricamente (aunque no todos los temas permanezcan en ese artículo), el 4o ha dado lugar a los siguientes grupos y temas:

  • Mujeres (en igualdad con hombres frente a la ley),
  • Niñas y niños,
  • Salud,
  • Vivienda,
  • Indígenas,
  • Medio ambiente,
  • Cultura,
  • Cultura física,
  • Alimentación,
  • Agua, e
  • Identidad.

Para acceder a todas las reformas por artículo, haz click aquí. Cronológicamente, se pueden ver los temas y reformas incorporados al artículo 4o en la siguiente imagen.

Artículo 4o.png

Fuente: elaboración propia con base en diputados.gob.mx.

Si miramos esa evolución, llena de temas no considerados en la redacción del 17 (o limitados en aquella a los trabajadores, como en el caso de la salud y la vivienda), podemos darnos cuenta que el valor principal de nuestra constitución no está en que cumpla cien años, mucho menos en su técnica legislativa (tan cuestionada desde su aparición hasta reformas tan enfocadas al detalle, como la educativa, que no tendrían por qué aparecer con tal minucia en el texto constitucional). Más bien, su importancia radica en que es testimonio e instrumento de la transformación social.

Cualquiera podrá decir que la equidad de género no se ha alcanzado (véase la entrada en este blog ¿Equidad? ¿De cuándo a acá?), que muchas viviendas son de pobre calidad, que existe todavía pobreza alimentaria. Todo eso es cierto. Pero también que la presencia de esos derechos en la constitución permiten la existencia de instrumentos para enfrentar esos problemas.

Y sin embargo, hay varias deudas en lo que tiene que ver con la constitución. Cuando un funcionario público de alto nivel asume su cargo, se compromete a cumplir y hacer cumplir la constitución, a reserva de que la nación se lo demande. Y muchos tienen deuda. Pero para demandar su cumplimiento debemos conocerla, y ahí radica un segundo pendiente, esta vez por parte de la ciudadanía. Otros más, a mi parecer, serían la urgente inclusión en la constitución de que México es un país con compromiso global para la paz y el medio ambiente, eliminar el invento de que la “Nación Mexicana es única” (hoy día, más que nunca, somos un país donde coexisten muchísimas naciones) o reformar el artículo 73 para que el Congreso de la Unión pueda legislar en materia de gestión metropolitana. Y quizá, también, buscar a través de la constitución que toda falta a la ley se sancione. Por otra parte, hoy día, hay diversos instrumentos normativos que no tienen clara su sanción. No respetar la constitución, por ejemplo, no ha hecho dejar su cargo a casi ningún servidor público, por más que la nación le diga misa. Y ese, quizá, es el pendiente más grave, y la oportunidad más grande para nosotros como ciudadanía y electorado.


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¿Por qué cuando una mujer intentó hablar durante los debates del constituyente de 1917, los diputados la callaron? ¿Qué hubiera querido decir? ¿Quién era esa mujer? (Click aquí para leer el diario de los debates de aquella asamblea). ¿No pone en entredicho a Peña Nieto su propuesta de tener unidad nacional en torno a los valores de la constitución, cuando es debatible que él siempre los haya seguido? ¿Qué perdimos y qué ganamos cuando el propio PRI combatió la propuesta de Peña Nieto en materia de matrimonio igualitario, que hubiera dado lugar a una reforma constitucional al 4o constitucional para volverlo aun más un artículo abierto e incluyente?

Top 10: ¡las diez mejores cosas de Trump para México!

