¿Hoy no Circula u Hoy sí Circulo? Una elección.

Hay una manera en la que la política ambiental del Gobierno de Miguel Ángel Mancera podría tener más verosimilitud: poner de portavoz a Quico, el de El Chavo del 8, personaje de Carlos Villagrán: “¡Que no circulen los coches viejos! ¿Que circulen todos? ¿Que mejor nadie se salve del Hoy no circula? ¿Que sea sólo temporal? ¡Me doy!”. Tantas veces los gobiernos involucrados (el de la capital, el del Estado de México y la Federación) nos han dicho que tienen la solución correcta que, si su propósito no es darnos alegrías  con memes, tema de qué hablar con trending topics y banderas como el hashtag #HoyNoCircula; o tienen mucha falta de oficio como políticos o poca capacidad técnica. Es natural que la ciudadanía proteste, cuestione, quiera participar en la solución, conduciendo su presión a que a veces se tomen unas decisiones en lugar de otras. Pero me llama la atención que en estos últimos días mucha gente opina del problema sin comprender la información que reciben, sólo repitiendo lo que hace ver peor al gobierno.

Existen varias situaciones relacionadas entre sí de las que depende el éxito del #HoyNoCircula, y que quizá no estamos viendo al opinar. En algunas materias puede que ni siquiera existan datos para hacer una valoración, en otras sí. Sin olvidar que temas como la movilidad o la economía urbana, y más aún las ciencias atmosféricas, son sumamente complejos, propongo repasar algunos de los lugares comunes que detecto en comentarios que he escuchado.

1. Aplicar el #HoyNoCircula a todos los automóviles hace que la gente adquiera un segundo vehículo

Algún porcentaje de los automovilistas no tiene dinero para adquirir un segundo vehículo (desconozco el porcentaje, pero alguna vez hice la pregunta en un foro en Puebla y si de por sí pocos entre el auditorio podían comprar un segundo vehículo, nadie lo adquiriría para circular un día extra). Sin embargo, cuando el #HoyNoCircula castiga (y al doble) únicamente a los vehículos viejos, solamente éstos bajan de precio, de modo que ahora más personas pueden adquirirlos, y quienes lo vendieron pueden pagar el enganche para otro automóvil con lo que obtuvieron de la transacción. Eso sí aumenta, seguro, el parque vehicular; el #HoyNoCircula parejo para todos, quién sabe.

2. Lo que incrementó la contaminación fue disminuir velocidades; los topes y los semáforos también incrementan la contaminación.

Seguramente es así, pero comencemos con los números: de 1990 a 2008 la cantidad de automóviles en el Distrito Federal se duplicó; como consecuencia, su velocidad promedio descendió a menos de la mitad, de 38.5 a 17 km/hr. Actualmente, la velocidad en hora pico se ubica entre 8 y 11 km/hr. Ni si quiera el segundo piso del periférico de López Obrador (sin semáforos ni topes) cambió esa tendencia. Por otra parte, reducir velocidades disminuye también los accidentes de tránsito. Habría que preguntarnos (no tengo la respuesta): ¿cuántas personas más mueren por este tipo de contaminación comparado con las que mueren por los accidentes viales?, ¿cuánto tránsito y combustible quemado produce un accidente vial? ¿Y cuánto nos cuestan en tiempo y dinero a todos?

3. El #HoyNoCircula afecta a la mayoría de la población, sobre todo a los que viven lejos.

¡Ojo! Los embotellamientos que causa la cantidad de automóviles en la ciudad sí afectan a la mayoría. Pero mientras el 29% de viajes en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) sí se realizan en automóvil, el 71% restante no. ¿Y qué creen? En la ZMVM la disponibilidad de transporte público de calidad no disminuye la probabilidad de que alguien adquiera un automóvil. Lo determinante es la pobreza. Según el INEGI, Ecatzingo, municipio del estado de México a las faldas del Popocatépetl, penúltimo lugar de su zona metropolitana en Índice de Desarrollo Humano, registra que sólo el 22% de las viviendas cuenta con camioneta o automóvil. En contraste, la delegación Benito Juárez, con un IDH superior al de Alemania, con múltiples estaciones de metro, metrobús, trolebús y próximo a importantes zonas de oficinas, y en donde por tanto el automóvil particular no es indispensable, registra que 68% de las viviendas cuenta con uno.

