¿Cuál es la justicia posible?

De pronto me pregunto si leer noticias no se ha convertido en un reallity show donde cualquiera con dos dedos de frente (más otro que se equilibre en la cacha y un tercero en el gatillo) puede, por su propio arrojo, puede llegar a cierto tipo de estrellato.

 

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Iglesia bautista de Southerland Springs,  Texas.

El pasado domingo 5 de noviembre, en un momento en que paseaba en bicicleta con un maravilloso matrimonio texano (a quienes les platicaba del libro sobre la vida de indigentes Gente del abismo de Jack London, y quienes me explicaron sobre el papel de Lyndon B. Johnson en la igualdad racial en los Estados Unidos), otra persona en Texas, con peores intenciones y la tercera parte de años de vida, saltaba a la fama por el único mérito (nada fácil de conseguir, me imagino, o al menos muchos no podríamos ni querríamos imitarlo, pero eso no lo vuelve honroso) de 26 personas, en un tiroteo que, si bien llega a las dos cifras, se vuelve más mortífero incluso por su dimensión: de todos los habitantes de Southerland Springs, uno de cada 20 murió ahí. El asesino falleció posteriormente (lo que deja, finalmente, un saldo de al menos 27 difuntos).

 

Horas después, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, postulado por el partido que gobierna Texas, declaró: “está claro que nos encontramos ante un problema de salud mental de alto nivel. Tenemos muchos problemas de salud mental en nuestro país  pero no es una situación imputable a las armas”. Sin embargo, en un ataque previo, realizado por un uzbeco en Nueva York, tres años mayor al joven blanco de Texas, menos de la mitad de letal y donde, encima de todo, el atacante sobrevivió (ahora mismo puede considerarse un fracaso haciendo tanto esfuerzo en nombre del DAESH, cuando el otro personaje logró el triple y sin tener siquiera una razón política de fondo); Donald Trump no consideró llevar ayuda humanitaria en forma de psiquiatras y pastillas a Irak y Siria. En vez de ello, prometió arremeter “10 veces más fuerte” que lo que lo ha venido haciendo.

El asunto es simple de ver. En primer lugar, es evidente que erradicar las muertes no se logra sólo prohibiendo el artefacto con que se provocan; curiosamente nadie ha pedido que se prohiba el uso de automóviles (aunque estaría feliz de apoyar esa idea basado en otras razones). Necesariamente hay que regular las armas como método de ejercicio de poder. Pero cuando las armas de fuego y las de cuatro ruedas son la única forma en que un joven de veintitantos años logra influir, o al menos figurar, en la esfera pública, hay muchos otros mecanismos de poder que tenemos que regular mejor: la economía que los excluye, la política que los excluye, cuestionar el papel de los medios de comunicación. Y, en segundo lugar, es lamentable que a tantos años de la presidencia de Johnson (ese señor texano, del que me contaba mi amigo ciclista, que abolió la diferencia jurídica entre razas), otro presidente siga discriminando con base en raza y Geografía. A unos, chochos; a otros, drones, hambre, ruinas, la sensación de que arrollar cristianos (literalmente) es lo que único que queda.

Después de pasear con estos amigos texanos, y despedirnos sin que ellos aún supieran de lo que había ocurrido en Southerland Springs, visité el Centro Cultural Tlatelolco. Hay una exposición de Marcelo Brodsky: “1968: el fuego de las ideas”. Brodsky, refiriéndose a las movilizaciones sociales, hace una observación clave: hay que preguntarnos qué justicia es posible. Con el atacante de Texas muerto y el de Nueva York incapaz de devolverle la vida a nadie, parece que la única justicia verdadera es evitar a cualquier otro un sentimiento tan triste e indecible como el de perder a las personas que amas. Llevar más guerra, por lo tanto, sería un error, como también querer acabar con el dolor de las balas en suelo norteamericano bebiendo un vaso de agua, palabras, calmantes y aspirinas.


Museo de las preguntas

¿Se habrá alguna vez diagnosticado Donald Trump (digo, así con todo respeto, pero con mucha curiosidad) sobre su estado de salud mental? ¿Son los atentados para él parte del reallity show en que se desarrolla su carrera política? ¿Votarán otra vez por él?

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Tú pídele al universo 55 mil millones ;)

En México está muy arraigado el lugar común, la autoindulgencia, de que la corrupción se la debemos a la conquista española. Que si hubiéramos sido colonia inglesa, muchas cosas no nos estarían pasando. Nada más cerca de la realidad. Si hacemos una revisión histórica sobre lo que la gente buscaba para sí mismo por fuera de los mecanismos legales, nos daremos cuenta de que poco o nada tiene que ver con lo que se busca hoy día.

En su libro Los seres que surcan el cielo nocturno: brujas y demonios coloniales, la investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro, Lourdes Somohano, relata el tipo de favores que los novohispanos solicitaban cuando creían haber entablado un pacto con el diablo. El registro corresponde a los archivos inquisitoriales.

“… querían que éste [el Diablo] les ayudara con guardar el ganado rápido, porque era mucho, hasta dos mil reses, y ello implicaba mucho tiempo y esfuerzo. En uno de los casos, los testigos aseguraban que cuando el estanciero, quien se suponía tenía pacto con el Diablo, tocaba la trompeta todas las reses obedecían, se formaban, salían y juntas caminaban rumbo a México para ser vendidas”.