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Hay quienes deciden ver el vaso medio lleno o medio vacío. Cuando hablamos de Donald Trump, yo veo el vaso roto. Dígamoslo claro: el señor es un nuevo rico cuando de capital político se trata, y se comporta burdamente como tal. Tras una semana en la Casa Blanca, el nuevo magnate del poder firmó una orden ejecutiva para ampliar el muro fronterizo con México, amenazó con modificar las reglas del comercio con México y Canadá e impidió el acceso a su país a millones de personas con la única causal de tener una nacionalidad que no eligieron. Pero aun si no alcanzamos a mirar el vaso medio lleno ni medio vacío, los cristales rotos se pueden reciclar. Me impuse entonces elaborar la lista de las diez mejores cosas que Trump puede ofrecerle a México y al mundo. La política presidencial estadounidense nos puede costar tanto que hay que aprovechar hasta lo mínimo. Aquí la lista:

  1. Ha logrado, como nadie antes en el mundo, posicionar al inmigrante (tanto al económico como al de guerra) como alguien que merece protección. Justo el hecho de que él no la ofrezca y viole sus derechos movilizó a cientos de abogados voluntarios en los Estados Unidos para atender los casos de viajeros vetados por su nacionalidad para entrar al país (y que iban siendo detenidos a su llegada).
  2. Puede posicionar a países estables como México, China e Irán en el liderazgo de los Estados que no simpatizan con Trump. Dependiendo, desde luego, de las medidas y actitudes que tomen estos países.
  3. Brinda todos los argumentos necesarios para recelar de los nacionalismos. Es sin embargo preocupante que tanto ciudadanos como analistas políticos expresen que el nacionalismo de Trump es la oportunidad de revivir el nacionalismo mexicano. Hacer eso, es decir, competir país contra país en la misma liga, es enfrentarnos a un gigante. Más bien, debemos darnos cuenta que el nacionalismo de Trump tiene todos los ingredientes para que su país se aísle y entre en espirales de menor influencia política internacional, menor comercio e incremento de precios que los países que no se hundan en el nacionalismo (sino que miren hacia fuera) podrán aprovechar para hacerse influyentes y competitivos.
  4. El manejo dado por la administración de Peña Nieto a la relación con Trump ha golpeado severamente al presidente mexicano. Esto se traduce en un posibilidad mucho menor de que su partido (no diría el PRI de Ruiz Cortines o de López Mateos, sino el “nuevo PRI” de Peña, Javier Duarte y Roberto Borge) repita en la presidencia de México. Esperemos que el naufragio del proyecto político de Peña abra más expectativas a los buenos cuadros del PRI que no habían tenido espacio hasta ahora.
  5. Nos convencerá de que votar por estrellas de la televisión es una mala decisión. Si el mundo no aprendió con Berlusconi, Jimmy Morales o Hugo Chávez (al que siendo presidente le daba por cantar en la radio venezolana, vio salir un disco en vida y otro póstumo), esperemos que a partir de ahora se cree un arquetipo negativo que disuada de votar por políticos tan improvisados, o más fijados en el rating que en la coherencia de su gobierno, como han sido ellos.
  6. Nos anima a reflexionar sobre nuestro propio racismo y a enterarnos de las políticas xenófobas que ha tenido México a lo largo de la historia. Por ejemplo, durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, la Secretaría de Relaciones prohibió la inmigración de ciertas nacionalidades para “evitar la mezcla de razas que se ha llegado a probar científicamente producen una degeneración en los descendientes”. El libro Yaquis. Historia de una guerra popular y de un genocidio en México y el documental Los nuestros: Yaquis, expresan con mucha claridad la política genocida de Porfirio Díaz contra grupos indígenas para apropiarse de sus recursos naturales y lucrar con el presupuesto de guerra.
  7. Subraya en los mexicanos que la palabra “violador” es ofensiva, y que la violencia sexual no es algo que deba enorgullecer a nadie.
  8. Estimula y moviliza a los movimientos feministas alrededor del mundo.
  9. Podría estimular el arte, cuyas mejores expresiones suelen darse en tiempos de crisis. El muro podría convertirse en espacio para el arte o como metáfora recurrente de las y los artistas latinoamericanos. Cabe mencionar el Mural de la Hermandad, pintado sobre el muro fronterizo entre México y Estados Unidos ya existente en los alrededores de San Diego y Tijuana, en diciembre pasado, con la participación de guatemaltecos, mexicanos, venezolanos y estadounidenses.
  10. Su triunfo pone en entredicho la seguridad de los mecanismos electorales, lo que puede aportar a la maduración y protección de otras democracias.

