¿Por qué no un México “unido” contra Trump?

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Fuente de la imagen: SDP Noticias.

El pasado domingo, diversas ciudades mexicanas fueron escenario de diversas manifestaciones de protesta contra Trump. Yo, habiendo asistido a la Conferencia Regional de las Américas de la red de colegio UWC, de la cual soy voluntario, tuve oportunidad de entrar en contacto con la manifestación sólo al día siguiente a través de los medios de comunicación colombianos. Mientras desayunaba el lunes en el hotel, CNN transmitía imágenes de la manifestación que, para mis amigos de otros países que asistieron al mismo evento que yo, resultaban inspiradoras y emocionantes: los mexicanos, finalmente, habían dado el paso para protestar contra Donald Trump. Sin embargo, al escuchar las cifras (como mexicano que conoce uno que otro dato sobre la ciudad donde vive), todo entusiasmo se venía para abajo. Alrededor de uno de cada mil marchó. Pero al leer la prensa escrita, las cantidades se hacían cada vez peores. Si tomamos en cuenta las cifras reportadas por Excélsior y la población de cada una de las ciudades constituidas en zonas metropolitanas para 2010, la proporción sería la siguiente:

Zona metropolitana Población Manifestantes Porcentaje de población que se manifestó Uno de cada…
Guadalajara 4,434,878 13,000 0.293% 341
Valle de México (Ciudad de México y alrededores) 20,116,842 20,000 0.099% 1,006
Pachuca 512,196 200 0.039% 2,561
Mérida 973,046 150 0.015% 6,487
Puebla-Tlaxcala 2,728,790 400 0.015% 6,822
Aguascalientes 932,369 100 0.011% 9,324
Colima-Villa de Álvarez 334,240 20 0.006% 16,712
León 1,609,504 50 0.003% 32,190
Tampico 859,419 10 0.001% 85,942

De todas las ciudades, sólo Guadalajara parece estar hablando en serio. Aun cuando la ciudad de México es una políticamente activa, llama la atención la baja cantidad de asistencia si comparamos la asistencia a la marcha con respecto a otros eventos. Asusta avistar que el rechazo a Trump convoca a tantas personas a reunirse en la Ciudad de México como la homofobia y el club de fútbol América en su peor racha futbolística en años (en un partido… wait for it… contra el Puebla). Otros eventos bastante menos trascendentes que el rechazo al presidente de Estados Unidos lo logran mucho mejor.

Evento Manifestantes Por cada manifestante contra Trump…
Marcha contra matrimonio gay (2016), datos gubernamentales 20,000 1
Partido América-Puebla (feb-2017) 20,645 1
Partido (final) América-Tigres (dic-2016) 100,000 5
Concierto de Justin Bieber en el Zócalo (2012) 210,000 11
Concierto de Alejandro Fernández en el Zócalo (2016) 300,000 15

Sin embargo, ¿qué tan sorpresiva es esta falta de respuesta en la capital? Sin haber yo estado en una posibilidad real de asistir o no a la manifestación, al escuchar la convocatoria hubo un pensamiento que tuve reiterado: todos los que convocaban hablaban de la unión. La excandidata panista a la jefatura de gobierno de esta ciudad, Isabel Miranda de Wallace, convocó a la marcha “Mexicanos Unidos”. El sitio en internet de los organizadores de otra marcha para el mismo día (mucho más exitosa), el colectivo de organizaciones de la sociedad civil “Vibra México” (vibramexico.com.mx), señala: “Es momento de que los ciudadanos sumemos esfuerzos y unamos voces”. El rector de la UNAM, Enrique Graue, convocaba a mostrar que los mexicanos estamos unidos. Cuando yo escuché esta declaración, mi rector me sonó al orador más priista de los priistas y, debo reconocer, le perdí mucho interés al proyecto.

El mantra no era defender a nuestros connacionales, no era exigir respeto (aunque estuviera mencionado como tema secundario en la narrativa de las manifestaciones), sino estar unidos. Para cualquiera con memoria ya no histórica, sino de unos años a la fecha, el lenguaje de la unidad es el del presidente Peña y el de su partido, el PRI. El 10 de febrero Peña celebraba la unidad de las marchas que se iban a realizar. Con motivo del centenario de la constitución, habló de unidad. En su mensaje de año nuevo, adornando el incremento del precio a los combustibles, nos deseó unidad. En la toma de protesta del presidente del PRI, a mediados de 2016, se habló de unidad. Cuando Beltrones presidía al PRI celebraba la unidad. César Camacho en 2015 valoró que los triunfos del PRI que presidía eran por la unidad. Cuando Moreira presidió al PRI que llevó a la presidencia a Peña Nieto, defendía la unidad de su partido. Sorprende que actores de la sociedad civil que más critican a quienes usan este lenguaje, sean justo quienes lo recuperen. No lo voy a esconder: genera desconfianza.