4. Los que más contaminan son los peseros (camiones urbanos de baja capacidad).

Depende… que un pesero contamine más que un automóvil privado, es usualmente innegable. Pero hagamos cuentas: los automóviles privados y las motocicletas suman el 84% del parque vehicular de la ZMVM y aportan la mitad de los gases de efecto invernadero (GEI). Por su parte, el transporte de pasajeros es el 7% del parque vehicular y generan el 27%. Es decir que cada vehículo de pasajeros contamina 6.5 veces de GEI lo que un automóvil particular o motocicleta. Hasta ahí, los malos son los microbuses. Sin embargo, el promedio de personas que viajan en un automóvil es de 1.2 por viaje, mientras que las combis, microbuses y camiones suelen llevar muchos más. Para que un vehículo de transporte público contamine más por pasajero que un automóvil particular, debe llevar por viaje cinco personas o menos. A partir de que aborda la sexta, un microbús contamina menos que un carro particular. Sin embargo, esto es hablando del promedio de contaminación por categoría: podría ser (no lo sé) que uno de los automóviles particulares más contaminantes sea peor que otros de transporte público, y que los menos contaminantes de ambas categorías emitan tan pocos GEI que sacarlos de circulación sea contraproducente (lo dice un experto de la UNAM, pero desconozco si considera el tránsito que aporta, por lo que no me animo a simplemente a afirmarlo).

5. Porque tengo un automóvil y pago la tenencia (o solo por tenerlo aunque no pague nada), tengo derecho a circular todos los días.

El impuesto a la tenencia (para quien todavía lo pague) es por poseer un automóvil. No por usar las vialidades. Eso es gratuito. Sin embargo, mientras que una persona en el metro o un camión ocupa alrededor de 0.5 m2, un peatón caminando requiere alrededor de 1 m2 y una bicicleta alrededor de 1.5 m2, cada automóvil sedán (aunque lleve sólo un pasajero) ocupa 6.5 m2. ¿Por qué quien tiene un automóvil debe tener derecho a abarcar 13 veces la cantidad de espacio público que lo que ocupa quien usa el metro. Si a quien anda en carro le quitamos un día de circular… ¡bueno! ahora la proporción será de 11 a 1, y no de 13. ¡De veras! ¡Tapizar la ciudad de asfalto para las minorías con automóvil nunca fue la solución correcta ni le otorga a nadie ningún derecho! En ninguna parte el reglamento de tránsito lo otorga (sí, en cambio, el de la seguridad vial, a lo que obedece la reducción de velocidades, y varios más a los vehículos no motorizados).

6. La mayoría está en contra del #HoyNoCircula.

Twitter hirvió contra el jefe de gobierno. Pero que aparezca en Twitter no significa que eso sea lo que piense la mayoría. A más poder adquisitivo, más probabilidad de que tengas cuenta en Twitter; mientras que 3 de cada 10 personas de la clase con mayor ingreso tienen una cuenta en esta red social (y evidentemente los smartphones para estar twiteando a cualquier hora) sólo 1 de cada 10 personas ubicadas en las clases con menos posibilidad de tener un vehículo particular (clase media baja, pobres y en pobreza extrema) tienen una cuenta de Twitter en México. Esto evidentemente genera una distorsión. En realidad, una encuesta de Grupo Reforma realizada cara a cara con mayores de 18 años indica que 48% está a favor del #HoyNoCircula parejo y temporal y 48% está en contra (incluso, entre los automovilistas, 40% lo apoya). La opinión está muy dividida, excepto en que el Gobierno del Distrito Federal y el del estado de México tienen mucha responsabilidad en la contaminación del aire.

A todo esto, lo único que me resulta claro y convincente es que, mucho más fácil que solucionar el problema de qué automóviles descansan y cuáles no, es cambiar ese #HoyNoCircula por un #HoySíCirculo, #HoyNoProvocoTráfico, #HoyNoPagoMultas (el reglamento de tránsito no las considera salvo que me ponga a atropellar peatones), #HoyQuemoCalorías, #HoyMePongoMásBueno, #HoySoyCarbonoNeutral. Y sale mucho más barato que un automóvil nuevo, incluso que uno usado. Tanto para la ciudad como para el bolsillo de uno. Ya es tiempo de tomar acción y dejar descansar el automóvil y el individualismo. ¡Démosle la bienvenida a las bicicletas! Y ya una vez en ellas, mientras los automóviles avancen a 8 km/hr, ustedes, con total apego al reglamento, podrán irles diciendo adiós.