Aparte de facilitar las labores ganaderas, los otros motivos (pero que se daban en menor proporción) incluían conseguir mujeres, huir de la cárcel y los obrajes (talleres donde los prisioneros purgaban su pena con trabajo forzado), ver lo que otros hacían sin ser vistos, ser valientes, tener dinero, dejar los naipes, sanar de una enfermedad, incapacitar sexualmente a un amante con el que, en caso contrario, habría la peticionaria de ser desposada, etc. Es decir, fuera uno de los temas, nada que ver con la corrupción moderna.

Si uno entra hoy día a las páginas de Facebook de San Judas Tadeo o la Virgen de Guadalupe las peticiones más frecuentes (sí, así pasa, la gente le pide cosas a sus santos por Facebook; incluso la página de la Basílica de Guadalupe tiene un formulario para enviarle peticiones vía internet) tienen que ver con salud, trabajo y dinero. Pero hay quien lo lleva más allá.

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Fuente de la imagen: proceso.com.mx

El día de ayer la revista Proceso publicó en su sitio en internet que se había descubierto una bodega con artículos de Javier Duarte y de su esposa Karime Macías. Al referirme a artículos de la pareja, me refiero sillas de ruedas, apoyos escolares, vajillas y otros objetos propiedad del gobierno de Veracruz, pero apropiados por el exgobernante hoy prófugo. Hay retratos de Karime y de Javier, una silla de montar personalizada para el político priista y varios artefactos más. Pero lo que llama la atención es una libreta Mont Blanc (ya desde ahí… ¡al menos no usó una para niños de primaria en Veracruz!) donde, además de tener anotada una lista de propiedades y presuntos colaboradores, la señora Macías escribía: “sí merezco abundancia, sí merezco abundancia”.

Partiendo de que los desvíos de Javier Duarte suman 55 mil millones de pesos (alrededor de 2.8 mil millones de dólares), y pensáramos que la abundancia personal de la señora se redujera a… ¿les gusta 140 millones de dólares a lo largo de seis años?; es decir, ¿23 millones de dólares anuales?, ni los mismos diablos del infierno podrían darnos algo así a todos. Si pensáramos que si todos viviéramos con el dispendio de los estadounidenses necesitaríamos 3.9 planetas para satisfacerlo, teniendo el estadounidense 56 mil dólares anuales, significaría (con cálculos bastante rápidos, paralelismos un poco caprichosos, pero útiles para darnos una idea) que si todos mereciéramos la abundancia que merece una Karime Macías que se apropiara de tan sólo el 5% de lo que desvía con su marido, necesitaríamos 1625 planetas como la Tierra para producir esa cantidad de riqueza.

Si esa avaricia no viene de Nueva España y ni del peor de los infiernos, habría que asumir que viene de nuestro contexto social actual en que todo mundo quiere participar de la desigualdad y estar del lado de la abundancia. Deberíamos dejar de ver al pasado y hacia fuera para vernos a nosotros mismos en el presente. De otro modo, poco hay que esperar ya del futuro. Seguiremos caminando hacia uno de los peores escenarios posibles donde se junten desigualdad, impunidad y corrupción.


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¿Cuánto cuesta la impunidad? ¿Cuántos centavos hay que invertir para que no le quiten a uno un peso que se ha robado? ¿Funcionará el sistema nacional contra la corrupción? ¿Qué porcentaje de gobernadores no desvía recursos? ¿Qué porcentaje de mexicanos considera/consideramos la corrupción como algo normalizado?

¿Qué celebrar el 5 de febrero? El artículo 4o constitucional en los últimos 50 años.

El pasado 5 de febrero, México (bueno, creo que más bien la élite política de México y parte de los sectores intelectuales) celebró el centenario de la constitución de 1917. De acuerdo con Salvador Felipe Arias Ruelas, esta constitución, basada en la promulgada en 1857, “fue incluso la primera [del mundo] en incluir derechos sociales”. Sin embargo, aun cuando la “consagración de derechos sociales” tenía por objetivo “dar cobertura en el texto de la Carta Magna a los derechos de grupos sociales tradicionalmente marginados”, no dio en realidad cabida a los intereses de todos los grupos marginados (por ejemplo, mujeres y niños quedaron fuera de la redacción de 1917, con excepción del 123 constitucional en materia laboral) ni a una diversidad de actividades e intereses que se vendrían desarrollando con el paso del tiempo, como el medio ambiente.

Visto desde ese punto de vista, la constitución original lo mismo podría ser celebrada como censurada. Pero aun cuando existen muchas voces que se quejen de la cantidad de reformas que ha sufrido nuestra carta magna (en los primeros cien años tuvo 229), cabe decir que si estas reformas no han dado lugar todavía a un país ideal, sí han permitido que los ideales necesarios para un mejor convivio sean considerados desde la más alta de las leyes. Llama la atención el caso del artículo 4o constitucional. Escribo 4o y no 4° porque así es como aparece en nuestra ley superior.

El 4o constitucional, originalmente decía:

Art. 4o.- A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos. El ejercicio de esta libertad sólo podrá vedarse por determinación judicial, cuando se ataquen los derechos de tercero o por resolución gubernativa, dictada en los términos que marque la ley, cuando se ofendan los derechos de la sociedad. Nadie puede ser privado del producto de su trabajo, sino por resolución judicial.