Ahora bien, ¿una manifestación, que ni siquiera es hecha por sus electores, parará las medidas de Donald Trump? Evidentemente no. En esa escala, con 20 mil, 100 mil o 300 mil personas, el efecto es casi intrascendente. ¿Pero en la escala nacional, podría tener efecto el salir a la calle a repetir el mantra priista aun si no es para apoyar a Peña Nieto? Probablemente sí. En México estamos acostumbrados a que el esfuerzo de uno puede ser aprovechado a su favor por los políticos, a que nuestros gobernantes difícilmente nos escuchan aunque haya marchas, que nuestra participación política no influye en gran medida (quitando las elecciones) en los resultados. Desde este punto de partida, me llama la atención la postura ingenua o dolida de los analistas políticos que participan en Vibra México. Más cuando ellos están en primera fila para saber qué tipo de palabras corresponden a qué actor político y, por lo tanto, cómo ciertas acciones parecen promover a ciertos personajes. La similitud es obvia, el error es grosero. El lenguaje debió haber sido otro. El esfuerzo se valora, el grado de civilidad que hubo sí que se aprecia, pero el lenguaje debió ser muy distinto. Expresarse como Peña Nieto, está probado, hoy no sirve ni para con Trump ni para apelar a los mexicanos.

Yo no quiero un México unido. Quiero un México diverso, que asuma sus diferencias, y exija su respeto tanto en su interior como alrededor del mundo. Es lo que yo propongo.


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¿Y ahora qué?

¿Qué ganan los cristianos?

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El ser humano existe entre elementos naturales y otros creados por sí mismo. Los prejuicios forman parte de esta última categoría. En el momento en que ni si quiera se cuestiona, sino se afirma, que una conducta dada no es “normal”, se olvida que, ante todo, la normalidad ha sido creada.

Existen una serie situaciones que en algún momento fueron normales, y por las que incluso los católicos lucharon para que fueran superadas. Cuando hablamos de que Miguel Hidalgo abolió la esclavitud, debemos tener en cuenta que lo hizo en un momento en que la esclavitud era una práctica bastante difundida a lo largo del mundo y que, incluso, aparece como algo normal dentro de la Biblia. Cuando pensamos en la persecución religiosa, no olvidemos que los cristianos la sufrieron por no ser normales en distintos reinos antiguos (y no tanto) como lo relata el nuevo testamento, pero tampoco dejemos de lado que los cristianos la ejercieron por siglos en sus dominios y que, sin embargo, aquellos holocaustos por motivos religiosos ya han dejado de ser normales. El primer bombardeo de ciudades que tengo referido, resulta haber sido a manos de Yahvé contra Sodoma y Gomorra; pero en lo personal no conozco a un católico que considere normal ni deseable arrojarle a otro ser humano fuego desde el cielo, ya se trate de Hiroshima, Guipúzcoa o zonas de civiles en Afganistán.

Resulta, pues, paradójica, la efervescencia que ha causado ir contra el matrimonio de homosexuales entre grupos católicos. No entraré a la polémica de si la homosexualidad es natural o no (aunque, francamente, habiendo conductas homosexuales en otros animales, no veo por dónde pueda caminar ese argumento; no sé en cambio de una sola especie que se haya entregado a mitos y dioses aparte de la nuestra). El punto es, de todos los “pecados” (acciones contrarias a la normalidad que, según la jerarquía católica, resultan ofensivas a su dios), ¿por qué esa reacción tan furiosa contra el matrimonio y la sexualidad homosexual? No seré tampoco injusto afirmando que ni feligreses ni una que otra autoridad se haya indignado con temas como el abuso infantil, la corrupción o la indiferencia de las autoridades civiles hacia los migrantes. Pero ninguno de aquellos temas ha sacado a un millón de personas a las calles, ni había llevado a sus mismos organizadores a comparar sus movilizaciones con la guerra cristera.