La situación de México, desde luego, no es menos que complicada. Pero al mal tiempo, buena cara. Con cada cosa que twittea, dice y firma, Donald Trump nos da pa… nos da para reír (y ese sería el punto once). Disfruten:


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¿Cuántas personas que tienen en alta estima a Díaz o a Calles saben sobre sus políticas racistas? ¿Por qué nuestros héroes son guerreros, y no diplomáticos como Isidro Fabela, Gilberto Bosques o Alfonso García Robles, que se enfrentaron a temas de presunta superioridad racial y superioridad tecnológica y contribuyeron a la paz entre naciones? ¿Cómo fluctuará la popularidad de Trump en Estados Unidos en 2017? ¿Emprenderá Trump la censura mediática? ¿Por qué hay tantos mexicanos abogando por el nacionalismo, en lugar de marcar distancia de las ideologías y metas de gobierno de Trump?

 

El paraíso de los vinos del Caribe: ¿dónde está San Escobar? Cosas que aparencen en Google Maps

La cartografía tradicionalmente ha sido una disciplina que genera mapas y cartas donde se describe la localización de los recursos de interés para cierto usuario. Desde las cartas de navegación que indicaban los puertos para el comercio, hasta los mapas turísticos. Todos ellos contienen datos “útiles”.  Frecuentemente se habla de una cartografía hegemónica; es decir: las representaciones en mapas que tenemos de nuestro mundo responden a los intereses de quienes tienen más poder en él. ¿Es esto cierto? ¿Hacemos mapas siempre utilitarios, y siempre también para los poderosos?

El pasado 10 de enero el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia, Witold Waszczykowski, regresaba a casa de una reunión en Nueva York donde había cabildeado un asiento para Polonia en el Consejo de Seguridad de la ONU. Hasta ahí la cosa iba bien (aunque el resultado final de la amplia campaña del gobierno polaco lo conoceremos hasta que los países de las Naciones Unidas sesionen en junio). Sin embargo, el ministro cometió el error de mencionar que se había reunido con representantes de países del Caribe, como Belice y… San Escobar.

San Escobar no existe. O no existía. El ministro polaco no pudo haberse reunido con nadie de San Escobar (se refería a Saint Kitts and Nevis). Y, sin embargo, los internautas polacos (haciendo mofa de su ministro) lograron que comenzara a existir. Surgieron fotos, bandera, playera llevada por su ministro, un lema nacional (¡Gloria a la Nación!), y alrededor de veinte cuentas de Twitter vinculadas claramente con el país de San Escobar (de su gobierno, de embajadas europeas en la nación caribeña, de fútbol, una universidad, medios de comunicación, etc.). De súbito se volvió hasta un país productor de vino en el Caribe según una de esas cuentas ¡¿?! .

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Fuente: @rpdsanescobar

Pero más interesante aún, apareció el país en Google Maps. Si en esa aplicación uno escribe San Escobar, aparecerá la opción que dice “San Escobar, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, Nicaragua”. La Región Autónoma de la Costa Caribe Norte sí existe en Nicaragua, pero no parece haber ninguna localidad llamada San Escobar. Si uno busca todo ese texto en Google, se indicará en el panel del lado derecho que San Escobar es una “tienda de licores del Estado”. Ahora bien, si emprendemos la búsqueda con los términos entrecomillados de “San Escobar” y “tienda de licores” no aparecerá ningún resultado. Esto incita a pensar que San Escobar fue colocado por algún internauta en la aplicación cartográfica a raíz del incidente del ministro polaco. ¿Será porque el internauta es nicaragüense y le pareció una idea divertida? ¿Será porque es colombiano y considera que Nicaragua se apropia de islas que no le corresponden, como el caso del archipiélago de San Andrés? No lo sabemos.