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¿Por qué no se compran una bici? ¿No habla mejor a la hora de ligar ser ciclista (con mejor cuerpo, condición física, más dinero para gastar en la otra persona, algo de sensibilidad por el mundo) que tener un automóvil? ¿Por qué el programa Hoy no circula no excluye (dejándoles circular todos los días) a médicos, empleados de protección civil, músicos, actores de teatro, y otras profesiones que le brindan importantes beneficios a la sociedad frente a lo que su posibilidad de circular (siendo además poquitos y no siempre con altos ingresos) nos aporta? ¿Cuántos miles de pesos vale el autoestima y la comodidad de uno que tantas personas adquieren automóvil sin otra razón aparente, sin verdaderamente necesitarlo? ¿En qué proporción los gobiernos de izquierda gastan más en infraestructura para automóviles que en mejorar el estado de las banquetas? ¿Hay algún motivo para que los gobiernos no planteen la movilidad en términos de un problema derivado de la localización de la vivienda, como podrían ser la falta de planeación territorial o una corrupción inmobiliaria de la que se beneficien casi todos?

 

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¿Y qué dice lo que hacen frente al Papa?

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Fuente de la fotografía: Presidencia.

Anoche dejó el territorio nacional el papa Francisco. Su visita dejó muchos mensajes. Varios de ellos, sin embargo, no dichos por el pontífice, sino por los demás actores en templete y primera fila.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala en su artículo 24: “Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad [de culto] con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política”. Señala también en los artículos 115 y 40, que “Los estados adoptarán, para su régimen interior, la forma de gobierno (…) laico” y que “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República (…) laica”. Pero aunque sea voluntad de quienes formamos parte de este país tener un Estado laico (no sé si por convicción de todos, pero al menos sí por ley), no fue demostrado por quienes dirigen ni esos estados ni esta república.

Entre estas acciones se cuenta la asistencia de Enrique Peña Nieto en primera fila (lo que le dio una posición privilegiada para ser visto) a la misa oficiada por Francisco I en la Basílica de Guadalupe. Restarle un matiz político a esa combinación de posibilidades (y, como mandatario, no haber pedido por prudencia el cambio del asiento) sería una simpleza. Pero aparte de acciones hubo dichos. Frases del discurso de bienvenida como “las causas del Papa son también las causas de México” o “Su Santidad, México lo quiere”, le escriben la tilde encima a lo que Peña quería ponerle acento. Y aún fue más allá. Le dijo: se encontrará con un pueblo generoso y hospitalario. Un pueblo orgullosamente guadalupano. Éste es el México que lo recibe con el corazón y con los brazos abiertos”. Léase de las palabras del presidente: México está con las causas del Papa, no de Jorge Mario Bergoglio. Léase: Su Santidad; ¿no causaría revuelo que nuestro presidente le hablara al rey de España diciéndole Su Majestad?, ¿por qué Su Santidad sí es permitido? Léase: ¿qué el 17% de los mexicanos que no somos católicos, y los no orgullosamente guadalupanos, no somos parte de ese pueblo fantástico que pinta Peña Nieto?

Es cierto: cada mensaje del presidente resulta impreciso frente a la realidad que se vive fuera de sus informes, de los vecindarios donde viven sus secretarios. Y aunque se puede comprender (no justificar) que ciertas verdades maquilladas tengan algún efecto positivo macroeconómico, político, turístico o como ejercicio del ciudadano presidente para producir confianza en sí mismo; ¿qué gana haciéndonos en su discurso guadalupanos a todos? ¿No estimó que un margen de error de 17% sobre quiénes son seguidores religiosos de Francisco I es grosero para toda estadística, y grosero para todos a quienes nos pinta la fachada de guadalupanos, nos poda en forma de cruz, nos asfalta por encima de la libertad de culto, para cuando pase por aquí el papa Francisco?