Seamos francos: la cópula (heterosexual u homosexual) suele realizarse en privado (por lo que no veo cómo la castidad a la que llama la iglesia católica a los homosexuales beneficio en algo a nadie), el riesgo de que los niños criados en un matrimonio homosexual sean estigmatizados sólo es cierto porque existen familias que educan a sus hijos para prejuzgar y agredir a otros, y la salida a la calle de estos grupos que dicen estar haciendo uso de su libertad de expresión resulta demandar se le restrinjan a otros sus libertades. Parece que la única consigna razonable, y de la que no son corresponsables (pues es real el peligro del acoso a niños de parejas homosexuales cuando hay un millón de personas en la calle incitando a la intolerancia), es que la etimología de la palabra matrimonio proviene de la palabra madre. Obviamente una pareja homosexual no procrea; pero si su preocupación etimólogica fuera tan notable, ya se les ha hecho tarde para pedir que los heterosexuales que no quieran tener hijos no puedan casarse tampoco.

En algo más se han demorado: la Suprema Corte ya se ha pronunció al respecto del matrimonio igualitario, declarando inconstitucionales los códigos civiles que se opongan a él, y eso fue hace más de un año. El mismo presidente Peña Nieto lo ha dicho. Su propuesta va sólo en el sentido de “incorporar con toda claridad” en el texto de la constitucional lo que ya es asunto juzgado por la Suprema Corte.

Si ya es legal desde hace más de un año el matrimonio igualitario (es decir, tan legal el heterosexual como el homosexual en todo el país), ¿quién gana con estas movilizaciones? Evidentemente no los heterosexuales en su conjunto, tampoco el millón de personas que salen engañadas a la calle pensando que pueden parar un gol que se metió en su portería hace un año. Hay, en cambio, gente desde la iglesia y la prensa que han calificado al movimiento como uno de dimensiones semejantes a la rebelión cristera. Alguien, que prefiere hablar de homosexualidad que de sus propios abusos y corrupción, está estrenando plumas de pavorreal, y quiere verse más grande y más de lo que es.

A estas fechas, y aproximándose elecciones importantes, lo único que está verdaderamente en juego es demostrar, por un lado, la capacidad de movilización de las iglesias cristianas (incluyendo a la católica) en el país, pero también la cohesión del PRI en torno al presidente que mandó la iniciativa al Congreso. Reitero, el matrimonio igualitario es algo permitido desde hace un año en este país, y el hecho de que no pase la iniciativa presidencial no implica que ese avance vaya a perderse. Pero esto no es algo que se les esté planteando a los feligreses. Una vez más (y en eso sí parece la cristiada) la iglesia los está engañando.


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¿En algún momento, cualquiera, Jesús condenó la homosexualidad? ¿Por qué no defiende la iglesia modelos de familia como el de las hijas de Lot que tienen relaciones sexuales, pero sí toma como causa propia la “sodomía” que se refiere en el mismo libro? ¿Quién define la agenda política de la iglesia católica mexicana? ¿Qué otros intereses partidistas, o posibles alianzas, entraron en juego en la iniciativa presidencial o como consecuencia de ésta?

Ser secretario de la Función Pública, ¿tiene ciencia o mucha fantasía?

En una encuesta de la revista Líderes Mexicanos difundida esta semana por El Financiero, el 68% de los líderes del país considera que el próximo presidente de México debe ser honesto. El atributo que aparece en segundo lugar de esa lista, con sólo la mitad de menciones, es la inteligencia. En conclusión, es clara la urgencia de líderes honestos en este país. Pero decir que todos los políticos en México son corruptos es una ofensa a la lógica: ¿qué políticos?, ¿cómo lo sabemos? Nos enteramos del escándalo de algunos, no obstante habiendo miles y miles de políticos, ni el periodicazo toca a todos ni el hecho de que salga impreso significa que sea cierto. Si hay ciudadanos honestos, puede que varios de ellos estén en el gobierno o en algún partido. Pero ciertamente hay otros personajes que son absolutamente ofensivos a la lógica, que sólo es posible mirarlos desde la fantasía. Vayamos primero a las suposiciones y más tarde a los hechos.

Suposiciones: cualquiera con dos dedos de frente (uno para sostener la calculadora y otro más para picarle los botones) tendría algunas dudas de que la casa localizada en Sierra Gorda 150, con valor aproximado de $86,043,000, fuera un bien adquirido en absoluta legalidad por Angélica Rivera, esposa del presidente Peña Nieto; más aun si consideramos que la propiedad nominalmente estaba a cargo la firma contratista favorita del mandatario. Angélica Rivera, mejor conocida como la Gaviota, nos hizo el favor (considerando que no era su obligación declarar sus bienes, contrario a lo que indica el artículo 43 de la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos) de echar drama frente a las cámaras mientras justificaba sus posesiones. Pero, a pesar de las investigaciones de Carmen Aristegui y su equipo acerca de la casa, que sugerían no sin fundamentos un conflicto de interés en la adquisición de aquella propiedad, en la realidad no se llegó a nada. Pero la fantasía es mucho más activa en México que Presidencia.

