¿De dónde vienen los bebés pobres?

El año pasado, el Coneval hizo público que la pobreza en México había incrementado de 2012 a 2014, pasando del 45.5% al 46.2% de la población, creciendo a una tasa anual del 0.77%. Si la tendencia continuara hasta concluir 2016, acabaríamos el año con 46.9% de nuestra población en algún grado de pobreza. Sin embargo, el mismo Coneval junto con Unicef publicaron en días pasados que, a diferencia de la población en general, más de la mitad de la población infantil vive en estado de pobreza. La cifra dada es de 21.4 millones de niñas y niños, es decir, el 53.9% de la población por debajo de los 18 años. Para evaluar la pobreza, esta encuesta considera los siguientes aspectos: que el menor tenga acceso a educación, salud, seguridad social, una vivienda de calidad y con servicios básicos, y alimentación. La carencia de uno de ellos lo sitúa en algún grado de pobreza. La pregunta evidente es: ¿por qué hay proporcionalmente más niños que adultos en dicha situación?

Pobreza infantil

Fuente: plumaslibres.com.mx.

La propuesta que planteo para abordar esta problemática resulta preocupante. Las personas que viven en contextos más desfavorecido tienen más hijos que quienes viven en mejores situaciones. No perdamos de vista: es su derecho tenerlos. El artículo cuarto constitucional indica a la letra: “Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos”. Sin embargo, la gestación de hijos, ¿es siempre una decisión?, ¿todas las personas cuentan con información al respecto?, ¿qué es y qué no es una manera responsable?

Si realizamos una visita a las estadísticas que obsequia el Censo de Población y Vivienda de 2010, nos encontramos, en primer lugar, con que el nivel educativo de las mujeres está estrechamente vinculado con el número de hijos que tendrán. De entre las mujeres de 30 a 49 años al momento del censo, las que tenían mayor probabilidad de no tener hijos, o tener máximo uno, eran aquellas con estudios universitarios. Por el contrario, tres de cada diez mujeres sin escolaridad habían tenido 6 o más hijos nacidos vivos. Es decir, una probabilidad 99 veces mayor que alguien con educación superior. Mientras que en los hogares con progenitores universitarios las ventajas de su posición social se concentran en uno o dos niños, las pocas oportunidades que ya de por sí otorga que los padres no tengan ningún tipo de instrucción, o una instrucción básica, se tienen que repartir entre muchos hermanos. Tan sólo por arrojar un dato, no concluir la educación básica impacta en que un adulto ingrese $1274 (MXN) menos que quien sí lo hizo; si además de ingresar menos debe dividirlo entre más, la presión presente asfixia el futuro de la infancia más desfavorecida. Por lo tanto, la diferencia entre las herencias que reciben los hijos de los más beneficiados, frente a las que recibe la mayor parte de quienes nacen en este país, perduran las desventajas de unos y los privilegios de los otros. Sin mediación del Estado, el único resultado posible sería un inminente incremento de la desigualdad.

Hijos nacidos vivos entre mujeres de 30 a 49 años por nivel educativo (2010)

Elaboración propia con base en INEGI (2010). Censo de Población y Vivienda.

No obstante, no sólo el contexto educativo familiar se vincula con las oportunidades limitadas que los niños de familias numerosas tendrán a lo largo de su vida. Estadísticamente, las familias con cinco hijos o más tienen su origen, predominantemente, en localidades de menos de 2,500 habitantes. Es decir, aquellas en las que los servicios educativos y de salud (indispensables para la educación sexual y la planificación de la familia) suelen ser escasos o inexistentes. Se podrá argumentar que el tamaño de la población no es el factor determinante: municipios como San Sebastián Tutla, Oax., y Aquiles Serdán, Chih., a veces se cuelan entre los primeros lugares de Desarrollo Humano a nivel nacional, con poblaciones de poco más de 16 mil y 10 mil habitantes; pero lo que también es un hecho es que los municipios más poblados del país nunca aparecen en las zonas más bajas de la tabla. En contraste con las localidades más pequeñas, en las mayores lo que predomina son las familias con no más de tres hijos. Si al hecho de que las personas que han tenido menos oportunidades son las que tienen más hijos, añadimos que, además, suelen vivir lejos de equipamientos y servicios que les facilitarían la inclusión en la sociedad; la reproducción de la pobreza se convierte en un fenómeno que parece irrevocable sin una estrategia territorial.