Hablemos de otros mensajes. ¿Qué quizá decir el gobernador de Chiapas (donde el 42% no es católico), Manuel Velasco, besándole la la mano?; ¿qué nos comunicó el gobierno de Miguel Ángel Mancera (autor de una desafortunada selfie papal) imprimiendo avisos del sistema de transporte colectivo en que se refieren al mandatario del Vaticano como “Su Santidad”, por no mencionar los letreros de bienvenida al pontífice en los vagones y estaciones del metro por donde evidentemente no pasó?; ¿a qué responde la publicidad del gobierno de Michoacán de Silvano Aureoles inundando la capital del país, haciendo una invitación sin sentido a que los capitalinos que iban a tener al papa todos los días en la ciudad (en eventos públicos y traslados de ida y vuelta al aeropuerto) viajaran Michoacán para verlo ahí? Dicho de otro modo, fue como ofrecerle un viaje en taxi al que va conduciendo su automóvil, fue como vendernos aire.

Quien sí se lo compró, por ejemplo, fue Belinda, la cantante invitada por la primera dama para hacerle un disco al papa. Así es, Angélica Rivera se dedica ahora a eso. Y no es poca cosa, porque en palabras de la primera dama sería para llegarle al papa al corazón. En esa aura de amor y santidad, en Michoacán, Belinda fue a sentarse en el lugar reservado para enfermos y personas con discapacidad. Por si cantando no llega al corazón del papa, con sus deplorables acciones llegaría unos metros más cerca. Por otra parte, en Ciudad Juárez, localidad que también visitó, la gente bromeaba con que el primer milagro del papa argentino es que las autoridades hicieran algo por mejorar la imagen urbana de los lugares por donde pasaría. Los gobiernos locales le tienen más miedo a lo que vea la prensa que a lo que vea todos los días su electorado.

Es cierto: ninguna de estas anécdotas destruyó las instituciones de la república o de los estados. Pero lo que también es verdad es que la organización de una entidad política también tiene que ver con el gasto público, y no fue laico. Tiene que ver con el público al que se deben las instituciones, y no es ni al papa ni a los papa-fans. Tiene que ver con respetar la Constitución que juraron nuestros gobernantes para ejercer su cargo. ¿Qué no estarán dispuestos a hacer ganarse en el siguiente? Si por tener mayor visibilidad política se derrocha el dinero y se viola la carta magna, ¿por qué no ocurrirá con la legislación electoral si violarla les facilita el puesto y, frente a la constitución, hasta romperla es poca cosa?


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¿Fue la visita del papa y el gasto millonario en publicidad de Michoacán y la Ciudad de México el inicio de la contienda presidencial entre los perredistas Silvano Aureoles y Miguel Ángel Mancera? ¿Aplica el dicho de que las naciones tienen los gobiernos que se merecen, a que los mexicanos tenemos la primera dama que nos merecemos? ¿Se le puede llegar al corazón a alguien con un disco de pop con cantantes como Belinda? ¿Realmente, como se dice, hay más guadalupanos que católicos? ¿Qué es ser católico para los católicos? ¿Qué pensará Francisco I?

¿Visitará el papa Francisco el metro de la ciudad de México?

Si a algo no debemos ser ciegos los capitalinos es a la siguiente imagen.

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Naturalmente, una bienvenida de nuestro gobierno local al pontífice en plena estación de metro Mexicaltzingo, sólo podría significar que Francisco usará el metro. Sería desconfianza de mi parte pensar, en cambio, que el papa no se vaya a transportar bajo tierra, sino que estos anuncios obedecen a que el titular de nuestro gobierno laico quiera congraciarse con su electorado demostrando a cualquier costo que ama (o al menos ama que pensemos que ama) la venida del jerarca católico: si López Obrador ya le entregó al papa a domicilio una medallita celebrando su visita, el jefe de gobierno actual le pondrá letreros (mucho más grandes que cualquier medalla) ahora que llegue para que no los vea él, sino nosotros. Pero también ingrato, desagradablemente ingrato, sería de mi parte sospechar que el papa no usará el metro, sino que nuestro el Gobierno necesita gastar dinero, y darle la bienvenida en un lugar en donde no va a pasar le pareció una opción tan buena, o mejor, que gastarlo en campañas de prevención del VIH, contra la violencia o cualquier otra.

