¿Visitará el papa Francisco el metro de la ciudad de México?

Si a algo no debemos ser ciegos los capitalinos es a la siguiente imagen.

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Naturalmente, una bienvenida de nuestro gobierno local al pontífice en plena estación de metro Mexicaltzingo, sólo podría significar que Francisco usará el metro. Sería desconfianza de mi parte pensar, en cambio, que el papa no se vaya a transportar bajo tierra, sino que estos anuncios obedecen a que el titular de nuestro gobierno laico quiera congraciarse con su electorado demostrando a cualquier costo que ama (o al menos ama que pensemos que ama) la venida del jerarca católico: si López Obrador ya le entregó al papa a domicilio una medallita celebrando su visita, el jefe de gobierno actual le pondrá letreros (mucho más grandes que cualquier medalla) ahora que llegue para que no los vea él, sino nosotros. Pero también ingrato, desagradablemente ingrato, sería de mi parte sospechar que el papa no usará el metro, sino que nuestro el Gobierno necesita gastar dinero, y darle la bienvenida en un lugar en donde no va a pasar le pareció una opción tan buena, o mejor, que gastarlo en campañas de prevención del VIH, contra la violencia o cualquier otra.

Porque si el papa no entra al metro por la estación Mexicaltzingo, la realidad debería romperle el corazón a cualquier contribuyente. De acuerdo con El Mexicano, la visita papal a Ciudad Juárez representará un desembolso de 20 millones de pesos, siendo esto 36,036 pesos por minuto. Según Reporte Índigo (medio de comunicación, como muchos otros, al que el estado de Michoacán le está pagando por insertar publicidad de la visita del papa) la visita del papa a esa entidad occidental costará 295 millones de pesos no transparentados. Es decir, 491,667 pesos por minuto, casi 14 veces lo de Ciudad Juárez. Al igual que como escribió Bernardo Barranco hace unos días, yo tampoco he logrado encontrar datos del monto a que ascenderá la estancia del pontífice en la capital del país. Pero dejar los ciudadanos hasta el 35% de su ingreso en el ISR para que una parte se vaya en comunicación social tan insípida, tan inútil, como letreros de bienvenida en lugares donde no serán vistos por su destinatario, es algo que a Miguel Ángel Mancera debería jugarle en contra en sus aspiraciones a la presidencia de la república.

No sólo en la capital de México la propaganda relacionada a motivos político-religiosos ha dado de qué hablar. En la que por mucho tiempo fue la capital del mundo, París, la reciente reunión de representantes de países cristianos que integran la coalición en contra de ISIS, o DAESH, culminó con una frase que, por amenazante, debe quedar en la memoria. De acuerdo con El País, el ministro de la Defensa francés Jean-Yves Le Drian habló de erradicar al DAESH en el terreno y en los espíritus. Lo de los espíritus es lo preocupante.

Diversos medios de comunicación y analistas han comentado reiteradamente la capacidad propagandística del DAESH, que emplea internet para la difusión de actos crueles (como decapitaciones) y victorias a costos escalofriantes. Pero al mismo tiempo, ¿no asemejan estos materiales del DAESH, de algún modo, las fotografías que soldados estadounidenses tomaban en la prisión de Abu Ghraib en Iraq a prisioneros torturados y cadáveres?, ¿y no emplean estos nuevos grupos terroristas medios digitales que sirven también a las potencias occidentales para difundir su propia propaganda? Con su estilo propio, estas organizaciones extremistas parecen aprendices de quienes ahora los combaten.

Pero las potencias capitalistas occidentales, expertas en producir propaganda (y a veces en controlar los espíritus de sus propios ciudadanos), se muestran a sí mismas como entidades ideológicamente inocuas cuyos esfuerzos sólo sirven para salvar al mundo. En su comunicación política, donde a veces hay alguna cavilación sobre el uso de la fuerza, no existe en cambio reflexión sobre su arsenal discursivo. Que gobiernos expertos en la autopurificación mediática erradiquen lo que sea de los espíritus de las personas que fueren, no promete democracia sino demagogia. En el momento en que Francia no actuó como Noruega, y en que Donald Trump fue el líder estadounidense que salió a criticar las intervenciones militares a Iraq y Libia (así fue, sí pasó), se volvió evidente que, en el escenario internacional, los seres humanos estamos algo desamparados.

No así, a dios gracias, en la ciudad de México. Al amparo de los carteles de bienvenida al papa, los capitalinos nunca tendremos paraíso en esta tierra (los recursos para construirlo se canalizan a hacer letreros). Pero quizá lo tengamos en el cielo.


Museo de las preguntas

¿Son los políticos, en términos de su propaganda, productos milagro? ¿Qué porcentaje del PIB mundial se destina a recepciones de papas, jefes de Estado y jefes de gobierno? ¿Cómo quedaría un mapa del mundo donde se señalaran con colores el tipo de poder más fuerte en cada país: el Estado, la iglesia, el crimen organizado, la guerrilla, Walmart, la FIFA, Monsanto, la televisión…? ¿Tiene o ha tenido algún efecto en política internacional asumir que existe dios (partiendo de que para cristianos y musulmanes es el mismo) o refutar su existencia? ¿Algún día la iglesia canonizará no sólo personas físicas, sino también personas morales?

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