Tú pídele al universo 55 mil millones ;)

En México está muy arraigado el lugar común, la autoindulgencia, de que la corrupción se la debemos a la conquista española. Que si hubiéramos sido colonia inglesa, muchas cosas no nos estarían pasando. Nada más cerca de la realidad. Si hacemos una revisión histórica sobre lo que la gente buscaba para sí mismo por fuera de los mecanismos legales, nos daremos cuenta de que poco o nada tiene que ver con lo que se busca hoy día.

En su libro Los seres que surcan el cielo nocturno: brujas y demonios coloniales, la investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro, Lourdes Somohano, relata el tipo de favores que los novohispanos solicitaban cuando creían haber entablado un pacto con el diablo. El registro corresponde a los archivos inquisitoriales.

“… querían que éste [el Diablo] les ayudara con guardar el ganado rápido, porque era mucho, hasta dos mil reses, y ello implicaba mucho tiempo y esfuerzo. En uno de los casos, los testigos aseguraban que cuando el estanciero, quien se suponía tenía pacto con el Diablo, tocaba la trompeta todas las reses obedecían, se formaban, salían y juntas caminaban rumbo a México para ser vendidas”.

Aparte de facilitar las labores ganaderas, los otros motivos (pero que se daban en menor proporción) incluían conseguir mujeres, huir de la cárcel y los obrajes (talleres donde los prisioneros purgaban su pena con trabajo forzado), ver lo que otros hacían sin ser vistos, ser valientes, tener dinero, dejar los naipes, sanar de una enfermedad, incapacitar sexualmente a un amante con el que, en caso contrario, habría la peticionaria de ser desposada, etc. Es decir, fuera uno de los temas, nada que ver con la corrupción moderna.

Si uno entra hoy día a las páginas de Facebook de San Judas Tadeo o la Virgen de Guadalupe las peticiones más frecuentes (sí, así pasa, la gente le pide cosas a sus santos por Facebook; incluso la página de la Basílica de Guadalupe tiene un formulario para enviarle peticiones vía internet) tienen que ver con salud, trabajo y dinero. Pero hay quien lo lleva más allá.

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Fuente de la imagen: proceso.com.mx

El día de ayer la revista Proceso publicó en su sitio en internet que se había descubierto una bodega con artículos de Javier Duarte y de su esposa Karime Macías. Al referirme a artículos de la pareja, me refiero sillas de ruedas, apoyos escolares, vajillas y otros objetos propiedad del gobierno de Veracruz, pero apropiados por el exgobernante hoy prófugo. Hay retratos de Karime y de Javier, una silla de montar personalizada para el político priista y varios artefactos más. Pero lo que llama la atención es una libreta Mont Blanc (ya desde ahí… ¡al menos no usó una para niños de primaria en Veracruz!) donde, además de tener anotada una lista de propiedades y presuntos colaboradores, la señora Macías escribía: “sí merezco abundancia, sí merezco abundancia”.

Partiendo de que los desvíos de Javier Duarte suman 55 mil millones de pesos (alrededor de 2.8 mil millones de dólares), y pensáramos que la abundancia personal de la señora se redujera a… ¿les gusta 140 millones de dólares a lo largo de seis años?; es decir, ¿23 millones de dólares anuales?, ni los mismos diablos del infierno podrían darnos algo así a todos. Si pensáramos que si todos viviéramos con el dispendio de los estadounidenses necesitaríamos 3.9 planetas para satisfacerlo, teniendo el estadounidense 56 mil dólares anuales, significaría (con cálculos bastante rápidos, paralelismos un poco caprichosos, pero útiles para darnos una idea) que si todos mereciéramos la abundancia que merece una Karime Macías que se apropiara de tan sólo el 5% de lo que desvía con su marido, necesitaríamos 1625 planetas como la Tierra para producir esa cantidad de riqueza.

Si esa avaricia no viene de Nueva España y ni del peor de los infiernos, habría que asumir que viene de nuestro contexto social actual en que todo mundo quiere participar de la desigualdad y estar del lado de la abundancia. Deberíamos dejar de ver al pasado y hacia fuera para vernos a nosotros mismos en el presente. De otro modo, poco hay que esperar ya del futuro. Seguiremos caminando hacia uno de los peores escenarios posibles donde se junten desigualdad, impunidad y corrupción.


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¿Cuánto cuesta la impunidad? ¿Cuántos centavos hay que invertir para que no le quiten a uno un peso que se ha robado? ¿Funcionará el sistema nacional contra la corrupción? ¿Qué porcentaje de gobernadores no desvía recursos? ¿Qué porcentaje de mexicanos considera/consideramos la corrupción como algo normalizado?

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Top 10: ¡las diez mejores cosas de Trump para México!

