¿Qué ganan los cristianos?

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El ser humano existe entre elementos naturales y otros creados por sí mismo. Los prejuicios forman parte de esta última categoría. En el momento en que ni si quiera se cuestiona, sino se afirma, que una conducta dada no es “normal”, se olvida que, ante todo, la normalidad ha sido creada.

Existen una serie situaciones que en algún momento fueron normales, y por las que incluso los católicos lucharon para que fueran superadas. Cuando hablamos de que Miguel Hidalgo abolió la esclavitud, debemos tener en cuenta que lo hizo en un momento en que la esclavitud era una práctica bastante difundida a lo largo del mundo y que, incluso, aparece como algo normal dentro de la Biblia. Cuando pensamos en la persecución religiosa, no olvidemos que los cristianos la sufrieron por no ser normales en distintos reinos antiguos (y no tanto) como lo relata el nuevo testamento, pero tampoco dejemos de lado que los cristianos la ejercieron por siglos en sus dominios y que, sin embargo, aquellos holocaustos por motivos religiosos ya han dejado de ser normales. El primer bombardeo de ciudades que tengo referido, resulta haber sido a manos de Yahvé contra Sodoma y Gomorra; pero en lo personal no conozco a un católico que considere normal ni deseable arrojarle a otro ser humano fuego desde el cielo, ya se trate de Hiroshima, Guipúzcoa o zonas de civiles en Afganistán.

Resulta, pues, paradójica, la efervescencia que ha causado ir contra el matrimonio de homosexuales entre grupos católicos. No entraré a la polémica de si la homosexualidad es natural o no (aunque, francamente, habiendo conductas homosexuales en otros animales, no veo por dónde pueda caminar ese argumento; no sé en cambio de una sola especie que se haya entregado a mitos y dioses aparte de la nuestra). El punto es, de todos los “pecados” (acciones contrarias a la normalidad que, según la jerarquía católica, resultan ofensivas a su dios), ¿por qué esa reacción tan furiosa contra el matrimonio y la sexualidad homosexual? No seré tampoco injusto afirmando que ni feligreses ni una que otra autoridad se haya indignado con temas como el abuso infantil, la corrupción o la indiferencia de las autoridades civiles hacia los migrantes. Pero ninguno de aquellos temas ha sacado a un millón de personas a las calles, ni había llevado a sus mismos organizadores a comparar sus movilizaciones con la guerra cristera.

Seamos francos: la cópula (heterosexual u homosexual) suele realizarse en privado (por lo que no veo cómo la castidad a la que llama la iglesia católica a los homosexuales beneficio en algo a nadie), el riesgo de que los niños criados en un matrimonio homosexual sean estigmatizados sólo es cierto porque existen familias que educan a sus hijos para prejuzgar y agredir a otros, y la salida a la calle de estos grupos que dicen estar haciendo uso de su libertad de expresión resulta demandar se le restrinjan a otros sus libertades. Parece que la única consigna razonable, y de la que no son corresponsables (pues es real el peligro del acoso a niños de parejas homosexuales cuando hay un millón de personas en la calle incitando a la intolerancia), es que la etimología de la palabra matrimonio proviene de la palabra madre. Obviamente una pareja homosexual no procrea; pero si su preocupación etimólogica fuera tan notable, ya se les ha hecho tarde para pedir que los heterosexuales que no quieran tener hijos no puedan casarse tampoco.

En algo más se han demorado: la Suprema Corte ya se ha pronunció al respecto del matrimonio igualitario, declarando inconstitucionales los códigos civiles que se opongan a él, y eso fue hace más de un año. El mismo presidente Peña Nieto lo ha dicho. Su propuesta va sólo en el sentido de “incorporar con toda claridad” en el texto de la constitucional lo que ya es asunto juzgado por la Suprema Corte.