La ley deerminará (sic) en cada Estado cuáles son las profesiones que necesitan título para su ejercicio, las condiciones que deban llenarse para obtenerlo, y las autoridades que han de expedirlo.

La versión original de la constitución la puedes consultar haciendo click aquí.

Sin embargo, a partir de 1974 el contenido del 4o original se trasladó al 5o, y el 4o comenzó a poblarse de temáticas y poblaciones que fueron marginados en su redacción original. Es así que, históricamente (aunque no todos los temas permanezcan en ese artículo), el 4o ha dado lugar a los siguientes grupos y temas:

  • Mujeres (en igualdad con hombres frente a la ley),
  • Niñas y niños,
  • Salud,
  • Vivienda,
  • Indígenas,
  • Medio ambiente,
  • Cultura,
  • Cultura física,
  • Alimentación,
  • Agua, e
  • Identidad.

Para acceder a todas las reformas por artículo, haz click aquí. Cronológicamente, se pueden ver los temas y reformas incorporados al artículo 4o en la siguiente imagen.

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Fuente: elaboración propia con base en diputados.gob.mx.

Si miramos esa evolución, llena de temas no considerados en la redacción del 17 (o limitados en aquella a los trabajadores, como en el caso de la salud y la vivienda), podemos darnos cuenta que el valor principal de nuestra constitución no está en que cumpla cien años, mucho menos en su técnica legislativa (tan cuestionada desde su aparición hasta reformas tan enfocadas al detalle, como la educativa, que no tendrían por qué aparecer con tal minucia en el texto constitucional). Más bien, su importancia radica en que es testimonio e instrumento de la transformación social.

Cualquiera podrá decir que la equidad de género no se ha alcanzado (véase la entrada en este blog ¿Equidad? ¿De cuándo a acá?), que muchas viviendas son de pobre calidad, que existe todavía pobreza alimentaria. Todo eso es cierto. Pero también que la presencia de esos derechos en la constitución permiten la existencia de instrumentos para enfrentar esos problemas.

Y sin embargo, hay varias deudas en lo que tiene que ver con la constitución. Cuando un funcionario público de alto nivel asume su cargo, se compromete a cumplir y hacer cumplir la constitución, a reserva de que la nación se lo demande. Y muchos tienen deuda. Pero para demandar su cumplimiento debemos conocerla, y ahí radica un segundo pendiente, esta vez por parte de la ciudadanía. Otros más, a mi parecer, serían la urgente inclusión en la constitución de que México es un país con compromiso global para la paz y el medio ambiente, eliminar el invento de que la “Nación Mexicana es única” (hoy día, más que nunca, somos un país donde coexisten muchísimas naciones) o reformar el artículo 73 para que el Congreso de la Unión pueda legislar en materia de gestión metropolitana. Y quizá, también, buscar a través de la constitución que toda falta a la ley se sancione. Por otra parte, hoy día, hay diversos instrumentos normativos que no tienen clara su sanción. No respetar la constitución, por ejemplo, no ha hecho dejar su cargo a casi ningún servidor público, por más que la nación le diga misa. Y ese, quizá, es el pendiente más grave, y la oportunidad más grande para nosotros como ciudadanía y electorado.


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¿Por qué cuando una mujer intentó hablar durante los debates del constituyente de 1917, los diputados la callaron? ¿Qué hubiera querido decir? ¿Quién era esa mujer? (Click aquí para leer el diario de los debates de aquella asamblea). ¿No pone en entredicho a Peña Nieto su propuesta de tener unidad nacional en torno a los valores de la constitución, cuando es debatible que él siempre los haya seguido? ¿Qué perdimos y qué ganamos cuando el propio PRI combatió la propuesta de Peña Nieto en materia de matrimonio igualitario, que hubiera dado lugar a una reforma constitucional al 4o constitucional para volverlo aun más un artículo abierto e incluyente?

El paraíso de los vinos del Caribe: ¿dónde está San Escobar? Cosas que aparencen en Google Maps

La cartografía tradicionalmente ha sido una disciplina que genera mapas y cartas donde se describe la localización de los recursos de interés para cierto usuario. Desde las cartas de navegación que indicaban los puertos para el comercio, hasta los mapas turísticos. Todos ellos contienen datos “útiles”.  Frecuentemente se habla de una cartografía hegemónica; es decir: las representaciones en mapas que tenemos de nuestro mundo responden a los intereses de quienes tienen más poder en él. ¿Es esto cierto? ¿Hacemos mapas siempre utilitarios, y siempre también para los poderosos?

El pasado 10 de enero el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia, Witold Waszczykowski, regresaba a casa de una reunión en Nueva York donde había cabildeado un asiento para Polonia en el Consejo de Seguridad de la ONU. Hasta ahí la cosa iba bien (aunque el resultado final de la amplia campaña del gobierno polaco lo conoceremos hasta que los países de las Naciones Unidas sesionen en junio). Sin embargo, el ministro cometió el error de mencionar que se había reunido con representantes de países del Caribe, como Belice y… San Escobar.