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Hay quienes deciden ver el vaso medio lleno o medio vacío. Cuando hablamos de Donald Trump, yo veo el vaso roto. Dígamoslo claro: el señor es un nuevo rico cuando de capital político se trata, y se comporta burdamente como tal. Tras una semana en la Casa Blanca, el nuevo magnate del poder firmó una orden ejecutiva para ampliar el muro fronterizo con México, amenazó con modificar las reglas del comercio con México y Canadá e impidió el acceso a su país a millones de personas con la única causal de tener una nacionalidad que no eligieron. Pero aun si no alcanzamos a mirar el vaso medio lleno ni medio vacío, los cristales rotos se pueden reciclar. Me impuse entonces elaborar la lista de las diez mejores cosas que Trump puede ofrecerle a México y al mundo. La política presidencial estadounidense nos puede costar tanto que hay que aprovechar hasta lo mínimo. Aquí la lista:

  1. Ha logrado, como nadie antes en el mundo, posicionar al inmigrante (tanto al económico como al de guerra) como alguien que merece protección. Justo el hecho de que él no la ofrezca y viole sus derechos movilizó a cientos de abogados voluntarios en los Estados Unidos para atender los casos de viajeros vetados por su nacionalidad para entrar al país (y que iban siendo detenidos a su llegada).
  2. Puede posicionar a países estables como México, China e Irán en el liderazgo de los Estados que no simpatizan con Trump. Dependiendo, desde luego, de las medidas y actitudes que tomen estos países.
  3. Brinda todos los argumentos necesarios para recelar de los nacionalismos. Es sin embargo preocupante que tanto ciudadanos como analistas políticos expresen que el nacionalismo de Trump es la oportunidad de revivir el nacionalismo mexicano. Hacer eso, es decir, competir país contra país en la misma liga, es enfrentarnos a un gigante. Más bien, debemos darnos cuenta que el nacionalismo de Trump tiene todos los ingredientes para que su país se aísle y entre en espirales de menor influencia política internacional, menor comercio e incremento de precios que los países que no se hundan en el nacionalismo (sino que miren hacia fuera) podrán aprovechar para hacerse influyentes y competitivos.
  4. El manejo dado por la administración de Peña Nieto a la relación con Trump ha golpeado severamente al presidente mexicano. Esto se traduce en un posibilidad mucho menor de que su partido (no diría el PRI de Ruiz Cortines o de López Mateos, sino el “nuevo PRI” de Peña, Javier Duarte y Roberto Borge) repita en la presidencia de México. Esperemos que el naufragio del proyecto político de Peña abra más expectativas a los buenos cuadros del PRI que no habían tenido espacio hasta ahora.
  5. Nos convencerá de que votar por estrellas de la televisión es una mala decisión. Si el mundo no aprendió con Berlusconi, Jimmy Morales o Hugo Chávez (al que siendo presidente le daba por cantar en la radio venezolana, vio salir un disco en vida y otro póstumo), esperemos que a partir de ahora se cree un arquetipo negativo que disuada de votar por políticos tan improvisados, o más fijados en el rating que en la coherencia de su gobierno, como han sido ellos.
  6. Nos anima a reflexionar sobre nuestro propio racismo y a enterarnos de las políticas xenófobas que ha tenido México a lo largo de la historia. Por ejemplo, durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, la Secretaría de Relaciones prohibió la inmigración de ciertas nacionalidades para “evitar la mezcla de razas que se ha llegado a probar científicamente producen una degeneración en los descendientes”. El libro Yaquis. Historia de una guerra popular y de un genocidio en México y el documental Los nuestros: Yaquis, expresan con mucha claridad la política genocida de Porfirio Díaz contra grupos indígenas para apropiarse de sus recursos naturales y lucrar con el presupuesto de guerra.
  7. Subraya en los mexicanos que la palabra “violador” es ofensiva, y que la violencia sexual no es algo que deba enorgullecer a nadie.
  8. Estimula y moviliza a los movimientos feministas alrededor del mundo.
  9. Podría estimular el arte, cuyas mejores expresiones suelen darse en tiempos de crisis. El muro podría convertirse en espacio para el arte o como metáfora recurrente de las y los artistas latinoamericanos. Cabe mencionar el Mural de la Hermandad, pintado sobre el muro fronterizo entre México y Estados Unidos ya existente en los alrededores de San Diego y Tijuana, en diciembre pasado, con la participación de guatemaltecos, mexicanos, venezolanos y estadounidenses.
  10. Su triunfo pone en entredicho la seguridad de los mecanismos electorales, lo que puede aportar a la maduración y protección de otras democracias.

La situación de México, desde luego, no es menos que complicada. Pero al mal tiempo, buena cara. Con cada cosa que twittea, dice y firma, Donald Trump nos da pa… nos da para reír (y ese sería el punto once). Disfruten:


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¿Cuántas personas que tienen en alta estima a Díaz o a Calles saben sobre sus políticas racistas? ¿Por qué nuestros héroes son guerreros, y no diplomáticos como Isidro Fabela, Gilberto Bosques o Alfonso García Robles, que se enfrentaron a temas de presunta superioridad racial y superioridad tecnológica y contribuyeron a la paz entre naciones? ¿Cómo fluctuará la popularidad de Trump en Estados Unidos en 2017? ¿Emprenderá Trump la censura mediática? ¿Por qué hay tantos mexicanos abogando por el nacionalismo, en lugar de marcar distancia de las ideologías y metas de gobierno de Trump?