Porque si el papa no entra al metro por la estación Mexicaltzingo, la realidad debería romperle el corazón a cualquier contribuyente. De acuerdo con El Mexicano, la visita papal a Ciudad Juárez representará un desembolso de 20 millones de pesos, siendo esto 36,036 pesos por minuto. Según Reporte Índigo (medio de comunicación, como muchos otros, al que el estado de Michoacán le está pagando por insertar publicidad de la visita del papa) la visita del papa a esa entidad occidental costará 295 millones de pesos no transparentados. Es decir, 491,667 pesos por minuto, casi 14 veces lo de Ciudad Juárez. Al igual que como escribió Bernardo Barranco hace unos días, yo tampoco he logrado encontrar datos del monto a que ascenderá la estancia del pontífice en la capital del país. Pero dejar los ciudadanos hasta el 35% de su ingreso en el ISR para que una parte se vaya en comunicación social tan insípida, tan inútil, como letreros de bienvenida en lugares donde no serán vistos por su destinatario, es algo que a Miguel Ángel Mancera debería jugarle en contra en sus aspiraciones a la presidencia de la república.

No sólo en la capital de México la propaganda relacionada a motivos político-religiosos ha dado de qué hablar. En la que por mucho tiempo fue la capital del mundo, París, la reciente reunión de representantes de países cristianos que integran la coalición en contra de ISIS, o DAESH, culminó con una frase que, por amenazante, debe quedar en la memoria. De acuerdo con El País, el ministro de la Defensa francés Jean-Yves Le Drian habló de erradicar al DAESH en el terreno y en los espíritus. Lo de los espíritus es lo preocupante.

Diversos medios de comunicación y analistas han comentado reiteradamente la capacidad propagandística del DAESH, que emplea internet para la difusión de actos crueles (como decapitaciones) y victorias a costos escalofriantes. Pero al mismo tiempo, ¿no asemejan estos materiales del DAESH, de algún modo, las fotografías que soldados estadounidenses tomaban en la prisión de Abu Ghraib en Iraq a prisioneros torturados y cadáveres?, ¿y no emplean estos nuevos grupos terroristas medios digitales que sirven también a las potencias occidentales para difundir su propia propaganda? Con su estilo propio, estas organizaciones extremistas parecen aprendices de quienes ahora los combaten.

Pero las potencias capitalistas occidentales, expertas en producir propaganda (y a veces en controlar los espíritus de sus propios ciudadanos), se muestran a sí mismas como entidades ideológicamente inocuas cuyos esfuerzos sólo sirven para salvar al mundo. En su comunicación política, donde a veces hay alguna cavilación sobre el uso de la fuerza, no existe en cambio reflexión sobre su arsenal discursivo. Que gobiernos expertos en la autopurificación mediática erradiquen lo que sea de los espíritus de las personas que fueren, no promete democracia sino demagogia. En el momento en que Francia no actuó como Noruega, y en que Donald Trump fue el líder estadounidense que salió a criticar las intervenciones militares a Iraq y Libia (así fue, sí pasó), se volvió evidente que, en el escenario internacional, los seres humanos estamos algo desamparados.

No así, a dios gracias, en la ciudad de México. Al amparo de los carteles de bienvenida al papa, los capitalinos nunca tendremos paraíso en esta tierra (los recursos para construirlo se canalizan a hacer letreros). Pero quizá lo tengamos en el cielo.


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¿Son los políticos, en términos de su propaganda, productos milagro? ¿Qué porcentaje del PIB mundial se destina a recepciones de papas, jefes de Estado y jefes de gobierno? ¿Cómo quedaría un mapa del mundo donde se señalaran con colores el tipo de poder más fuerte en cada país: el Estado, la iglesia, el crimen organizado, la guerrilla, Walmart, la FIFA, Monsanto, la televisión…? ¿Tiene o ha tenido algún efecto en política internacional asumir que existe dios (partiendo de que para cristianos y musulmanes es el mismo) o refutar su existencia? ¿Algún día la iglesia canonizará no sólo personas físicas, sino también personas morales?

¿Es divertido derretir los polos?

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Miguel Ángel Mancera en la inauguración de la pista de hielo del Zócalo, diciembre de 2013. Fuente: Notimex.