San Escobar no existe. O no existía. El ministro polaco no pudo haberse reunido con nadie de San Escobar (se refería a Saint Kitts and Nevis). Y, sin embargo, los internautas polacos (haciendo mofa de su ministro) lograron que comenzara a existir. Surgieron fotos, bandera, playera llevada por su ministro, un lema nacional (¡Gloria a la Nación!), y alrededor de veinte cuentas de Twitter vinculadas claramente con el país de San Escobar (de su gobierno, de embajadas europeas en la nación caribeña, de fútbol, una universidad, medios de comunicación, etc.). De súbito se volvió hasta un país productor de vino en el Caribe según una de esas cuentas ¡¿?! .

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Fuente: @rpdsanescobar

Pero más interesante aún, apareció el país en Google Maps. Si en esa aplicación uno escribe San Escobar, aparecerá la opción que dice “San Escobar, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, Nicaragua”. La Región Autónoma de la Costa Caribe Norte sí existe en Nicaragua, pero no parece haber ninguna localidad llamada San Escobar. Si uno busca todo ese texto en Google, se indicará en el panel del lado derecho que San Escobar es una “tienda de licores del Estado”. Ahora bien, si emprendemos la búsqueda con los términos entrecomillados de “San Escobar” y “tienda de licores” no aparecerá ningún resultado. Esto incita a pensar que San Escobar fue colocado por algún internauta en la aplicación cartográfica a raíz del incidente del ministro polaco. ¿Será porque el internauta es nicaragüense y le pareció una idea divertida? ¿Será porque es colombiano y considera que Nicaragua se apropia de islas que no le corresponden, como el caso del archipiélago de San Andrés? No lo sabemos.

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Fuente: Google Maps.

Lo que sí sabemos es que no es la primera vez que diversos usuarios intervienen en Google Maps para asignar (o cambiar el nombre) a elementos de su cartografía para plasmar sus sentimientos o ideas. Tan sólo para el caso de la ciudad de México, en meses pasados, la llamada casa blanca, a la que se iban a mudar Angélica Rivera y Peña Nieto y que fue escándalo de presunta corrupción, fue nombrada como “Museo de la Corrupción”. La residencia oficial de Los Pinos fue rebautizada como “Residencia Oficial de la Corrupción”. La ciudad de México, por su parte, recibió el nombre de “Lago de Texcoco” (el marcador todavía se encuentra colocado al sur del centro histórico, entre las estaciones de San Antonio Abad y Pino Suárez.

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Fuente: record.com.mx

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Fuente: yucatan.com.mx

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Fuente: Google Maps

Todas estas expresiones nos hablan de que las cartografías en nuestra época, especialmente las que se construyen de manera colectiva, no sólo dan información que nutre a los actores hegemónicos de nuestra sociedad, sino que los cuestiona. Y no sólo refiere lo que hay en el mundo, sino a lo que nosotros mismo percibimos del mundo, y dónde encontramos los símbolos (como la residencia del presidente que vinculamos a la corrupción) o memorias (como la localización histórica del lago de Texcoco) de aquello que para nosotros es relevante. El hecho de que en el espacio no son reales (por ejemplo, un museo mexicano a la corrupción) no quiere decir que no hablen de algo verdadero. Y aun si no se habla de algo verdadero, como en el caso de San Escobar, al menos la mofa de los polacos sí se refiere a algo significativo. De cualquier modo, no nos burlemos ya de los polacos: su ministro de relaciones exteriores viene a darnos tema para reír. El nuestro viene a aprender. Y eso sí que no da risa.


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¿Cuánto tardarán en ponerle a la Secretaría de Relaciones Exteriores algo así como Universidad ICEL? ¿Compartieron ustedes al Luis Videgaray de la abundancia (meme) para que nunca les falte trabajo? ¿Logrará Polonia el asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas? ¿Por qué en un mes (aunque lo reporté) Google Maps no ha cambiado la leyenda del Lago de Texcoco? ¿Hay intencionalidad de parte de personal de Google en no corregir la denominación de ciertos lugares?

¿Qué ganan los cristianos?

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El ser humano existe entre elementos naturales y otros creados por sí mismo. Los prejuicios forman parte de esta última categoría. En el momento en que ni si quiera se cuestiona, sino se afirma, que una conducta dada no es “normal”, se olvida que, ante todo, la normalidad ha sido creada.

Existen una serie situaciones que en algún momento fueron normales, y por las que incluso los católicos lucharon para que fueran superadas. Cuando hablamos de que Miguel Hidalgo abolió la esclavitud, debemos tener en cuenta que lo hizo en un momento en que la esclavitud era una práctica bastante difundida a lo largo del mundo y que, incluso, aparece como algo normal dentro de la Biblia. Cuando pensamos en la persecución religiosa, no olvidemos que los cristianos la sufrieron por no ser normales en distintos reinos antiguos (y no tanto) como lo relata el nuevo testamento, pero tampoco dejemos de lado que los cristianos la ejercieron por siglos en sus dominios y que, sin embargo, aquellos holocaustos por motivos religiosos ya han dejado de ser normales. El primer bombardeo de ciudades que tengo referido, resulta haber sido a manos de Yahvé contra Sodoma y Gomorra; pero en lo personal no conozco a un católico que considere normal ni deseable arrojarle a otro ser humano fuego desde el cielo, ya se trate de Hiroshima, Guipúzcoa o zonas de civiles en Afganistán.