 

¿Cómo los automóviles incrementan la desigualdad social en México?

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Por décadas, el desarrollo urbano en el país ha producido ciudades extensas, pero la carencia de políticas urbanas sensatas y un populismo destinado a las clases privilegiadas (y a quienes defienden ese estilo de vida en el sueño de alcanzarlo y la pesadilla diaria de no hacerlo) son las responsables de que estas ciudades estén dominadas por el automóvil. Pongámosle datos: si hablamos de política pública, en el presupuesto federal para 2016, sólo el 7% de lo destinado a movilidad fomentaría modos de movilidad distintos al automóvil. Sin embargo, no sólo es una deficiencia en las acciones lo que llama la atención, los problemas sin incluso de diagnóstico.

Cualquiera puede hacer el ejercicio: entre a la página del INEGI en lo relativo a vehículos de motor registrados en circulación. Dé click en “Consulta interactiva de datos”, luego en “vehículos de motor registrados en circulación”, solicite que se coloque la siguiente información: en la columna izquierda, entidad federativa y municipio; en la fila superior, “clase de vehículo” o “tipo de servicio”, es indiferente, pues en ambos casos podrá ver la cantidad total de vehículos por estado y el total en el país. ¡Y ahí va la primera sorpresa! ¡No hay datos del parque automotor ni del estado de México ni de la capital del país! Es decir, no sabemos qué tipos de coche hay en la que fue la ciudad más grande de este mundo. Pero… #KeepCalmAndRememberYouAreInMexico. El espasmo en la tráquea, el tic en el párpado izquierdo, llegarán a continuación.

Si revisamos las cifras que ofrecen los treinta estados del país de los que sí hay información, tenemos los siguientes hallazgos: el estado donde los automóviles alcanzan mejor por habitante es Baja California Sur (por cada 2.5 personas hay un automóvil privado); en contraste, en Chiapas, por cada 14.1 seres humanos, hay un automóvil privado, en Oaxaca hay uno de estos vehículos por cada 19.3 personas. Es curioso, por ejemplo, que en Guerrero vivan 5.3 personas por cada automóvil de servicio particular; si cada hogar tuviera sólo tres individuos, más de la mitad de hogares en Guerrero tendría un automóvil, pero no es verdad. Según el censo de 2010, el 76% de los hogares guerrerenses no tiene uno. Es decir, si la cantidad de automóviles en un lugar es alta, eso no implica que todos tengan acceso a uno. Más bien significa que el hecho de que haya quien acumule automóviles, mientras que la gran mayoría no tiene uno, sólo remarca la desigualdad social que hay entre los ricos y los pobres. Ya lo dijera sarcásticamente George Bernard Shaw: “la estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno”, aunque ello no sea cierto.

Mi conocimiento de la estadística es modesto, pero para darnos una idea de qué tan desigualador es el automóvil en cada una de los estados donde hay datos, me propuse el siguiente ejercicio: determinar un índice de desigualdad por tenencia de automóvil privado para cada estado, en el cual, cuanto más cerca de 1, peor es la desigualdad que provoca que unos tengan automóvil y otros no, y al mismo tiempo, cuando el índice es de cero significa que tener un automóvil no hace más desigual a nadie (porque todos los hogares tienen ya, cuando menos, un auto). Si escribiéramos la fórmula que da lugar al índice, podríamos enunciarla de dos maneras.

Índice de desigualdad por tenencia de automóvil privado = 1 – (Automóviles privados que existen por cada hogar * Porcentaje de automóviles privados que cubriría la demanda de cada hogar que tiene automóvil si sólo pudiera disponer de uno * Porcentaje de hogares con automóvil particular); o, lo que es lo mismo,

D = 1 – ((A/H)*(1-(A-C)/A)*(C/H))

  • Donde:
    • D: índice de desigualdad por tenencia de automóvil privado
    • A: número de Automóviles privados
    • H: número de Hogares
    • C: número de hogares Con automóvil privado

 

El índice seguro es perfectible, pero: 1) garantiza que no haya valores inferiores a cero, 2) garantiza que no haya superiores a 1, 3) siempre da un resultado excepto cuando hay familias pero no hay ni un solo coche (en tal caso, hay un error matemático, pero si no hay coches el índice no puede medir nada), 4) contempla factores como la difusión del automóvil entre la población, la acumulación de automóviles en ciertos hogares y el porcentaje efectivo de hogares con acceso al automóvil privado, y 5) asegura que si todos los hogares tienen al menos un vehículo, es decir, hay hogares más privilegiados pero ninguno es excluido de este modo de movilidad, el resultado del índice será de cero, indicando que el vehículo privado no contribuye a la desigualdad. Los datos se tomaron registro de vehículos de motor en circulación del INEGI y del Censo de Población y Vivienda 2010 del mismo instituto. Los hallazgos serían los siguientes:

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Desde luego, no sólo la concentración de vehículos privados en pocas familias que acontece en siete de los estados (donde el índice es mayor a 0.9) empuja a la desigualdad. La inversión en infraestructura para automóviles, que podría destinarse a otros tipos de movilidad, o a salud y educación por ejemplo, profundizarían la brecha. A unos se les da comodidad tapando baches y colocando distribuidores viales; a otros no se les distribuye ni buena alimentación ni acceso a mejores escuelas. No dejemos de lado que las calles y autopistas también las utilizan desde el transporte de carga hasta las ambulancias, necesarias para el bienestar social, pero ni todas las obras viales son necesarias y, aún más, hay incluso algunas profundamente incorrectas.