Meme Virgilio Andrade - Frodo

En el ingenio mexicano ocurrieron muchas cosas. Hitler se enteró de la casa de la Gaviota, aunque luego se enteró también, muy a su disgusto, de que se desharía de ella. Actrices y actores de Hollywood decidieron migrar a Televisa, la casa se financió gracias a vender AVON con una ayudadita de créditos mancomunados del Fovissste y el Infonavit, e incluso apareció un movimiento llamado #ExigimosUnMunicipioParaChabelo, quien llevaba más tiempo haciendo televisión.

Vayamos a los hechos: todo hubiera terminado ahí, con las mismas dudas y nada más algo de descrédito, si Peña Nieto no hubiera anunciado que un nuevo subordinado suyo, en el papel de secretario de la Función Pública, lo investigaría a él, a su esposa y al secretario de Hacienda, implicado en un asunto semejante, para determinar si alguno había tenido conflicto de interés al hacerse de propiedades. Ello sin mencionar que ese mismo día el presidente arrojó su frase de desencanto o reproche a los periodistas cuando, al final de la sesión, tras anunciar su decisión… ¿valiente?, aseveró con disgusto: “¡ya sé que no aplauden!”.  ¡Pero si no son porra, son periodistas!, y sabemos que no aplauden, ¿para qué comentarlo? La situación se complicó más cuando el secretario de la Función Pública recién nombrado, Virgilio Andrade, comentó:

[El secretario de Hacienda] Luis Videgaray es amigo mío desde la universidad. Incluso, desde antes. Somos amigos desde 1987. ¿Hay conflicto de interés? No he trabajado con él, no es mi jefe, estoy metido frente a la ley teniendo una responsabilidad pública, impugnable y denunciable.

En ese sentido, la hipótesis del conflicto de interés se diluye completamente desde el momento en que existen instituciones y las instituciones responden a las leyes y son observadas por otros poderes.

No hay ninguna situación que pueda generar ese conflicto de interés…

¿Cómo iba a investigar sobre conflictos de interés de otras personas alguien incapaz de ver que tenía uno al ser el juez no sólo de su amigo, sino además de su jefe, con el que actualmente se encuentra trabajando? No sé si gran parte del público mexicano registró esos aspectos, pero lo que sí detectó (a través de un hitazo de El Deforma, sitio de noticias falsas) es que el presidente había contratado a un tal Frodo, el de El señor de los anillos, no para investigarlo, sino para eximirlo a él y a sus allegados de cualquier responsabilidad. ¡Ah! Y para aplaudirle.

Meme Virgilio Andrade YaSéQueNoAplauden

El final fue el previsible: el amigo del otro secretario, que era al mismo tiempo el subordinado del presidente y del marido, exoneró a todos. Francamente, con un amigo investigando al otro y al patrón, es raro que se comprueben actos ilegales; pero más extraño aún sería creer que no los hubo. Nuevamente, todo pudo haber quedado en un lodoso anécdota, pero en vez de darle vuelta al asunto y cuidarse mejor las espaldas, tanto el presidente como el secretario de la Función Pública hicieron de la corrupción un tema en sus discursos.

Para el presidente mexicano, la corrupción es un asunto cultural. Y aquí voy a ser sincero, dejemos de lado quién dice qué para enfocarnos mejor en qué se dice. Si pensamos que la corrupción tiene un componente cultural, coincido, pero como cada aspecto cultural, éste se inhibe o se incentiva según otras condiciones (en las que, por cierto, quienes acumulan más poder; ejemplo, el presidente; influyen de manera determinante). Como quiera que sea, al menos en su discurso sobre corrupción, Peña no está nada perdido, pero sí fuera de lugar en su declaración. Porque el perdido, y ahí es donde todo se derrumba, y donde deja de ser un aspecto cultural para volverse uno gubernamental y de estructuras, es quien la combate (nombrado, cabe resaltarlo, por el propio presidente).

Virgilio Andrade títere

El pasado 11 de abril el mismo Virgilio Andrade aseveró (paradójicamente, en un evento sobre el Sistema Nacional Anticorrupción) que “el asunto de la corrupción no es un tema racial, sí es un tema cultural, pero cultural como seres humanos”. Desglosemos la frase del secretario.