Si ya es legal desde hace más de un año el matrimonio igualitario (es decir, tan legal el heterosexual como el homosexual en todo el país), ¿quién gana con estas movilizaciones? Evidentemente no los heterosexuales en su conjunto, tampoco el millón de personas que salen engañadas a la calle pensando que pueden parar un gol que se metió en su portería hace un año. Hay, en cambio, gente desde la iglesia y la prensa que han calificado al movimiento como uno de dimensiones semejantes a la rebelión cristera. Alguien, que prefiere hablar de homosexualidad que de sus propios abusos y corrupción, está estrenando plumas de pavorreal, y quiere verse más grande y más de lo que es.

A estas fechas, y aproximándose elecciones importantes, lo único que está verdaderamente en juego es demostrar, por un lado, la capacidad de movilización de las iglesias cristianas (incluyendo a la católica) en el país, pero también la cohesión del PRI en torno al presidente que mandó la iniciativa al Congreso. Reitero, el matrimonio igualitario es algo permitido desde hace un año en este país, y el hecho de que no pase la iniciativa presidencial no implica que ese avance vaya a perderse. Pero esto no es algo que se les esté planteando a los feligreses. Una vez más (y en eso sí parece la cristiada) la iglesia los está engañando.


Museo de las preguntas

¿En algún momento, cualquiera, Jesús condenó la homosexualidad? ¿Por qué no defiende la iglesia modelos de familia como el de las hijas de Lot que tienen relaciones sexuales, pero sí toma como causa propia la “sodomía” que se refiere en el mismo libro? ¿Quién define la agenda política de la iglesia católica mexicana? ¿Qué otros intereses partidistas, o posibles alianzas, entraron en juego en la iniciativa presidencial o como consecuencia de ésta?

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¿Qué opina dios (el católico) de tu sexualidad?

Seguramente rezas o meditas, y le platicas a dios qué piensas sobre las cosas que te pasan. ¿Pero alguna vez te has preguntado qué piensa dios de lo que tú haces? Afortunadamente un ateo (yo) se dio a la tarea de investigar qué es lo que se supone que dios opinaría sobre tus prácticas sexuales y lo ha convertido en un test.

  1. Cuando te pones de caliente…

a. Te masturbas o coges con alguien, sólo por placer, y se te pasa.

b. Recuerdas que le has dedicado tu virginidad al Reino de los Cielos y se te pasa.

c. Te pones a desear hijos y te pones más caliente.

2. ¿Qué te da asquito que otras personas hagan?

a. Revolcarse heterosexualmente con una persona casada, con la prima o el compadre, y chance tener hasta chamacos.

b. Darse uno sus gustitos (ya sea dándose placer a uno mismo, o entrarle a una relación homosexual) donde no pueda haber embarazo.

c. Ninguna es mala, las leyes y las costumbres hacen que las veamos mal.

3. ¿Los adolescentes tienen derecho a decidir si le escriben o no a la cigüeña?

a. Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos.Lo dice la Constitución.

b. El problema no es que los embarazos adolescentes aumenten la población, sino la repartición de los recursos que hacen que la mayor parte de la humanidad (compuesta en gran parte por jóvenes) sea excluida, y especies (quizá entre ellas la cigüeña) se extingan.

c. ¿Dijiste la cigüeña? ¡Los niños no vienen en cigüeña, son una donación de dios!¿Y dijiste derechos de los adolescentes? ¿Qué hay de los derechos de sus padres de decidir sobre la sexualidad y la paternidad de aquéllos?

4. ¿De dónde vienen el placer?

a. Del debilitamiento de la castidad del hombre.

b. De unas sustancias del cerebro que no controlo y que aparecen en situaciones que conscientemente busco.

c. De tener a quien decir que antes que amanezca el día y las sombras desaparezcan, quede conmigo, y huya después, ligero como la gacela o como la cabra montés por los montes perfumados.