Otro de los hallazgos durante esta investigación apunta a que, curiosamente, los hogares que más necesitados de automóviles en cantidad suficiente, son quienes menos tienen acceso a ellos. En la siguiente gráfica se aprecia cómo, a partir de que las familias tienen cinco integrantes, el porcentaje de hogares sin automóvil privado incrementa, sin importar si uno se encuentra en los estados con mayor o menor número de hogares propietarios de vehículos.

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La conclusión es obvia. A lo largo de ésta y las siguientes semanas se estarán discutiendo asuntos clave en la escena mundial y nacional: la Nueva Agenda Urbana durante la Conferencia de las Naciones Unidas Hábitat III en Ecuador; la nueva Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano que la Cámara de Diputados envió como minuta al Senado de la República; el Presupuesto de Egresos de la Federación, la Constitución de la Ciudad de México, y lo que venga. Más allá de los demás efectos perniciosos de los automóviles, la inversión pública en ellos no reduce la desigualdad, sino que la enfatiza. No porque haya más segundos pisos, más túneles, mejor semaforización, los mexicanos más pobres incrementarán su capacidad de pago como para adquirir automóviles. El futuro de la movilidad urbana no está en el automóvil; el del desarrollo social del país tampoco. Es hora de reordenar prioridades. Hace mucho que ya se nos hizo tarde.


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¿Cómo se le dice al que discrimina a los demás por no tener un automóvil? ¿Realmente le conviene menos al país mover sus mercancías por tren que por carretera? Si exportamos petróleo pero importamos gran parte de la gasolina, ¿el país pierde o gana dinero de que los automóviles se muevan con hidrocarburos? ¿La producción local de automóviles, a cargo de marcas extranjeras, trae más beneficios a México que los costos que produce el automóvil en la salud, el medio ambiente y la pérdida de tiempo de quienes vivimos en las ciudades? Si las agencias de autos se localizan sobre las vialidades más concurridas pero más congestionadas, ¿cómo carajo convencen a los clientes que miran a través de la ventana a otros automovilistas atorados en el embotellamiento? ¿Qué tan bien me quedó el índice? ¿Podemos cambiar? ¿Queremos hacerlo?

¿Cómo va el resto del mundo en el medallero olímpico?

El desconcierto actual por el fracaso que, hasta el domingo 14 de agosto, ha representado México en el medallero olímplico de Río de Janeiro, ha puesto críticas y respuestas en la boca de diversos protagonistas políticos de México. Alfredo Castillo, titular de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), afirmó que lo importante en los juegos olímpicos no son las medallas, sino “que tengamos entre 15 y 20 atletas entre los primeros diez del mundo”. Si bien es de todo mundo conocido que Alfredo Castillo no había tenido ningún tipo de experiencia en el deporte antes de arribar a su actual puesto, lo que no sabíamos era que tampoco la tenía ni en el uso de Wikipedia antes de hablar. Según una búsqueda que no toma ni dos minutos, la delegación mexicana en Londres colocó a 24 atletas de manera individual o por equipos entre los primeros 10 de sus disciplinas. Atendiendo a estas cifras, el objetivo de Alfredo Castillo es hacerlo peor que hace cuatro años.

¿Pero cuál es el problema del deporte nacional que hace que a muchos algunos otros países les esté yendo mucho mejor? Aída Román, medallista de Londres 2012, criticó que en lugar de acreditar a médicos o fisioterapeutas se hubiera decidido acreditar a la pareja de Castillo como parte de la delegación mexicana. Para Ricardo Anaya, presidente del PAN, el problema es el gobierno, al que califica de irresponsable, insensible e incapaz, y que tiene a un país que gana el oro sólo en corrupción. Beatriz Mojica, secretaria general del PRD, apunta que el titular de la autoridad deportiva en México podría tener conflictos de interés que involucran a la Conade con la empresa de su pareja, lo cual hablaría de un interés del funcionario distinto a lo deportivo. Diputados de Morena señalan su falta de experiencia, y Vicente Fox, de quien no tenemos clara a estas alturas su filiación política, apuntó a una falta de organización del deporte a lo largo del territorio nacional y la ausencia de presupuesto… y también, como todos los demás, apuntó a la cabeza de Castillo.Incluso el presidente del Partido Revolucionario Institucional, al que pertenece el presidente Enrique Peña Nieto, quien puso a Castillo al frente de la Conade, ha anunciado su intención de sentarlo a rendir cuentas. Pero la lista de errores que se le pueden colgar a Castillo son varios: incluso escándalos tan ridículos como haberse llevado a su maestro de padel que, si bien pertenece a la nómina de la Conade, también lo acompañó en su aventura en temas de seguridad pública en Michoacán como asesor del secretario de Seguridad Pública de ese estado. ¿Pero cuál es la verdadera causa de que a otros les vaya mejor?