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Fuente: Google Maps.

Lo que sí sabemos es que no es la primera vez que diversos usuarios intervienen en Google Maps para asignar (o cambiar el nombre) a elementos de su cartografía para plasmar sus sentimientos o ideas. Tan sólo para el caso de la ciudad de México, en meses pasados, la llamada casa blanca, a la que se iban a mudar Angélica Rivera y Peña Nieto y que fue escándalo de presunta corrupción, fue nombrada como “Museo de la Corrupción”. La residencia oficial de Los Pinos fue rebautizada como “Residencia Oficial de la Corrupción”. La ciudad de México, por su parte, recibió el nombre de “Lago de Texcoco” (el marcador todavía se encuentra colocado al sur del centro histórico, entre las estaciones de San Antonio Abad y Pino Suárez.

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Fuente: record.com.mx

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Fuente: yucatan.com.mx

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Fuente: Google Maps

Todas estas expresiones nos hablan de que las cartografías en nuestra época, especialmente las que se construyen de manera colectiva, no sólo dan información que nutre a los actores hegemónicos de nuestra sociedad, sino que los cuestiona. Y no sólo refiere lo que hay en el mundo, sino a lo que nosotros mismo percibimos del mundo, y dónde encontramos los símbolos (como la residencia del presidente que vinculamos a la corrupción) o memorias (como la localización histórica del lago de Texcoco) de aquello que para nosotros es relevante. El hecho de que en el espacio no son reales (por ejemplo, un museo mexicano a la corrupción) no quiere decir que no hablen de algo verdadero. Y aun si no se habla de algo verdadero, como en el caso de San Escobar, al menos la mofa de los polacos sí se refiere a algo significativo. De cualquier modo, no nos burlemos ya de los polacos: su ministro de relaciones exteriores viene a darnos tema para reír. El nuestro viene a aprender. Y eso sí que no da risa.


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¿Cuánto tardarán en ponerle a la Secretaría de Relaciones Exteriores algo así como Universidad ICEL? ¿Compartieron ustedes al Luis Videgaray de la abundancia (meme) para que nunca les falte trabajo? ¿Logrará Polonia el asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas? ¿Por qué en un mes (aunque lo reporté) Google Maps no ha cambiado la leyenda del Lago de Texcoco? ¿Hay intencionalidad de parte de personal de Google en no corregir la denominación de ciertos lugares?

La ciencia de la panza chelera

Hagamos un ejercicio. Pensemos que fuéramos aliens y nos mandaran a investigar las costumbres de los humanos. Nos parecerían muy contradictorios. Algo que siempre me ha llamado la atención es que parece que no podemos platicar si no es con un café o alcohol. El café lo entiendo: estimula a esos humanos que nos mandaron a espiar, chance hasta los despierta si la plática del otro es aburrida. ¿Pero el alcohol? A partir de cierta cantidad no ayuda a hablar, sino a que se les trabe la lengua, a decir algunas tonterías o imprudencias que salpican la conversación y, si se trata de cerveza, esos humanos se tienen que levantar constantemente a orinar, por lo que interrumpen la conversación. Lo mismo el alcohol en las celebraciones: tomar un montón para pasársela bien unas horas, pasársela mal el día siguiente y ni siquiera acordarse de cómo se la habían pasado bien. Desde luego eso depende de la cantidad de alcohol, y el estado de ánimo, el de salud y una serie variada de factores. Pero, para el punto, aun si no lo pensamos mucho, hay ciertas prácticas sociales en las que lo que bebemos parece trabajar contra nuestros propósitos.