Ahora, por cada una de tus respuestas, suma:

a b c
 Pregunta 1 0 +2 +1
 Pregunta 2 +1 +2 0
 Pregunta 3 0 +1 +2
 Pregunta 4 +2 0 +1

De 6 a 8

Dios piensa que sí le saliste a imagen y semejanza. Tal y como se supone que fueron Jesús, María, muchos jerarcas y muchos santos, tú eres casta o casto y, si es que llegas a sacrificar tu castidad, lo harás sólo para reproducir la obra de dios y tener hijos. Dios está orgulloso de ti, ¡y la iglesia de sí misma por el brillante trabajo que ha logrado contigo!

De 3 a 5

¿Has escuchado alguna vez en misa la parábola del hijo pródigo? Bueno, tú no eres ése, pero igual al descarriado le dieron chance de volver. Ya no uses el Cantar de los cantares para convencer a otr@ de entrarle a tus fechorías. Recuerda la Mystici Corporis Christi: los pecadores como tú todavía pueden ser “excitados por Dios a orar y a arrepentirse de su caída” (¡ya deja de pensar que la palabra excitado sólo puede decirse sexualmente!). Ruega porque el Papa Francisco saque muchas encíclicas y a ti, por decreto, de tu vida de pecado.

De 0 a 2

¡Felicidades! Tú no sólo estás fuera del cuerpo de la iglesia católica, sino prácticamente de la jurisdicción de dios desde el principio de tus días. De acuerdo con los dogmas de la iglesia, “Dios, por un decreto eterno de su voluntad, predestinó a ciertas personas para la eterna condenación por haber previsto sus pecados”. Sí es tu problema, pero chance no es tu culpa. Mantén la cabeza en alto, que si tú no te respetas la iglesia no lo hará.

Concluido el test, te estarás preguntando, ¿de verdad dios, que no le habla al autor de este blog, opina todo eso? Francamente no lo sé. Sin creer en dios es difícil afirmar que algo en lo que no creo además opine. Pero puedo dar una respuesta que va por otro lado: yo no pienso que me hable, pero la iglesia piensa que ella hace lo que dios haría. De acuerdo con los dogmas católicos, “Cristo instituyó la Iglesia”, que en otro dogma resulta que es santa, “para continuar en todos los tiempos su obra salvadora”. Y la iglesia, según los dogmas de la misma, siempre acierta. “El Papa es infalible siempre que habla ex catedra (es decir, desde su autoridad papal), porque goza de “la asistencia divina que le fue prometida a San Pedro”. Pero no sólo el Papa no se equivoca. Si fuera así, muchos documentos de la iglesia estarían (no en términos míos, sino de la misma iglesia católica) probablemente equivocados. Pero eso quedó resuelto a partir de 1839, cuando los mismos jerarcas de la iglesia decretaron que su “Iglesia es infalible cuando define en materia de fe y costumbres”, y que también “el episcopado en pleno es infalible”, no importando si se haya “reunido en concilio universal o disperso por el orbe de la tierra” (este truco es anterior). Ahora bien, ¿qué dice la iglesia?

De acuerdo con el Potificio Consejo para la Familia, en su texto de 1995 Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en familia, existen dos vocaciones sexuales. No estamos hablando de la heterosexualidad y la homosexualidad (de eso comentaremos adelante), sino del matrimonio y la virginidad. Así es, estimada lectora o lector, tú y yo (lo más probable) estamos jodidos (literalmente). El documento insiste en el valor de la castidad, planteando una chulada para incentivarla: “Desde la más tierna edad, los padres pueden observar inicios de una actividad genital instintiva en el niño. No se debe considerar como represivo el hecho de corregir delicadamente estos hábitos que podrían llegar a ser pecaminosos más tarde”. ¿Quiere decir esto que, si fuimos hechos por dios, a) no nos hizo bien, sino instintivamente inclinados a pecar y molestarlo, b) que, en la imagen y semejanza que se supone le guardamos, dios presenta o presentó también actitudes sexuales “que podrían llegar a ser pecaminosas”, o c) que dios nos creó con características contrarias a nuestro propósito, por lo que nosotros, y quizá él, estamos condenados a sentirnos equivocados? La opción d es que, según los dogmas, dios es inefable, por lo que podemos dejar de preguntarnos al respecto. Pero si nos ha creado con la capacidad de pensar, el motivarnos a no hacerlo nos regresa, aunque con otro tema, a la batería de preguntas anteriores.