Si rastreamos la idea de Ricardo Anaya de que existe una relación entre el fracaso olímpico y un gobierno corrupto, encontramos inconsistencias desde el primer momento. China, tercer lugar en el medallero (aunque es en realidad el segundo que más medallas ha cosechado, pero varias de ellas de bronce) ocupa la posición número 83, justo a la mitad de la tabla, del índice de percepción de corrupción (IPC) 2015. Se podría objetar que ocupa ese lugar por el tamaño de la población. ¡Sorpresa! India, el segundo país más poblado, no lleva una medalla. Hagamos ahora un ejercicio: los indicadores y medallas de Holanda contras los indicadores y medallas de Hungría:

HOLANDA.

IPC: 5° lugar; población: 65°; PIB per cápita nominal: 15°; medallero de Río: 12°.

HUNGRÍA.

IPC: 50° lugar; población: 91°; PIB per cápital nominal: 57°; medallero de Río: 11°.

Los datos son del 14 de agosto. No creo que haya duda, además, de que Holanda tiene a grandes rasgos un gobierno más eficiente que el de Hungría y otro par de países que le aventajan en la cosecha de medallas. Algo que es también determinante es la tradición y estructura de las instituciones deportivas. Francesco Garzarelli y Lorenzo Incoronato, integrantes de la consultora Goldman Sachs que calculó los resultados de diversos países para esta olimpiada, indica: quienes hacemos pronósticos “miramos al conjunto de medallas olímpicas (sobre el total competidas) ganadas por cada país participante en los juegos entre 1980 y 2012. Entonces medimos el desempeño relativo de países controlando qué tan poblados, ricos (ingreso per cápita) y ‘eficientemente administrados’ son”. Y al parecer la tradición impone. En el medallero olímpico histórico, también hasta el 14 de agosto de 2016, Hungría se localiza en el lugar 7, Holanda en el 15.

Lo sorprendentes es que, con todo y ello, le esté yendo decorosamente mejor a otros países del mundo. Revisemos el caso de los llamados Atletas Olímpicos Independientes. En 2015, el Comité Olímpico Internacional sancionó a Kuwait (debido a su interferencia gubernamental en la selección de deportistas) impidiéndole asistir a las olimpiadas. No obstante, como en otras ocasiones, se permitió a algunos atletas del país asistir pero sin poder portar la bandera de su nación. Este año, el equipo de Atletas Olímpicos Independientes está conformada por nueve atletas kuwaitíes. Kuwait es un país de poco más de dos y medio millones de personas que en el medallero histórico aparece en el lugar 117, mientras que México está en el 40. Este año, los kuwaitíes ya llevan dos medallas. Países todavía más pequeños también están metidos ya en la lista. Es el caso de Kosovo, con poco menos que la población de Iztapalapa, una reciente guerra y cero medallas que lo antecedan; de Estonia, con menos que Juárez, Chihuahua, y en el lugar 43; Baréin, por debajo de Zapopan, Jalisco, en la posición 119; Fiyi, en donde habita un poco más de gente que en el municipio de Toluca y que no tenía medallas; y Granada, lugar 89 histórico, país caribeño con una medalla de plata en estas justas y apenas 110 mil habitantes: esto es menos que la población que hay en Orizaba, y un poquito más que la de Teziutlán. Volviendo a mencionar a India, con más de 11 mil veces la población de Granada, lugar 45 del medallero histórico y con seis medallas en Londres, en esta ocasión no ha alcanzado preseas.

Kirani James, Granada

Kirani James, medallista de plata en 400 m planos para Granada. Por cada habitante de Granada, México tiene alrededor de mil, y aún no ha conseguido una medalla. Fuente de la imagen: i.ytimg.com.

El caso de México e India parece coincidir: cuando la persona que debe organizar y proveer las condiciones necesarias para el deporte no es la correcta, tampoco lo serán la organización ni la provisión. El ministro de la Juventud y el Deporte de India, Narsingh Yadav, justificó un caso de dopaje de su equipo acusando de una conspiración. Alfredo Castillo explicaría la falta de medallas en clavados por una conspiración. Yadav fue acusado por los organizadores de las justas veraniegas que ser grosero y agresivo al querer filtrarse a áreas restringidas para tomarse fotos con los atletas. Castillo también se mete en lugares donde uno no sabe si debería estar: en un partido de tenis de representantes de otros países mientras 14 atletas mexicanos sí estaban en competencia. El congreso de India exige el regreso de Yadav ante las penosas situaciones que causa, y en efecto lo regresan. La opinión pública mexicana repudia el paseo sin frutos de Castillo por Brasil, y seguramente éste ni mejorará ni se suspenderá; en palabras del mismo Castillo, la Conade que él dirige es “una agencia de viajes” que da dinero.