Resulta, pues, paradójica, la efervescencia que ha causado ir contra el matrimonio de homosexuales entre grupos católicos. No entraré a la polémica de si la homosexualidad es natural o no (aunque, francamente, habiendo conductas homosexuales en otros animales, no veo por dónde pueda caminar ese argumento; no sé en cambio de una sola especie que se haya entregado a mitos y dioses aparte de la nuestra). El punto es, de todos los “pecados” (acciones contrarias a la normalidad que, según la jerarquía católica, resultan ofensivas a su dios), ¿por qué esa reacción tan furiosa contra el matrimonio y la sexualidad homosexual? No seré tampoco injusto afirmando que ni feligreses ni una que otra autoridad se haya indignado con temas como el abuso infantil, la corrupción o la indiferencia de las autoridades civiles hacia los migrantes. Pero ninguno de aquellos temas ha sacado a un millón de personas a las calles, ni había llevado a sus mismos organizadores a comparar sus movilizaciones con la guerra cristera.

Seamos francos: la cópula (heterosexual u homosexual) suele realizarse en privado (por lo que no veo cómo la castidad a la que llama la iglesia católica a los homosexuales beneficio en algo a nadie), el riesgo de que los niños criados en un matrimonio homosexual sean estigmatizados sólo es cierto porque existen familias que educan a sus hijos para prejuzgar y agredir a otros, y la salida a la calle de estos grupos que dicen estar haciendo uso de su libertad de expresión resulta demandar se le restrinjan a otros sus libertades. Parece que la única consigna razonable, y de la que no son corresponsables (pues es real el peligro del acoso a niños de parejas homosexuales cuando hay un millón de personas en la calle incitando a la intolerancia), es que la etimología de la palabra matrimonio proviene de la palabra madre. Obviamente una pareja homosexual no procrea; pero si su preocupación etimólogica fuera tan notable, ya se les ha hecho tarde para pedir que los heterosexuales que no quieran tener hijos no puedan casarse tampoco.

En algo más se han demorado: la Suprema Corte ya se ha pronunció al respecto del matrimonio igualitario, declarando inconstitucionales los códigos civiles que se opongan a él, y eso fue hace más de un año. El mismo presidente Peña Nieto lo ha dicho. Su propuesta va sólo en el sentido de “incorporar con toda claridad” en el texto de la constitucional lo que ya es asunto juzgado por la Suprema Corte.

Si ya es legal desde hace más de un año el matrimonio igualitario (es decir, tan legal el heterosexual como el homosexual en todo el país), ¿quién gana con estas movilizaciones? Evidentemente no los heterosexuales en su conjunto, tampoco el millón de personas que salen engañadas a la calle pensando que pueden parar un gol que se metió en su portería hace un año. Hay, en cambio, gente desde la iglesia y la prensa que han calificado al movimiento como uno de dimensiones semejantes a la rebelión cristera. Alguien, que prefiere hablar de homosexualidad que de sus propios abusos y corrupción, está estrenando plumas de pavorreal, y quiere verse más grande y más de lo que es.

A estas fechas, y aproximándose elecciones importantes, lo único que está verdaderamente en juego es demostrar, por un lado, la capacidad de movilización de las iglesias cristianas (incluyendo a la católica) en el país, pero también la cohesión del PRI en torno al presidente que mandó la iniciativa al Congreso. Reitero, el matrimonio igualitario es algo permitido desde hace un año en este país, y el hecho de que no pase la iniciativa presidencial no implica que ese avance vaya a perderse. Pero esto no es algo que se les esté planteando a los feligreses. Una vez más (y en eso sí parece la cristiada) la iglesia los está engañando.


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¿En algún momento, cualquiera, Jesús condenó la homosexualidad? ¿Por qué no defiende la iglesia modelos de familia como el de las hijas de Lot que tienen relaciones sexuales, pero sí toma como causa propia la “sodomía” que se refiere en el mismo libro? ¿Quién define la agenda política de la iglesia católica mexicana? ¿Qué otros intereses partidistas, o posibles alianzas, entraron en juego en la iniciativa presidencial o como consecuencia de ésta?

¿De qué nos sirve la Historia?

Por gusto y por interés académico, recientemente he estado trabajando con distintos documentos históricos o sobre Historia. No obstante, son textos sobre cosas que no viví, que le ocurrieron a gente que no conozco (y a la mayoría de los cuales ni siquiera aprecio, como para preocuparme de lo que les haya pasado) y que, al menos en apariencia, ya no pueden cambiar (aunque en realidad siempre cambien dependiendo de quién y cómo las explique). Puesto de esta manera, ¿para qué nos sirve la Historia?

 

La revista digital Anatomía de la Historia realizó esa pregunta a sus autores, encontrando respuestas como las siguientes:

La Historia sirve para conocer cómo obraron nuestros antepasados, tanto si estos actos pueden considerarse benévolos como si no. Precisamente esto constituye uno de los motores que permite a las civilizaciones continuar avanzando en su proceso de evolución como sociedades humanas, es decir, debemos aprender y aprehender sobre las obras infames de nuestros ancestros para no reproducirlas, al tiempo que sobre sus actos beneficiosos ya no sólo para repetirlos, sino incluso para mejorarlos.