Es sin embargo comprensible el tema de la castidad. Si partimos de que María fue virgen y Jesús fue casto, entonces los ejemplos más altos y más dignos de imitar dentro de esta religión fueron siempre propensos a controlar la sexualidad con la que habrían sido dotados. Suena lógico, pues, que sus seguidores aspiren a comportarse como ellos. Pero en caso contrario, resta aún la vía de poner uno su cuerpo para recibir las “donaciones” de dios. En el tema de la educación sexual, el texto vaticano citado dice: “Los padres deben aprovechar esta gozosa experiencia [de estar esperando un niño] para comunicar [a sus hijos] algunos hechos sencillos relativos al embarazo, siempre en el contexto más profundo de la maravilla de la obra creadora de Dios, que ha dispuesto que la nueva vida por El donada se custodie en el cuerpo de la madre cerca de su corazón”. Lo que resulta irritante para la iglesia es divertirse sin aceptar regalos divinos que uno no desea. “Una educación cristiana a la castidad en familia no puede silenciar la gravedad moral que implica la separación de la dimensión unitiva de la procreativa en el ámbito de la vida conyugal, que tiene lugar sobre todo en la contracepción”. Esta regla de pasarla bien sin ser la antena conyugal para captar bebés aplica para otras prácticas sexuales.

El texto dice: “En particular, la masturbación constituye un desorden grave, ilícito en sí mismo, que no puede ser moralmente justificado, aunque «la inmadurez de la adolescencia, que a veces puede prolongarse más allá de esa edad, el desequilibrio psíquico o el hábito contraído pueden influir sobre la conducta, atenuando el carácter deliberado del acto, y hacer que no haya siempre falta subjetivamente grave»”. Fuera del resbalón de que un acto “que no puede ser moralmente justificado” se justifique dos palabras después, tanta calamidad por darse gusto a uno mismo sin afectar a nadie parece exagerada. ¿En dónde está la falta? La homosexualidad recibe un tratamiento parecido, pero algo más benéfico. El documento reconoce la posibilidad de que exista una tendencia innata a la homosexualidad, aunque practicarla vaya contra la ley natural (sí, de veras, dice las dos cosas en el mismo párrafo). Indica también que los homosexuales “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”. Es decir, acepta que la condición de ser homosexual implica discriminación, aun cuando un momento antes propugna por lo contrario, y termina uniéndose a ella al decir que “las personas homosexuales están llamadas a la castidad”, haciendo una distinción que es claramente discriminatoria. Sin embargo, la condición de ser bueno no distingue entre unos y otros: ha habido parejas de santos presumiblemente homosexuales; Sergio y Baco, Polieucto y Nearco, Felícitas y Perpetua. Pero Perpetua era madre lactante, Felícitas esperaba un hijo, hacían su chamba. Sergio y Baco, en cambio, fueron borrados del santoral católico.

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Victory of Faith (fragmento). George Hare. Representación de Perpetua y Felícitas (con frecuencia identificadas como patronas de las parejas del mismo sexo) durante su cautiverio.

Un artículo de Waldo Romo, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, nos brinda luces sobre el origen del abrasivo trato que se da a estos temas bastante inofensivos. Romo nos remite en su análisis a Santo Tomás: “la masturbación, por ejemplo, es más grave que el adulterio y que el mismo incesto porque la primera atenta contra la ley natural genérica. En la misma línea de pecados contra naturam se ubica a la homosexualidad y la bestialidad [relación sexual entre una persona y un animal]. En cambio, la fornicación, el adulterio, el incesto son pecados secundum naturam, en cuanto permiten -al menos- la generación de la vida”. Otra fuente que amplía la perspectiva es el programa del Canal Once Sacro y Profano, que aborda temas como religión y sexualidad, celibato sacerdotal homosexualidad y religión. Dice mucho que, siglos después, el Vaticano dedique en Sexualidad humana: verdad y significado, tanta atención a la masturbación, la homosexualidad y la contraconcepción, y no más de una alusión a la violencia sexual, las relaciones premaritales, y ninguna a la infidelidad.