¿Después de irse a Río, se irá de la Conade Alfredo Castillo? Seguramente no. Si el Secretario de Comunicaciones y Transportes perdió millones de pesos por indemnizar a un consorcio chino por cancelar la construcción del tren México-Querétaro, o en el último papelón de la Policía Federal Preventiva se perdieron ocho vidas de civiles y oportunidad de atender a los heridos en la localidad de Nochixtlán y no hubo renuncias, ¿por qué habríamos de pensar que Castillo dejará la Conade? ¿De veras Peña Nieto quitaría de su circulo cercano a un incondicional, si con todo y los resultados económicos no se ha ido Videgaray, y con los más severos cuestionamientos siguió en un puesto que requiere credibilidad Virgilio Andrade? Se ve que hemos tocado fondo cuando, a pesar de todo, acabo uno por presagiar que, en el tema de Alfredo Castillo, hasta Vicente Fox tiene más sensibilidad que nuestro actual presidente.

Ahora, en cuanto a las medallas que puedan caer, diversos expertos previeron para México, basados en datos cuantitativos, hasta seis medallas en Río (la misma delegación olímpica se calculó hasta siete, y dio deportes). ¿Pero qué tanto pueden estos pronósticos medir si el deporte en un país se ha convertido en el lugar a donde mandas a tu amigo que fracasó encarcelando autodefensas en Michoacán, quien a su vez colocó en el puesto donde se prepara a los nuevos talentos a su entrenador de padel, cuya experiencia previa fue asesorar en seguridad pública, para lo cual no tenía ningún conocimiento? La culpa no es de los que hacen pronósticos, sino de quien protege a sus incondicionales (el presidente) y de que Castillo meta a los suyos propios. Asignar a un incondicional a la Conade fue convertir cualquier oportunidad de una presea metálica en fierro viejo. Ya lo decía bien una nota periodística: Alfredo Castillo es un Midas pero al revés.

 


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¿Qué tanto impactan los hábitos alimenticios y recreativos de México en la formación de nuevos talentos deportivos? ¿Cómo se distribuyen los recursos entre las federaciones de distintos deportes? ¿Por qué nadie le pone un vocero a Alfredo Castillo para que evite afirmar que le quitan medallas a México por no regalar dinero o que la Conade es una agencia de viajes? ¿Operaría mejor el deporte si su promoción fuera a través de promotores arraigadamente locales, más que a través de autoridades estatales y federales, con grandes equipamientos pero en general centralizados?

¿Dónde está el Estado? ¿Y Spiderman…?

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La idea de que el Estado tiene el monopolio de la violencia… ¡bueno! ¡Un mito de la teoría política! Si Max Weber hubiera vivido a principios del siglo XXI en Venezuela, Guatemala, México, Estados Unidos, Honduras o El Salvador, aquella afirmación no existiría. En cada uno de estos países el Estado ha dejado de ser garante de la seguridad de sus ciudadanos (en distintos grados), y, en ocasiones, ha perdido control sobre gran parte de su territorio. El contexto de violencia se ha extendido a las tres latitudes del continente americano.

Tan sólo en Estados Unidos, supuesta autoridad moral para el resto del continente, entre 2001 y 2011, los “tiroteos masivos” realizados por personas que residen en ese país y que tuvieron acceso a armas de fuego, dejaron 40 veces más muertos que el terrorismo, al que sí se combate; y de 2012 a febrero de 2015 tuvieron lugar 994 de estas balaceras. Parece incluso el colmo que, la semana pasada, una defensora del uso de armas de fuego en ese país fuera recibiera un disparo por la espalda de su hijo de cuatro años en algo calificado como un accidente, pero donde parece que más que haber disparado sin intención (la mamá presumía que el niño sabía hacerlo), el niño lo habría hecho sin comprender las consecuencias (lo mismo que su madre y otros promotores de las armas).

En el caso de México, que con la mano en la cintura descarta los informes de la CIDH o del Relator especial de la ONU sobre la tortura, mientras que el crimen organizado ha perpetrado en los últimos años masacres como las de San Fernando, Tamaulipas (72 migrantes) y Allende, Coahuila (en cifras estimadas de 28 a 300 desaparecidos y presuntamente asesinados), se ha evidenciado también que en este sexenio las fuerzas públicas de distintos niveles de gobierno se han sumado a la trágica carrera, con acciones como las de Iguala (6 muertos, 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos y uno más con muerte cerebral, participando policías municipales de Iguala), Tlatlaya (22 muertos, 15 de ellos ejecutados por el ejército), Tanhuato (43 muertos presuntamente en combate, eliminados por la Policía Federal), Apatzingán (con 16 civiles asesinados en una acción también de la Policía Federal) o Tierra Blanca (con 5 jóvenes secuestrados y asesinados, participando policías estatales de Veracruz). Hoy se cumple un año de la velada censura con la que el gobierno federal redujo una de las pocas voces fundadamente críticas de la radio mexicana en casos como San Fernando,  Iguala, Tlatlaya y el manejo de la violencia en Michoacán: Carmen Aristegui.

