¿Es divertido derretir los polos?

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Miguel Ángel Mancera en la inauguración de la pista de hielo del Zócalo, diciembre de 2013. Fuente: Notimex.

Mientras Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno del Distrito Federal, buscaba los aplausos de los ambientalistas en París durante la COP 21 (diciembre de 2015), su administración buscaba la aprobación del resto de la opinión pública mexicana. En esas fechas se estaba preparando la inauguración de la ya tradicional pista de hielo a la intemperie del Zócalo (la plaza mayor de la ciudad de México). Aunque la oficina del jefe de gobierno declaró en un comunicado que “las instalaciones [de la pista de hielo] están basadas en el diseño y desarrollo de ingenierías de alta tecnología y sustentabilidad única, utilizando menor gasto de energía”, no se puede pasar por alto que la pista consistió en “4,616 m2 de área congelada en una instalación nunca vista en México ni el mundo”. Mantener media hectárea de hielo en una región tropical (incluso desde antes de la llegada del invierno), comparado con los discursos hechos en París, no parece nada sustentable.

Pero este tipo de ocurrencias que (en alguna medida) contribuyen al cambio climático global, no sólo suceden en el gobierno. La idea de jugar a tener hielo en la ciudad a costa del hielo del planeta ocurre hasta en la escala más doméstica (donde la responsabilidad es de los ciudadanos). ¿Quién no ha visto una casa adornada con muñecos de nieve inflables (que llegan de China) como ocurre en las películas (que vienen de los Estados Unidos)?, ¿o árboles navideños escarchados con productos de los que desconocemos su huella ecológica?, ¿o fachadas llenas de luces navideñas (como si no hubiera un mañana en que llegara la factura de la electricidad)? Pero nuestra cultura de masas a la que uno puede entrar pagando cover ha encontrado expresiones todavía más elaboradas, y al mismo tiempo más burdas, disponibles, aparte, todo el año. Destruir el planeta no es algo que deba reservarse para fechas especiales.

El fin de semana pasado, compromisos sociales me llevaron a cruzar la puerta de vidrio que queda entre la acera de la calle Nuevo León y un letrero donde se lee Artic Bar. Detrás de ella se encuentra un bar que quiere ser un antro, con sillones que buscan lucir como las cebras y un enorme refrigerador que, con sus paredes interiores cubiertas de hielo y un poquito más de arquitectura, se erige como la sala distintiva del lugar. Del resto no hay nada que decir: piñas coladas para matar diabéticos, cadeneros clasistas, una zona general poco más amplia que el andén central de metro Chabacano y ruido como si todos los vendedores de discos pirata descubrieran que les queda un día de vida.

Pero hablemos de lo mejor del sitio… la sala de hielo (el refrigerador): a una temperatura que permanentemente ronda los -20°C (unos 30 o 35°C por debajo de la temperatura ambiental), las personas entran con chamarras que les provee el staff, se sienten en Helsinki sin salir del Distrito Federal y toman selfies en un tipo de iglú bajo un letrero que dice: “Artic Bar Mexico Finlandia” (curiosamente, lo único que sí está en español, y no inglés, y no en finés, es la palabra Finlandia). Desprecio aparte, es increíble cómo un lugar que ofrece aspectos de incomodidad (espacios mal distribuidos, frío, malas bebidas y un personal que a veces se vuelve de trato desagradable) se convierte en algo positivo en la medida en que es una demostración pública de excentricidad o dispendio.

Independientemente de que el establecimiento pague su recibo de electricidad, el grado de snobismo de lugares como éste es algo que terminamos sufragando quienes compartimos el clima a escala mundial: por ejemplo, los niños de Kiribati. Las ganas de poner focos en la fachada que emulen nieve derritiéndose contribuyen a que la de otras latitudes se deshaga. La pista de hielo conlleva deshielo. Seamos gobierno, empresarios o simples ciudadanos, nuestro aburrimiento, autoestima y frustraciones generan externalidades ambientales.


Museo de las Preguntas

¿Está más loco el clima que nosotros? ¿Cuánta electricidad consumen la pista de hielo o Artic Bar¿Debería este establecimiento pagar un impuesto especial a razón de su dispendio lúdico energético? ¿El frío se soporta mejor con una pista de hielo o con abrazos? ¿Sirve de algo distinguir que hay hielo y nieve en estado de cautiverio y en estado salvaje? ¿Jugar a tener hielo (a costa de contribuir a que desaparezca en otras latitudes) es equiparable a tener trofeos de caza que implicaron la desaparición de un espécimen de su ecosistema?

Nota: al momento de publicar este texto he dirigido una solicitud de información a diversas dependencias del Distrito Federal para conocer el consumo de energía de la pista de hielo; los resultados los estaré informando.