Los modos en los que la iglesia (dominada por hombres que, según su compromiso de celibato, no tienen prácticas sexuales ni hijas o hijos a quiénes explicárselas) esperan que funcione la educación sexual son también risibles. El texto incita a rechazar la educación sexual secularizada porque quienes la brindan “difunden falsos conceptos sobre la « salud reproductiva » y los « derechos sexuales y reproductivos » de los jóvenes”. Simpatiquísimo, porque según el Vaticano los derechos reproductivos no son de los adolescentes que van a ser papás, sino de los abuelos de las criaturas. Cito textualmente: “algunas organizaciones antinatalistas sostienen clínicas que, violando los derechos de los padres, ofrecen el aborto y la contracepción para los jóvenes”. Pero si rechazar la educación sexual secularizada ya es tan buen consejo como fumar en las gasolineras, algunas ideas de la cúpula católica son tan preclaras como pararse en los depósitos de gasolina a encender cuetes. La condición (así es, la condición) que expone la iglesia para que un joven reciba educación sexual en la pubertad, es que, si se es varón, se la dé el padre, y si se es mujer se la dé la madre. Y que además se lleven bien. Si no, ¡mejor ni se la den! Textualmente dice: “Los padres, partiendo de las transformaciones que las hijas y los hijos experimentan en su propio cuerpo, deben proporcionarles explicaciones más detalladas sobre la sexualidad siempre que (…) las jóvenes se confíen con su madre y los jóvenes con el padre”. También se indica que no es necesario explicarle a la mujer, si ella no lo pide, los detalles de cómo funciona una “unión sexual”, pero se instruye a convencerlas de lo maravilloso que es volverse madre.

Es increíble la ambición que parece haber en la iglesia católica en que no sólo cuestionarla es malo, sino que dejar de parirle adeptos también lo es. Este 17 de mayo llegaremos al décimo primer año de celebración del día internacional contra la homofobia, por no decir que a los casi 2000 de una predicación de Jesús opuesta la estigmatización de los seres humanos, y que, por lo tanto, no debería ser impulsada por una iglesia que se ostenta como sucesora de su tradición (ni aun siendo contra sus fieles, y menos contra quienes no se adscriben a ella). Cierto dogma católico indica que los hombre sólo pueden salvarse a través de la iglesia. Recientemente, Francia desistió de esperar luego de 15 meses que el Vaticano ratificara a un embajador con todas las credenciales, de quien se supo sin embargo que siendo católico era también es homosexual. Haciendo a un lado Mateo 27 y no a las personas que hemos creído en ella, si Roma no puede salvarse de sus prejuicios, ¿no está salvando de qué?


Museo de las preguntas

¿Cómo afectan las propuestas en educación sexual que propuso en 1995 el Vaticano las estadísticas de embarazos jóvenes, pobreza, criminalidad en general, crímenes por odio y deserción escolar en las comunidades que las han seguido? ¿Qué dogmas contribuyen a la fe y cuáles alejan a la gente de la iglesia (recordando que a mí la santidad de la iglesia virginidad de María me crearon dudas en la infancia)? ¿Por qué parte de los católicos mexicanos de clase media hablan tan mal de los “usos y costumbres” de los grupos indígenas cuando sus propias creencias son, a veces, tan inexplicables y aun más lejanas de los derechos humanos que las que critican? ¿Qué tan seria es la voluntad reformadora del Papa y hasta dónde puede ejercerla? ¿Filosóficamente hablando dios a veces se equivoca? ¿Qué recepción tendrá este texto?