Mujeres de doce años y más agrupadas por tamaño de localidad de residencia y número de hijos nacidos vivos

Elaboración propia con base en INEGI (2010). Censo de Población y Vivienda.

El lugar común sería responsabilizar al gobierno de no llegar con los derechos más fundamentales al último rincón del territorio nacional y exigir que todas las localidades cuenten con los servicios básicos. Pero ahí va la sorpresa: con base en datos de la OCDE y del INEGI, se puede estimar que en México hay alrededor de 263 mil médicos. Imaginemos que colocáramos a un médico por localidad (es decir, uno solo en la ciudad de México, uno solo en Acapulco, uno solo en El Suspiro, Ags., y uno nada más en cualquiera de las localidades sin nombre que hay en Sonora; es decir, asignar la misma cantidad de médicos a todas las localidades del país: uno). De acuerdo con el INEGI, México cuenta con 304,477 localidades de todos los tamaños. Es decir, que casi 50 mil localidades quedarían sin ningún tipo de cobertura médica. Si pensáramos en términos de maestros, habría sólo tres profesores de educación primaria y secundaria por localidad. Con eso no se cubre ni cuarto de primaria, además de que, evidentemente, destinar un profesor o personal de salud a una localidad remota, con todo el material que necesitan, es caro, ineficaz y poco atractivo para quienes brindan esos servicios, y de que los asentamientos donde resulta más barato y atractivo asignarlos (las ciudades medias y grandes) requieren también de sus servicios.

Un segundo lugar común al que podríamos llegar en esta reflexión sería considerar que en las localidades más pequeñas, donde aún juega un importante papel la economía agropecuaria, las personas desean tener hijos para emplearlos como mano de obra en el campo, cuando, en realidad, quienes se dedican a estas actividades en nuestro país no son ni niños ni jóvenes: por cada menor de edad que trabaja en el campo, hay diez adultos mayores de 85 años dedicados a esta actividad. Consideremos, pues, la posibilidad de que el no usar métodos anticonceptivos sea por no tener acceso a métodos anticonceptivos asequibles o a la información necesaria para pedirlos y utilizarlos. Hay elementos que nos deberían hacer considerar esta hipótesis en serio.

Mientras no se logre una cobertura suficiente de servicios de educación y salud, y por lo tanto de educación sexual y planificación familiar, de acuerdo con nuestra experiencia estaremos frente a un escenario en que la mayor parte de los niños nazca en contextos familiares y territoriales desfavorables, donde brindarles oportunidades para su desarrollo resulta desmedidamente difícil, condenándolos así a la pobreza.

Una alternativa podría ser la reubicación voluntaria de la población más vulnerable por su localización remota o por radicar en zonas que se han visto empobrecidas por el látigo de la violencia. Para ello es necesario contar con reservas territoriales, programas de vivienda accesibles y de reparto agrario, en zonas donde sea posible congregar el suficiente número de personas para proveerles servicios más eficientes y a menor costo para el erario. Existen experiencias de reubicación en el pasado que fueron exitosas: desde las congregaciones durante la colonia después del azote de las epidemias, que devastó demográficamente a una inmensidad de localidades indígenas, haciendo más prudente el agruparlas, como también el reparto agrario cardenista, fundando ejidos a los que las personas se desplazaban para volver a comenzar con mejores oportunidades de vida.

Queda claro que los bebés pobres no vienen en cigüeña de París, sino de familias en condiciones sociales y territoriales que dificultan aún más la emergencia de los niños hacia condiciones de vida más felices. Pero sabiendo de dónde vienen, si existe voluntad, se les puede dar la oportunidad de a dónde ir. Son más de la mitad. Su destino está engarzado con el de todo México. Si siguen siendo víctimas y producto de la desigualdad, el país también lo seguirá siendo.


Museo de las preguntas

¿Qué puede hacer un ciudadano común en el tema de la pobreza? ¿Qué probabilidad tiene en la actualidad un adulto pobreza de salir de esa condición por sí mismo? ¿Es más probable ganarse la lotería o ascender desde el decil más bajo de ingreso hasta el más alto a lo largo de una vida? ¿Qué tan determinadas están la corrupción y la impunidad por la distribución del poder y la riqueza? ¿Qué tan determinadas están la distribución del poder y la riqueza por la corrupción y la impunidad?

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