Curiosamente, el propósito de año nuevo más recurrente (al menos entre los estadounidenses) es bajar de peso o comer mejor. Sin embargo, además de lo que comemos, ¿tenemos en cuenta lo que bebemos? Aun con la información disponible sobre los daños del refresco a la salud, el 90% de los mexicanos acostumbra beberlos de una vez a la semana a varias veces al día, y entre el 7.5% y el 12% del ingreso familiar se va en bebidas azucaradas (mientras que el porcentaje que se va en salud ronda el 2.5%). Pero una zona que está poco publicitada (aunque ya se haya trabajado desde la ciencia, es la del alcohol.

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Fuente de la imagen: medicinapreventiva.info.

De acuerdo con un estudio neurocientífico de la Universidad de Indiana, realizado en ratones, demostró la influencia del alcohol en el hambre, al menos en esa especie. Existen unas neuronas alojadas en el hipotálamo denominadas AgRP. Éstas desempeñan un papel en el hambre, ya que se activan cuando nuestro cuerpo necesita calorías y nos dan las señales para comenzar a buscar alimento. De acuerdo con el estudio, el exceso de alcohol las activa, induciendo a los ratones a comer aunque no lo necesiten. En el segundo día de borrachera inducido a los ratones, el hambre se volvió más voraz. Si el mecanismo fuera idéntico para los humanos (que es justo lo que los investigadores estiman, aunque faltan mayores estudios para comprobarlo) dejaría en claro que el segundo día de fiesta (ése en el que uno “se cura” la resaca con más alcohol y no puede ya no hacer ejercicio para bajar la ingesta del día anterior, sino ni siquiera enfrentar la luz de sol que hay en el parque) seria el peor momento en la acumulación de energía en nuestro cuerpo que no necesitamos.

Pero, además, las bebidas alcohólicas son ricas en calorías. De acuerdo con tuscalorias.com, un bolillo grande (pieza de pan blanco) contiene 160 kilocalorías, a razón de 277 kilocalorías por cada 100 gramos de bolillo. En general, cuando alguien se propone adelgazar, éste es una de los primeros productos que corta en su consumo. Si tomamos la tabla de consumer.es sobre las calorías de las distintas bebidas alcohólicas (basada en la fundación CESNID de la Universidad de Barcelona), tendríamos la siguiente tabla:

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Elaboración propia con base en las fuentes mencionadas. En amarillo, cuando el consumo es igual o sobrepasa un bolillo grande; en anaranjado, cuando es igual o sobrepasa dos; en rojo, cuando es igual o sobrepasa cuatro bolillos.

Es decir, cuando bebemos anís, tequila o whisky prácticamente es como comer bolillo con migajón completo. Y bebernos cinco botellitas de cerveza oscura, es como engullirnos casi siete panes. Lo anterior en términos de calorías, que, ¡ojo!, hay bebidas alcohólicas nutritivas, por lo que en cada decisión también cuenta eso en el balance. Pero independientemente de las propiedades benéficas que puedan tener, su exceso tiene otros impactos comunes además de lo que se ha comentado anteriormente.

Diversos estudios validan que la llamada panza chelera o barriga cervecera no deviene de consumir cerveza (lo dice desde el University College of London hasta, ¡vaya coincidencia!, Heineken, basada en estudios de la Universidad de Barcelona). El problema es hacerlo en exceso. De acuerdo con el divulgador científico Greg Foot, ingerir cualquier tipo de alcohol da trabajo extra al hígado, el cual prioriza eliminar las toxinas del alcohol. Por lo tanto, deja pasar otras cosas como las grasas de la carne asada o las papas fritas que solemos tener como botana, acumulándose en el cuerpo. Si a esto añadimos lo comentado anteriormente, de que las neuronas relacionadas con el hambre se activan con el exceso de alcohol, beber no sólo cerveza, sino cualquier bebida alcohólica en cantidades mayores a lo que nuestro organismo puede procesar cómodamente, tendrá las siguientes consecuencias:

  1. Tendremos más hambre aunque no necesitemos comer.
  2. Nuestro hígado no se detendrá a depurar el alimento que le demos, sino que se enfocará al alcohol que le hayamos mandado.
  3. Sustancias como las grasas se acumularán en nuestro organismo. Y
  4. Si nos excedimos en alcohol, nos desvelamos o llevamos una vida sedentaria, al día siguiente no haremos nada para eliminar ni las sustancias de los alimentos que comimos ni el contenido calórico de lo que hayamos bebido la noche anterior.