David Barreras

Casi dos décadas enseñando Historia y cada año, indefectiblemente, el mismo comentario: «Profe, ¿para qué sirve conocer algo que está muerto?»

Sin embargo, nada más vivo que el pasado (…) . De ahí la utilidad de la Historia: sólo quien comprende, siquiera un poco, la sociedad que le rodea puede formarse opiniones sobre ella y, por ende, sobre la acción de quienes la dirigen; sólo conociendo nuestra historia seremos ciudadanos y ciudadanas conscientes y responsables; sólo conociendo el pasado seremos personas libres.

Luis Enrique Íñigo Fernández

Creo que el hombre alcanzó su estado cuando uno de nuestros ancestros se preguntó un día por su origen, por su pasado, por su historia. Y ese cuestionamiento le llevó inmediatamente a preguntarse hacia dónde se dirigía, a preguntarse por su futuro como humanidad que ya era. (…) Somos hombres porque somos capaces de hacer Historia y hacer Historia sirve, por lo tanto, para hacernos humanidad.

Alma Leonor López

En general, las respuestas tienden a indicar que conocer la Historia nos permite entender el presente y contribuir a un mejor futuro. Sin embargo, a la edad a la que nos someten a nuestras primeras clases de Historia, saber que Estados Unidos le quitó la mitad de su territorio a México, que a su vez se posicionó en territorio que Guatemala consideraba suyo, o nos sirve para saber que estábamos perdidos en siglo XIX pero no tanto, o para pasar un examen, o, en el caso más probable, en que nadie le diga a un estudiante mexicano que hubo una política anexionista contra Guatemala, el único efecto será sentirnos víctimas respecto de los Estados Unidos. Y no veo cómo eso contribuya a mejorar nada.

¿Entonces la Historia sí nos sirve para entender el presente? Olvidemos el párrafo pasado y digamos que sí. No obstante, hay un elemento que se pierde de vista: inevitablemente, el presente lo comprendemos desde la posición donde está uno, desde lo que a uno le interesa, desde la propia cotidianeidad. El pasado, por el contrario, nos lo enseñan casi siempre desde el punto de vista de los emperadores y de los presidentes, en una escala totalmente distinta a aquella en la que vivimos el presente. Esto es como que una ciudad la conozcas caminando por sus calles, otra ciudad te la muestren desde un avión y después de eso te pidan que las compares. No hay cosa más improbable de lograr con éxito que esa. Es cuestión de escalas.

Luego entonces, la solución podría residir en dos estrategias de la misma cepa: o se enseña Historia de la vida cotidiana y se compara con la vida cotidiana del estudiante, o al tiempo que se enseña de Historia a escala mundial y nacional, se le dan al alumno las herramientas para investigar y ser crítico de la realidad actual en las mismas escalas.

Pongo dos ejemplos:

  1. Historia de la vida cotidiana. En Historia mínima de la vida cotidiana en México (2010), Pablo Escalante Gonzalbo narra lo que vivían los pobladores de Tenochtitlan:

Al salir el sol se tocaba con fuerza el enorme parche del tambor del templo de Quetzalcóatl, así comensaba el día para la gente de Tenochtitlan y las demás localidades del Valle de México. Los tambores volvían a oírse a media mañana, a mediodía, a media tarde y al ponerse el sol. Las señales sonoras, emitidas desde el templo Mayor y repetidas en otros templos, marcaban la presencia de la autoridad central en la vida de las ciudades.

Es evidente que los tambores de Tenochtitlan no son el origen, ni por lejos, de que tengamos un reloj integrado en el celular. Pero la función es análoga. Si uno sale a caminar la ciudad, encontrará que en lugar de tambores, en zonas antiguas (siglos XVII al XIX) lo que marca el tiempo son las campanas de las iglesias, que también marcaban de esta manera autoridad al dividir el tiempo (y, en consecuencia, las actividades y la vida) de la población. Ya en el siglo XX encontramos también uno que otro anuncio espectacular, los relojes de las estaciones de metro (que funcionan tan bien como algunos de los gobiernos que los construyeron, pero que se han vuelto una referencia espacial y un lugar de encuentro), y hoy día, por vialidades comerciales como Insurgentes, relojes digitales con publicidad de diversas empresas; computadoras que funcionan con piezas y programas de compañías hegemónicas a nivel mundial; teléfonos celulares que indican a cada paso dónde estamos y nos sugieren lo que podemos consumir. El control del tiempo, la partición del día y la capacidad de proporcionar esa información en una manera conveniente tienden a hablarnos de quién constituye el “poder central” o principal en cada época. (Para quien desee enterarse de otra perspectiva muy interesante, no deje de leer Vigilar y castigar de Michel Foucault).

2. Historia y comprensión del presente en una escala distinta a la vida cotidiana. Durante los últimos años… sí, como desde la desaparición de cuerpos de estudiantes de 1968, la de Rosendo Radilla por “componer corridos” en 1974, y así… el tema de las detenciones ilegales, el miedo a las ejecuciones extrajudiciales y la opacidad de los centros de detención ha estado presente entre los movimientos que se enfrentan al crimen organizado o al gobierno. Julio Scherer, en su libro El indio que mató al padre Pro (2013), trae a cuento una de varias de las detenciones que vivió el pintor David Alfaro Siqueiros:

Preso e incomunicado veía pasar los días en los separos de la Insprección General de Policía. (…) La comida me la ‘servían’ en la parte de abajo del suéter, que yo estiraba para que me sirviera de cacharro y después pudiera tomarla con los dedos.