  1. La corrupción no es un tema racial. Por principio de cuentas, las razas no existen desde un punto de vista biológico, sólo como construcción social de clasificación, frecuentemente de discriminación, entonces… ¿de veras?, ¿el secretario está aseverando que sí existen las razas o que son una categoría de análisis adecuada, que vale la pena considerar, para los problemas del país?
  2. La corrupción sí es un tema cultural. Aquí no diré nada. Vamos al punto 3.
  3. La corrupción es cultural como seres humanos. ¡Eso sí que es un bombazo! Explico por qué.

Si la corrupción es cultural “como seres humanos”, entonces todas las culturas humanas y todos los seres humanos tenderíamos a serlo. ¿Él también? (Cuenta regresiva para que le salga un meme de que él sí es honesto por ser hobbit). Y si no se puede hacer nada, ¿para qué el Sistema Nacional Anticorrupción?, ¿para qué la Secretaría de la Función Pública?, y, sobre todo, ¿para qué él? ¿Le pagamos $139,648 libres de impuestos al mes para que diga que no se puede? Si el secretario de Salud afirmara que de todos modos las personas nos vamos a morir, que no pidamos mucho del Sistema Nacional de Salud, en vez de presentarse a su oficina debería ir presentando la renuncia. ¿Y si el de Educación nos dijera que para qué las escuelas, al fin que a los niños ni les gusta?

Virgilio Andrade Panama Papers

@monerorape

Todo lo anterior dicho ya no podría haberse quedado en anécdota, pero no perdió oportunidad de acrecentarlo. El viernes pasado, en París, el secretario declaró que México, “en un contexto de creciente desconfianza ciudadana en sus gobiernos”, proponía a la OCDE y al G-20 reforzar “la dimensión de la ética y la integridad” “y “la dimensión de la aplicación de las sanciones con base en autoridades imparciales”. Cuando dice que “en Europa el debate tiene mucha centralidad y México es de los principales invitados a esta reflexión en virtud de las reformas que ha emprendido en materia de transparencia y para la creación del sistema nacional anticorrupción”, ¿se refiere a que nos invitan para ayudarnos o para que nosotros les ayudemos a ellos?, porque la segunda es comiquísima. ¿A quién le habla este señor?

En fin, en medio de esta realidad de fantasía, lo único claro es que al secretario le va peor en los micrófonos que en los memes, donde se dice todo cuando no podemos hacer nada. Y a nosotros, ¿cómo nos va con él?

Meme Virgilio Andrade beso


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¿Quien bien te quiere te hará llorar? ¿Dichosos los que sufren porque de ellos es el reino de los cielos? ¿Al mal tiempo buena cara? Si Fox, Bush, Harper, Jimmy Morales, Evo Morales, Hugo Chávez, Peña, Maduro, Menem, Fernández… han llegado al poder con esta suerte de desatinos, ¿Virgilio Andrade es nuestro caballo negro más presidenciable? ¿Es el mejor que encontró Peña? ¿Para quién?

¿Y qué dice lo que hacen frente al Papa?

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Fuente de la fotografía: Presidencia.

Anoche dejó el territorio nacional el papa Francisco. Su visita dejó muchos mensajes. Varios de ellos, sin embargo, no dichos por el pontífice, sino por los demás actores en templete y primera fila.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala en su artículo 24: “Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad [de culto] con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política”. Señala también en los artículos 115 y 40, que “Los estados adoptarán, para su régimen interior, la forma de gobierno (…) laico” y que “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República (…) laica”. Pero aunque sea voluntad de quienes formamos parte de este país tener un Estado laico (no sé si por convicción de todos, pero al menos sí por ley), no fue demostrado por quienes dirigen ni esos estados ni esta república.