Curiosamente, entre los diez propósitos de año nuevo más recurrentes, no está el cambiar nuestros hábitos de ingesta de alcohol, y aunque aparece el de comer no siempre lo pensamos de la mano con beber más saludable. Está el de hacer cosas más emocionantes (6.3%), pasar más tiempo con familiares y amigos (6.2%) y conocer al amor de tu vida (4.3%), actividades que frecuentemente implican alcohol, a veces borracheras, y por lo tanto posibles daños que nos impidan disfrutar más y mejor de la vida, y (en una sociedad que prioriza la imagen del cuerpo) hasta encontrar pareja. Nuevamente, y como todo, el alcohol no es el problema, sino el consumo que hacemos de él.

Hay personas que se sienten más confiadas con alcohol. Otros, con el cuerpo (saludable, conservado, esbelto, ya dirá cada quien) que queremos. ¿Qué te hace sentir mejor contigo mismo?


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¿Por qué los humanos, a diferencia de otros animales, seremos tan contradictorios? ¿Cuántos bolillos estaría dispuesto a comerme en un almuerzo, y cuántos (en su equivalencia) conviviendo en una reunión? ¿Sí será el pulque una de las bebidas alcohólicas más nutritivas? (Espero, jaja, porque me gusta, y las botanas de las pulquerías… nopales, romeros, guacamoles, ni se diga). ¿De veras se gastan los hogares mexicanos cuatro veces más en refrescos que en salud? ¡¿Por qué?!

¿Y qué hacer ante el gasolinazo?

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Fuente de la imagen: descubriendoamrgreen.wordpress.com

Hace unos días mi amigo Omar Ortega (quien fue secretario técnico de la Comisión de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial de la Cámara de Diputados justo antes que yo) publicó en su columna Pulso Legislativo un texto titulado ¿Qué hacer ante el gasolinazo? Platicando después con él, compartíamos la conclusión de que, para reducir nuestra dependencia del petróleo, no sólo era importante consumir productos locales, sino que los insumos de ese producto también lo sean. Pensemos en cinco escenarios:

  1. Las materias primas provienen de un lugar A, el producto se elabora en un lugar B y se consume en un lugar C. Por ejemplo, los automóviles que ocupan piezas fabricadas en distintas partes del mundo, se producen en México y se venden en países diferentes. En este caso, el consumo de energía por el viaje de las piezas es enorme, conllevando un costo.
  2. Las materias primas vienen de A, el producto se elabora en B y se consume de nuevo en A. Por ejemplo, cuando el petróleo se extrae en México, se refina en Estados Unidos y se consume en México. Si miramos la situación, la falta de condiciones para realizar la transformación en nuestro país hace que los costos por transporte se incrementen.
  3. Las materias primas provienen de A, el producto se elabora en B y se consume en B. Un caso serían las tortillas producidas con maíz importado. Hay un costo económico y energético por el desplazamiento de materia prima, pero es menor que en los dos casos anteriores porque una vez que el producto se fabrica ya no tiene que volver a viajar.
  4. Las materias primas vienen de A, el producto se elabora en A y se consume en B. Los vinos importados son un buen ejemplo. Al igual que en el caso anterior, sólo se realiza un viaje; pero dado que el peso y volumen de un producto terminado suele ser menor que el de la suma de materias primas que requiere para su elaboración, puede incluso reducir la demanda de combustible para su transporte.
  5. Las materias tienen origen en A, el producto se elabora en A y se consume en A. El mezcal o el pulque, que provienen de cultivos y procesos de transformación locales, y que son comercializados para el mercado local, funcionan para ejemplificarlo. En este caso, el gasto energético y económico por transporte son mínimos, lo que hace esos procesos más sostenibles.