Mi suéter, que fue blanco, estaba ahora negro y lleno de grasa. A mí mismo me causaba repugnancia. Muchas veces me limpié con él las narices, la boca, las mejillas sangrantes…

En una ocasión, como a las tres y media o cuatro de la madrugada, se abrió repentinamente mi celda, mientras yo me encontraba tiritando sobre la cama de metal, sin el menor abrigo. Apareció en vez de uno de los celadores, uno de los oficiales del Ejército, quien con voz terminante me dijo: “Haga usted el favor de salir” (…), ¿por qué me sacaban de la cárcel a esa hora y precisamente militares y no policías?…

Al salir del edificio de la Inspección nos encaminamos hacia Madero, yo en medio del piquete de soldados y sin saber aún (…) cuál era la acusación que había en mi contra (…) “Quizá me trasladen a la Penitenciaría y lo hacen de noche para que nadie se entere”.

Pero al llegar a San Juan de Letrán, dimos vuelta a la derecha. “¿Qué pretendía aquella gente?”. Seguimos caminando (…) para llegar hasta colocarnos frente a un cabaretucho, que creo que se llamaba “Viva Jalisco”…

Me vi rodeado de oficiales del Ejército y de muchachas de parranda (…) y a la cabeza de esa avalancha venía hacia mí, abriéndose paso, nada menos que el general Jesús Ferreira, compañero mío de la División de Occidente.

No averigüé más en ese instante. Elevado al a categoría de honor, se me agasajó con lo mejor de esa noche (…). Como a las nueve y media de la mañana (…) regresé de nuevo a mi mazmorra de la Inspección de Policía…

… la cosa era sencillamente mexicana (…): encontrándose el general Ferreira en plan de parranda (…) alguien dijo: “Hombre, el pobre Siqueiros está encerrado en la Inspección General de Policía”. Inmediatamente, el general Ferreira, por propia voluntad y ante la aprobación general, se dirigió por teléfono al entonces inspector de Policía (…) diciéndole: “Bajo mi responsabiliad, préstanos a Siqueiros una noche. Mañana te lo devolvemos…”.

No obstante, esta historia sólo puede dejar de ser un anécdota chusco y convertirse en algo explicativo si conocemos, si tenemos alguna idea, de aquello que logra explicar.

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David Alfaro Siqueiros plasmó en sus murales a los productores anónimos de nuestra Historia, a quienes no conocemos a pesar de que podríamos tener más en común con ellos que con sus líderes. De ellos también aprenderíamos, y quizá más. Del porfirismo a la revolución (1966), detalle.

Planteo mi propuesta: la Historia sirve no para entender el presente de nuestra sociedad, sino para comprender nuestra situación (es decir, la de nosotros como grupo o como individuos) al interior de la estructura social a la que pertenecemos. Una Historia que nos explica nuestro presente, lo justifica; una Historia que cuestiona la situación que vive cada uno en el presente, que no es la misma que la que viven ni quienes son más vulnerables ni quienes son más privilegiados que nosotros, demuestra que la desigualdad no es accidental y reivindica que necesitamos cambios. Pero, para ello, no sólo necesitamos conocer de la vida de quienes ya murieron y fueron famosos, sino de quienes murieron sin fama y de quienes seguimos aquí con opciones de vida que muchas veces no se tocan, o al menos no se mezclan. Mi primer libro de texto con temas de Historia lo recibí en tercero de primaria; mi primera clase sobre problemas sociales y políticos de México la tuve hasta el tercer año de preparatoria. Cada año que pasa entre que comenzamos a aprender de nuestro pasado y cuando comprendemos con algo de claridad nuestro presente, es tiempo perdido para imaginar cambios. Muchos, incluso, dejan de estar interesados en la Historia porque, después de todo el tiempo que perdieron obligados a estudiarla de una mala manera, no le encuentran ya sentido. Y es así como terminamos no haciendo Historia, sino, nada más, reproduciéndola.


Museo de las preguntas

¿Cuánto tiempo y recursos económicos (incluyendo aquellos sacrificados por la pérdida de vidas) se desperdician por los malos procesos judiciales o la justicia tomada por propia mano en nuestro país? ¿Qué decían los corridos de Rosendo Radilla? ¿Por qué el Gobierno Federal no indica que los libros de texto de Historia son versiones modificadas a lo que le proponen los historiadores a los que contrata? ¿La Historia (y la capacidad de crear objetos idénticos) es lo que distingue a los humanos de otros animales, o hay más rasgos? ¿Cómo habrá sonado el paso de las horas en Tenochtitlan? ¿Por qué llamarle, en México, Historia Universal a la de Europa?

¿ #SanJudasTadeo ?