Mientras Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno del Distrito Federal, buscaba los aplausos de los ambientalistas en París durante la COP 21 (diciembre de 2015), su administración buscaba la aprobación del resto de la opinión pública mexicana. En esas fechas se estaba preparando la inauguración de la ya tradicional pista de hielo a la intemperie del Zócalo (la plaza mayor de la ciudad de México). Aunque la oficina del jefe de gobierno declaró en un comunicado que “las instalaciones [de la pista de hielo] están basadas en el diseño y desarrollo de ingenierías de alta tecnología y sustentabilidad única, utilizando menor gasto de energía”, no se puede pasar por alto que la pista consistió en “4,616 m2 de área congelada en una instalación nunca vista en México ni el mundo”. Mantener media hectárea de hielo en una región tropical (incluso desde antes de la llegada del invierno), comparado con los discursos hechos en París, no parece nada sustentable.

Pero este tipo de ocurrencias que (en alguna medida) contribuyen al cambio climático global, no sólo suceden en el gobierno. La idea de jugar a tener hielo en la ciudad a costa del hielo del planeta ocurre hasta en la escala más doméstica (donde la responsabilidad es de los ciudadanos). ¿Quién no ha visto una casa adornada con muñecos de nieve inflables (que llegan de China) como ocurre en las películas (que vienen de los Estados Unidos)?, ¿o árboles navideños escarchados con productos de los que desconocemos su huella ecológica?, ¿o fachadas llenas de luces navideñas (como si no hubiera un mañana en que llegara la factura de la electricidad)? Pero nuestra cultura de masas a la que uno puede entrar pagando cover ha encontrado expresiones todavía más elaboradas, y al mismo tiempo más burdas, disponibles, aparte, todo el año. Destruir el planeta no es algo que deba reservarse para fechas especiales.

El fin de semana pasado, compromisos sociales me llevaron a cruzar la puerta de vidrio que queda entre la acera de la calle Nuevo León y un letrero donde se lee Artic Bar. Detrás de ella se encuentra un bar que quiere ser un antro, con sillones que buscan lucir como las cebras y un enorme refrigerador que, con sus paredes interiores cubiertas de hielo y un poquito más de arquitectura, se erige como la sala distintiva del lugar. Del resto no hay nada que decir: piñas coladas para matar diabéticos, cadeneros clasistas, una zona general poco más amplia que el andén central de metro Chabacano y ruido como si todos los vendedores de discos pirata descubrieran que les queda un día de vida.

Pero hablemos de lo mejor del sitio… la sala de hielo (el refrigerador): a una temperatura que permanentemente ronda los -20°C (unos 30 o 35°C por debajo de la temperatura ambiental), las personas entran con chamarras que les provee el staff, se sienten en Helsinki sin salir del Distrito Federal y toman selfies en un tipo de iglú bajo un letrero que dice: “Artic Bar Mexico Finlandia” (curiosamente, lo único que sí está en español, y no inglés, y no en finés, es la palabra Finlandia). Desprecio aparte, es increíble cómo un lugar que ofrece aspectos de incomodidad (espacios mal distribuidos, frío, malas bebidas y un personal que a veces se vuelve de trato desagradable) se convierte en algo positivo en la medida en que es una demostración pública de excentricidad o dispendio.

Independientemente de que el establecimiento pague su recibo de electricidad, el grado de snobismo de lugares como éste es algo que terminamos sufragando quienes compartimos el clima a escala mundial: por ejemplo, los niños de Kiribati. Las ganas de poner focos en la fachada que emulen nieve derritiéndose contribuyen a que la de otras latitudes se deshaga. La pista de hielo conlleva deshielo. Seamos gobierno, empresarios o simples ciudadanos, nuestro aburrimiento, autoestima y frustraciones generan externalidades ambientales.


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¿Está más loco el clima que nosotros? ¿Cuánta electricidad consumen la pista de hielo o Artic Bar¿Debería este establecimiento pagar un impuesto especial a razón de su dispendio lúdico energético? ¿El frío se soporta mejor con una pista de hielo o con abrazos? ¿Sirve de algo distinguir que hay hielo y nieve en estado de cautiverio y en estado salvaje? ¿Jugar a tener hielo (a costa de contribuir a que desaparezca en otras latitudes) es equiparable a tener trofeos de caza que implicaron la desaparición de un espécimen de su ecosistema?

Nota: al momento de publicar este texto he dirigido una solicitud de información a diversas dependencias del Distrito Federal para conocer el consumo de energía de la pista de hielo; los resultados los estaré informando.