De todas las anteriores, sólo una, la última, podríamos decir que es amigable con el medio ambiente, pues es la que consume la menor cantidad de energía de fuentes como la gasolina. En otros países, donde por cierto el precio de la gasolina se ha liberado al mercado, se emplean etiquetas con la huella de carbono de cada producto, lo que ayuda al consumidor a decidir para elegir un bien que no vuelva a los combustibles fósiles bienes más escasos, y a la larga caros. Además, consumir productos agrícolas de origen local podría contribuir a resguardar nuestra biodiversidad.

Tanto la movilidad de las mercancías como la de las personas también impactan. De acuerdo con la CEPAL, México es uno de los países con mayor consumo energético en el sector de transporte en América Latina y el Caribe. De hecho, de 2005 a 2009, fue el de consumo más elevado, destinando casi el 30% de su energía a este rubro en su año crítico. Tan sólo de 1990 a 2010, la energía destinada por México al transporte incrementó en 175%. Si este ritmo continúa (es decir, en un incremento del 5.19% anual), para 2017 o 2018, habremos pasado a cuatruplicar la cantidad de energía que usábamos para transportarnos a nosotros y nuestras mercancías en 1990.

No voy a caer en falacias de que es una maravilla el aumento al precio de la gasolina porque así dejamos de subsidiar a los ricos que usan el automóvil (tan es cierto que se les deja de subsidiar a ellos, como que los pobres también comen, que la agricultura necesita gasolina y que el cambio en el nivel de vida de alguien que ya no puede comprar el kilo de tortillas es mucho más dramático que el de aquel que cambiará su camioneta Hummer por un automóvil más modesto para ahorrar en gasolina). Pero lo que sí es cierto es que si bien la gasolina puede llegar a subir 20% su precio al consumidor en un año, nosotros podemos reducir nuestra dependencia de ella. Resulta tan ridículo que nos indignemos porque la gasolina sube de precio si no nos indigna al mismo tiempo que nosotros mismos hayamos incrementando el parque vehicular a un ritmo de un cuarto de millón de unidades por año tan sólo en la Ciudad de México, y logrado también que las ciudades mexicanas expandan su superficie en siete veces en 30 años mientras que su población lo ha hecho sólo en dos, aumentando las distancias a recorrer y el consumo de energía. Si conoces cómo gastas energía (por ejemplo, a través de una calculadora de huella de carbono especializada en transporte) podrás reducirla. Revertir el precio de la gasolina no depende de uno, pero hacer buen uso de ella sí, y adoptar hábitos mejores también.

Hoy habrá una gran marcha en la ciudad de México. Hoy habrá también un mensaje del presidente. Nuestras autoridades no van a entender su parte. Demos nosotros el buen ejemplo. Está bien: protestemos. Pero la mejor manera de protestar, a la larga, no será tomar gasolineras, sino dejar de necesitarlas.


Museo de las preguntas

¿Qué hace falta para que Peña renuncie? En serio, ya no entiendo. ¿Cuántos consejeros del presidente se necesitan para cambiar un foco? ¿La población en general tiene alguna percepción de que la demanda sobre un producto, y su escasez, hacen que su precio a consumidor se incremente? ¿Cuántas personas pasarán a la pobreza extrema a causa del ajuste en el precio de la gasolina? ¿Los programas gubernamentales en agricultura, ganadería y pesca establecerán, por fin, líneas de financiamiento para pequeños productores, o los dejarán a ser absorbidos por un Monsanto cualquiera? ¿Qué impacto tendría eso en la biodiversidad?