En una conversación de fin de semana sobre qué hacía más sentido, si mandarle mensajes a un muerto a través del cristal de tu automóvil (estilo “hasta luego, amigo fulanito”, como suelen hacer los transportistas en México) o a través de las redes sociales, surgió el punto de la religiosidad en Facebook. Y me di la tarea de volver a mi monitoreo de la popularidad virtual de San Judas Tadeo. Me di por lo tanto a la tarea de identificar doce actores sociales que llenan espacios públicos de la capital de México, por el motivo que sea, para comparar su popularidad virtual. La duda principal era, ¿qué tan influyente es San Judas Tadeo en las redes sociales?

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Fotografía de portada de facebook.com/judas.by.jleo11

Los resultados expuestos en la siguiente gráfica son interesantes. En verde, los equipos deportivos (la selección mexicana de fútbol y el Club América, lamentablemente el único club capitalino que en los últimos cinco años ha sacado a sus seguidores a celebrar un título de liga) lideran de forma apabullante la influencia en Facebook. Por lo general, los cantantes de música regional (en colores anaranjados) y las figuras religiosas (en azules) se mantienen por la mitad de la tabla. Y fuera de Enrique Peña Nieto, presidente del país, los demás actores políticos que influyen en que los espacios públicos se llenen (López Obrador en general por manifestaciones a favor, Aurelio Nuño por manifestaciones en contra y la CNTE porque es la que se manifiesta) aparecen en la parte más baja. Los últimos dos, incluso, por debajo del Servicio Sismológico Nacional, que de vez en vez también nos saca a la calle a todos. Cabe aclarar que en el caso de la Virgen de Guadalupe se sumaron los seguidores de dos páginas dedicadas al tema con alrededor de un millón de seguidores cada una. En el caso de San Judas Tadeo sólo se contabilizó la que concentra casi todo el volumen de seguidores, aunque si incorporáramos la segunda (con más de 700,000), el santo escalaría una posición, por encima de Peña Nieto.

Personas que nos sacan a las calles

El detalle aquí es el siguiente: cuando hablamos de redes sociales, frecuentemente se relaciona con el tema del anonimato: ¿quién dice qué? Es previsible, por ejemplo, que Peña Nieto, López Obrador o Juan Gabriel no tecleen de propia mano sus mensajes. Y, sin embargo, existe un responsable final por lo que se diga en ellos. No sabemos quién  elige las imágenes que publican la selección de fútbol o el Servicio Sismológico, pero sí hay instituciones que deben responder por lo que sus trabajadores hagan. ¿Pero qué pasa con San Judas y la Virgen de Guadalupe? En particular me llama la atención el primero, al que se puede seguir a través de facebook.com/judas.by.jleo11.

Por ejemplo, además de todos los mensajes de inspiración divina que “publica” “San Judas”,  últimamente (no lo hacía antes) también opina del físico de mujeres, conversa sobre el blanqueo de la piel, se acuerda de los Power Rangers y difunde historias que incitan a parir a los hijos en la casa. Eso tan sólo en las últimas 18 horas. Si nos vamos más atrás, San Judas “acusa” a personajes de Disney de ser gays y confundir a los niños y recomienda beber “leche de cucaracha”, lo que quiera que eso sea (esperemos funcione mejor que los partos en la casa). ¿Quién, pues, se hace responsable del incremento de probabilidad de muerte infantil por un parto en la casa “promocionado” por San Judas Tadeo? Si en Estados Unidos el riesgo aumenta al doble, imaginemos cómo puede incrementar en una sociedad con menos recursos económicos como la nuestra. ¿Quién, por otra parte, tomará responsabilidad por la promoción de la homofobia o de los estereotipos de género que objetivizan a la mujer ante el espectador masculino?

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La página de facebook da indicios de quién está detrás de ella. De hecho, la dirección de la misma es facebook.com/judas.by.jleo11, lo que sugiere que fue creada por alguien que emplea como pseudónimo jleo11. Hay una cuenta con este sobrenombre en Twitter, de un tal José Rocha con sólo siete tweets que pararon en 2014. No obstante, tan solo en las últimas 24 horas, la página ha tenido 29 publicaciones, lo cual no parece corresponder a una sola persona que no twitea, y menos, por cierto, a San Judas Tadeo. Aunque la gente le agradezca por ahí y le mande bendiciones. Quien ve las notificaciones es un mortal o un equipo de mortales casi tan influyentes en Facebook como el presidente de México, que no sabemos quiénes son. A mi parecer es necesario regular, tanto en las políticas de las redes sociales como en la legislación general de nuestro país, que las identidades de quienes hablan detrás del avatar de una figura religiosa sean públicas, tanto para aplaudirles los mensajes de paz de plasman como para, en su caso, censurar o reclamar, incluso por las vías legales cuando corresponda, las ideas irresponsables que difundan.


Museo de las preguntas

¿Cómo averiguar la identidad de quienes publican en una página de Facebook? ¿Qué porcentaje de quienes le envían gracias por milagros, dicen “Amén San Juditas Tadeo” o comparten los contenidos de la página tienen fe en que el santo recibe, de alguna manera, las notificaciones sobre sus actos de fe? ¿Qué porcentaje, en cambio, participa en estos espacios sólo para sentir que de esta forma construye una imagen de sí mismo? ¿Cuánto cuesta insertar cierto tipo de contenidos en cuentas de redes sociales de carácter religioso, si es que se llega a comerciar con sus espacios? ¿Qué opina la iglesia católica de este fenómeno religioso? ¿Harán un programa sobre esto en Sacro y profano del Canal Once?