Los casos de los países localizados más al sur no son mucho más afortunados. El nombre de Guatemala surge acompañado de episodios muy lamentables como la masacre en la finca Los Cocos (27 campesinos muertos) o el autobús bomba con pasajeros a bordo en San José Pinula (1 muerto y 15 heridos), Venezuela aparece entre los 43 muertos en las manifestaciones de 2014 y los 28 mineros desaparecidos y supuestamente masacrados la semana pasada (lo positivo es que los responsables de la violencia están identificados por Maduro: opositores o extranjeros, como Spiderman), Honduras se desmaquilla con 471 mujeres asesinadas por causas de género en 2015, a cuya cuenta hay que añadir a la laureada Berta Cáceres finada probablemente por ser defensora de los derechos humanos, y El Salvador de plano está considerando declararse en estado de excepción por la violencia en que está sumido (aunque en el trámite de declararse o no, ya va a cumplir dos años)Si la cantidad de muertes violentas en El Salvador para 2015 era superior a la que se presentaba durante su guerra civil, en enero y febrero de 2016 la cifra creció 117.6% con respecto a los mismos meses del otro año.

Me permito aclarar: el ánimo de colocar cifras no es para convertir vidas humanas en un simple valor cuantitativo, sino que hace falta comprender que, a cada persona más que pasa por una experiencia así, es más probable que el siguiente sea conocido nuestro o incluso uno de nosotros. Por pura solidaridad o mero egoísmo, debería ocuparnos.

Es evidente que el Estado en cada uno de estos países ha perdido el monopolio de la violencia, y en ocasiones el de la aplicación de la justicia. Los gobiernos no dominan ya los mecanismos represivos. Sin embargo, existen rubros preventivos, en los que los gobiernos nacionales o locales tienen, si no el monopolio, sí una capacidad importante.

La educación básica, por ejemplo, bien haría en estar más orientada a practicar la democracia y el pensamiento libre que a enseñar la vanagloria a un país (en el caso de México) cuyo territorio no es sino resultado de lo que se robó Estados Unidos (dos millones de kilómetros cuadrados), lo que se le sustrajo a Guatemala (el estado de Chiapas), lo que no se quiso disputar con Inglaterra (Belice) y el trato infame y genocida que se dio a mayas, yaquis y otros menos visibilizados. Por cierto, fuera del conflicto con Estados Unidos de los demás episodios no se habla, como si la violencia que uno (o su país) ejerce fuera indiferente y por lo tanto tolerable. Quizá a este punto haya quien lea una posición utopista de mi parte. Pero tener ciudadanos con criterio y conciencia libres debilita a los poderes fácticos, y eso debería convenir a cualquier gobierno para cumplir sus metas administrativas.

El diseño de los espacios públicos urbanos es otra área que, desde el gobierno, podría contribuir a condiciones para una sociedad mejor. En la medida en que éstos sean visualmente permeables y cuenten con usuarios, se convertirían en nodos donde la gente se encuentra, se cuida y crea sentidos de comunidad. Asimismo, un ordenamiento territorial que impida la creación de guetos socioeconómicos, que concentran diversas problemáticas y limitan la movilidad social (generando un ambiente agresivo y de desesperanza), es fundamental para facilitar la construcción de una sociedad articulada, solidaria, diversa y más consciente. El acompañamiento de estas políticas suaves por ejecutores diversos, y por lo tanto representativos de la sociedad y no de sus represores institucionales, es indispensable para generar confianza: mujeres, egresados de escuelas públicas, personas que puedan caminar entre la gente. Las mejores armas no son las que disparan, sino las que arman futuro.

Pensémoslo: todos pasamos por la escuela, todos usamos en algún momento el espacio público, todos tenemos una localización en la ciudad. Somos, por lo tanto, público cautivo de posibles soluciones. Volvámonos también sus promotores.


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¿Las cámaras de seguridad sirven verdaderamente para inhibir el crimen o son la lente que toma selfies de la peor cara de la sociedad? ¿Cuánto cuesta prevenir un delito y en cuánto se estima el costo de indemnizarlo? ¿Qué grado de corrupción existe en torno a la violación del principio del “debido proceso”? ¿Qué tan significativa es la educación formal para prevenir el delito en los términos en que se practica actualmente? ¿Por qué en México seguimos teniendo servicio militar (si no entramos en guerra, pero según el temario se enseña a los jóvenes a manejar un arma) en lugar de un servicio comunitario? ¿Qué modelos de desarrollo urbano son más susceptibles de generar condiciones de desigualdad, segregación y violencia?

 

¿Y qué dice lo que hacen frente al Papa?

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Fuente de la fotografía: Presidencia.

Anoche dejó el territorio nacional el papa Francisco. Su visita dejó muchos mensajes. Varios de ellos, sin embargo, no dichos por el pontífice, sino por los demás actores en templete y primera fila.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala en su artículo 24: “Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad [de culto] con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política”. Señala también en los artículos 115 y 40, que “Los estados adoptarán, para su régimen interior, la forma de gobierno (…) laico” y que “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República (…) laica”. Pero aunque sea voluntad de quienes formamos parte de este país tener un Estado laico (no sé si por convicción de todos, pero al menos sí por ley), no fue demostrado por quienes dirigen ni esos estados ni esta república.