Entre estas acciones se cuenta la asistencia de Enrique Peña Nieto en primera fila (lo que le dio una posición privilegiada para ser visto) a la misa oficiada por Francisco I en la Basílica de Guadalupe. Restarle un matiz político a esa combinación de posibilidades (y, como mandatario, no haber pedido por prudencia el cambio del asiento) sería una simpleza. Pero aparte de acciones hubo dichos. Frases del discurso de bienvenida como “las causas del Papa son también las causas de México” o “Su Santidad, México lo quiere”, le escriben la tilde encima a lo que Peña quería ponerle acento. Y aún fue más allá. Le dijo: se encontrará con un pueblo generoso y hospitalario. Un pueblo orgullosamente guadalupano. Éste es el México que lo recibe con el corazón y con los brazos abiertos”. Léase de las palabras del presidente: México está con las causas del Papa, no de Jorge Mario Bergoglio. Léase: Su Santidad; ¿no causaría revuelo que nuestro presidente le hablara al rey de España diciéndole Su Majestad?, ¿por qué Su Santidad sí es permitido? Léase: ¿qué el 17% de los mexicanos que no somos católicos, y los no orgullosamente guadalupanos, no somos parte de ese pueblo fantástico que pinta Peña Nieto?

Es cierto: cada mensaje del presidente resulta impreciso frente a la realidad que se vive fuera de sus informes, de los vecindarios donde viven sus secretarios. Y aunque se puede comprender (no justificar) que ciertas verdades maquilladas tengan algún efecto positivo macroeconómico, político, turístico o como ejercicio del ciudadano presidente para producir confianza en sí mismo; ¿qué gana haciéndonos en su discurso guadalupanos a todos? ¿No estimó que un margen de error de 17% sobre quiénes son seguidores religiosos de Francisco I es grosero para toda estadística, y grosero para todos a quienes nos pinta la fachada de guadalupanos, nos poda en forma de cruz, nos asfalta por encima de la libertad de culto, para cuando pase por aquí el papa Francisco?

Hablemos de otros mensajes. ¿Qué quizá decir el gobernador de Chiapas (donde el 42% no es católico), Manuel Velasco, besándole la la mano?; ¿qué nos comunicó el gobierno de Miguel Ángel Mancera (autor de una desafortunada selfie papal) imprimiendo avisos del sistema de transporte colectivo en que se refieren al mandatario del Vaticano como “Su Santidad”, por no mencionar los letreros de bienvenida al pontífice en los vagones y estaciones del metro por donde evidentemente no pasó?; ¿a qué responde la publicidad del gobierno de Michoacán de Silvano Aureoles inundando la capital del país, haciendo una invitación sin sentido a que los capitalinos que iban a tener al papa todos los días en la ciudad (en eventos públicos y traslados de ida y vuelta al aeropuerto) viajaran Michoacán para verlo ahí? Dicho de otro modo, fue como ofrecerle un viaje en taxi al que va conduciendo su automóvil, fue como vendernos aire.

Quien sí se lo compró, por ejemplo, fue Belinda, la cantante invitada por la primera dama para hacerle un disco al papa. Así es, Angélica Rivera se dedica ahora a eso. Y no es poca cosa, porque en palabras de la primera dama sería para llegarle al papa al corazón. En esa aura de amor y santidad, en Michoacán, Belinda fue a sentarse en el lugar reservado para enfermos y personas con discapacidad. Por si cantando no llega al corazón del papa, con sus deplorables acciones llegaría unos metros más cerca. Por otra parte, en Ciudad Juárez, localidad que también visitó, la gente bromeaba con que el primer milagro del papa argentino es que las autoridades hicieran algo por mejorar la imagen urbana de los lugares por donde pasaría. Los gobiernos locales le tienen más miedo a lo que vea la prensa que a lo que vea todos los días su electorado.

Es cierto: ninguna de estas anécdotas destruyó las instituciones de la república o de los estados. Pero lo que también es verdad es que la organización de una entidad política también tiene que ver con el gasto público, y no fue laico. Tiene que ver con el público al que se deben las instituciones, y no es ni al papa ni a los papa-fans. Tiene que ver con respetar la Constitución que juraron nuestros gobernantes para ejercer su cargo. ¿Qué no estarán dispuestos a hacer ganarse en el siguiente? Si por tener mayor visibilidad política se derrocha el dinero y se viola la carta magna, ¿por qué no ocurrirá con la legislación electoral si violarla les facilita el puesto y, frente a la constitución, hasta romperla es poca cosa?


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¿Fue la visita del papa y el gasto millonario en publicidad de Michoacán y la Ciudad de México el inicio de la contienda presidencial entre los perredistas Silvano Aureoles y Miguel Ángel Mancera? ¿Aplica el dicho de que las naciones tienen los gobiernos que se merecen, a que los mexicanos tenemos la primera dama que nos merecemos? ¿Se le puede llegar al corazón a alguien con un disco de pop con cantantes como Belinda? ¿Realmente, como se dice, hay más guadalupanos que católicos? ¿Qué es ser católico para los católicos? ¿Qué pensará Francisco I?