Entre estas acciones se cuenta la asistencia de Enrique Peña Nieto en primera fila (lo que le dio una posición privilegiada para ser visto) a la misa oficiada por Francisco I en la Basílica de Guadalupe. Restarle un matiz político a esa combinación de posibilidades (y, como mandatario, no haber pedido por prudencia el cambio del asiento) sería una simpleza. Pero aparte de acciones hubo dichos. Frases del discurso de bienvenida como “las causas del Papa son también las causas de México” o “Su Santidad, México lo quiere”, le escriben la tilde encima a lo que Peña quería ponerle acento. Y aún fue más allá. Le dijo: se encontrará con un pueblo generoso y hospitalario. Un pueblo orgullosamente guadalupano. Éste es el México que lo recibe con el corazón y con los brazos abiertos”. Léase de las palabras del presidente: México está con las causas del Papa, no de Jorge Mario Bergoglio. Léase: Su Santidad; ¿no causaría revuelo que nuestro presidente le hablara al rey de España diciéndole Su Majestad?, ¿por qué Su Santidad sí es permitido? Léase: ¿qué el 17% de los mexicanos que no somos católicos, y los no orgullosamente guadalupanos, no somos parte de ese pueblo fantástico que pinta Peña Nieto?

Es cierto: cada mensaje del presidente resulta impreciso frente a la realidad que se vive fuera de sus informes, de los vecindarios donde viven sus secretarios. Y aunque se puede comprender (no justificar) que ciertas verdades maquilladas tengan algún efecto positivo macroeconómico, político, turístico o como ejercicio del ciudadano presidente para producir confianza en sí mismo; ¿qué gana haciéndonos en su discurso guadalupanos a todos? ¿No estimó que un margen de error de 17% sobre quiénes son seguidores religiosos de Francisco I es grosero para toda estadística, y grosero para todos a quienes nos pinta la fachada de guadalupanos, nos poda en forma de cruz, nos asfalta por encima de la libertad de culto, para cuando pase por aquí el papa Francisco?

Hablemos de otros mensajes. ¿Qué quizá decir el gobernador de Chiapas (donde el 42% no es católico), Manuel Velasco, besándole la la mano?; ¿qué nos comunicó el gobierno de Miguel Ángel Mancera (autor de una desafortunada selfie papal) imprimiendo avisos del sistema de transporte colectivo en que se refieren al mandatario del Vaticano como “Su Santidad”, por no mencionar los letreros de bienvenida al pontífice en los vagones y estaciones del metro por donde evidentemente no pasó?; ¿a qué responde la publicidad del gobierno de Michoacán de Silvano Aureoles inundando la capital del país, haciendo una invitación sin sentido a que los capitalinos que iban a tener al papa todos los días en la ciudad (en eventos públicos y traslados de ida y vuelta al aeropuerto) viajaran Michoacán para verlo ahí? Dicho de otro modo, fue como ofrecerle un viaje en taxi al que va conduciendo su automóvil, fue como vendernos aire.

Quien sí se lo compró, por ejemplo, fue Belinda, la cantante invitada por la primera dama para hacerle un disco al papa. Así es, Angélica Rivera se dedica ahora a eso. Y no es poca cosa, porque en palabras de la primera dama sería para llegarle al papa al corazón. En esa aura de amor y santidad, en Michoacán, Belinda fue a sentarse en el lugar reservado para enfermos y personas con discapacidad. Por si cantando no llega al corazón del papa, con sus deplorables acciones llegaría unos metros más cerca. Por otra parte, en Ciudad Juárez, localidad que también visitó, la gente bromeaba con que el primer milagro del papa argentino es que las autoridades hicieran algo por mejorar la imagen urbana de los lugares por donde pasaría. Los gobiernos locales le tienen más miedo a lo que vea la prensa que a lo que vea todos los días su electorado.

Es cierto: ninguna de estas anécdotas destruyó las instituciones de la república o de los estados. Pero lo que también es verdad es que la organización de una entidad política también tiene que ver con el gasto público, y no fue laico. Tiene que ver con el público al que se deben las instituciones, y no es ni al papa ni a los papa-fans. Tiene que ver con respetar la Constitución que juraron nuestros gobernantes para ejercer su cargo. ¿Qué no estarán dispuestos a hacer ganarse en el siguiente? Si por tener mayor visibilidad política se derrocha el dinero y se viola la carta magna, ¿por qué no ocurrirá con la legislación electoral si violarla les facilita el puesto y, frente a la constitución, hasta romperla es poca cosa?


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¿Fue la visita del papa y el gasto millonario en publicidad de Michoacán y la Ciudad de México el inicio de la contienda presidencial entre los perredistas Silvano Aureoles y Miguel Ángel Mancera? ¿Aplica el dicho de que las naciones tienen los gobiernos que se merecen, a que los mexicanos tenemos la primera dama que nos merecemos? ¿Se le puede llegar al corazón a alguien con un disco de pop con cantantes como Belinda? ¿Realmente, como se dice, hay más guadalupanos que católicos? ¿Qué es ser católico para los católicos? ¿Qué pensará Francisco I?