¿La Historia la hacen los vencedores o… los bestsellers?

Viernes. Horas antes he pasado frente a una tienda Sanborns con un anuncio ancho como toda su ventana, tan amplia también como las expectativas que el anuncio genera. Pero el producto a la venta, un libro de Historia, se para en el vacío. Los conocedores lo desarman. ¿Y si yo lo hubiera comprado, engañado por la publicidad, pensando que sus contenidos eran serios? Me conecto al chat de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), instancia encargada de defender a quien compra bienes o servicios, para averiguarlo.

Asesor Profeco: [16:37] :Buenas tardes, le atiende Ribyn Evaristo
Consumidor [16:38] :Buenas tardes, le indico el problema que quisiera consultar con usted.
Consumidor [16:38] :Deseo saber si la Profeco puede recibir una queja sobre libros que no son lo que anuncian. 1/6
Consumidor [16:38] :Estos libros afirman aclarar mentiras contadas por la Historia oficial. 2/6
Consumidor [16:38] :El contenido de los mismos presenta errores que impiden la función para la que fue escrito. 3/6
Consumidor [16:38] :Estos errores están identificados por historiadores reconocidos, puedo proporcionar documentos. 4/6
Consumidor [16:38] :Por lo tanto, como consumidor, al adquirir esos libros, no estoy recibiendo lo que se me ofrece. 5/6
Consumidor [16:39] :¿Qué procede a través de la Profeco? ¿O qué dependencia es competente? 6/6
Asesor Profeco: [16:39] :eso libros quien los imparte la sep [Secretaría de Educación Pública] ?
Consumidor [16:40] :No. Justo afirman ser la contraparte a la SEP. Los escribió el señor Francisco Martín Moreno.

Pero comencemos no distorsionando las cosas: Francisco Martín Moreno se declara como un NO historiador. Habla en otros términos de sí mismo: “No soy historiador. Si acaso, soy un investigador que, con los elementos a mi alcance, pretendo acercarme a la verdad histórica” (¡nadie se mueva ni se burle si le recuerda al exprocurador Murillo Karam!). Sobre su último libro, México engañado (el anunciado en Sanborns), su autor escribe: “Muy querido lector: me atrevo a poner en tus manos, y en las de los ciudadanos de México interesados en conocer las omisiones, embustes y verdades a medias, difundidas por la dolosa historia oficial, mi libro México engañado, en el que me he propuesto revelar algunas de las falsedades, ocultamientos y agresiones al conocimiento y a la inteligencia de los niños, contenidos en los libros de texto gratuitos de la SEP, correspondientes al cuarto y quinto años de primaria del ciclo escolar 2015”.

libro-mexico-enganado-autor-francisco-martin-moreno-976311-MLM20541721209_012016-O

Lo curioso es que este Moreno, en su fallido intento de dar por concluida una tarea sensible como develar las omisiones, embustes y verdades a medias de los libros de texto, ha orillado a historiadores serios a comentar las agresiones al conocimiento y a la inteligencia contenidas en los libros que él ha escrito. Lo dicen voces más autorizadas que la mía. Pedro Salmerón califica México engañado como “Un libro montado sobre errores graves, manipulaciones groseras y la presunción de descubrir a cada paso el agua tibia y mostrar como novedad lo que es bien conocido por cualquier lector de historia”. Lorenzo Meyer (señala el mismo Francisco Martín Moreno) comentó que México negro era una “pinche fumada”. Manuel Ramos Medina condena su serie Arrebatos carnales dado que  “La Historia no pretende ser un chisme. Menos una transmisión de la imaginación de un individuo” transformada en una serie de libros y que es maquillada de tal forma que “el público cree que es verdad”. Sin embargo, no todos los comentarios de historiadores son totalmente negativos. Paco Ignacio Taibo II reconoce que Moreno “es un muy buen divulgador, pero divulga puras pendejadas”. Hay consenso.

Las estafas de Moreno (y sus editores, en este caso) no sólo son de contenido, sino hasta en los títulos de sus obras. Sobre 100 mitos de la Historia de México Luis Villegas Montes comenta: “Lo compra usted, rompe el celofán y la primera página nos asalta con esta leyenda: ‘100 Mitos de la Historia de México I’, ajajá, chingüengüenchón, o séase que los primeros cien mitos no son cien, son nomás 49; los otros 51 nos los queda a deber. Lo de menos es que esté escrito en 1 o 2 tomos -su veneno podría caber en veinte-, el asunto es (…) que no advierta al lector (…) que si desea leerlos todos deberá comprar dos libros y no uno”. No obstante, no todo son embustes con Francisco Martín Moreno. Al ponerle a su último libro México engañado, hay que reconocer que vende lo que anuncia.

Pensar que la Historia la hacen los vencedores es una visión muy limitada… ¿pero que la hagan los autores de bestsellers? Fue cuando contacté a la Profeco. Trece minutos después me resolvían (incluyo imágenes de la conversación):

Asesor Profeco: [16:53] :le explico, todo proveedor está obligado a informar y respetar los precios, tarifas, garantías, cantidades, calidades, medidas, intereses, cargos, términos, plazos, fechas, modalidades, reservaciones y demás condiciones conforme a las cuales se hubiera ofrecido, obligado o convenido con el consumidor la entrega del bien o prestación del servicio, y bajo ninguna circunstancia serán negados estos bienes o servicios a persona alguna. sobre el proveedor solo esta incumpliendo en la historia?
Asesor Profeco: [16:54] :de lo anterior en que incumple el proveedor?
Consumidor [16:56] :Incumple en la calidad de los contenidos, tomando por referencia el alcance de lo que pretende ser el producto.
Asesor Profeco: [16:58] :En atención a su consulta, le comento que usted puede presentar una queja en la delegación de PROFECO, por la deficiencia del producto adquirido tomando en consideración lo que usted argumenta.

Lo anterior no significa que la queja vaya a ser resuelta a favor, pero sí que al menos es procedente. Para mayor información sobre cómo ingresar una queja, visítese http://www.profeco.gob.mx/verificacion/quejas_denun.asp; para hablar con un asesor de la Profeco, http://www.telefonodelconsumidor.gob.mx/.

Criticar un libro por sus contenidos y plantear su reclamo ante instancias gubernamentales (especialmente cuando su autor intenta liberar nuestras mentes de la educación estatal) tiene sin duda un sabor polémico. Parece lindar entre el derecho del consumidor a obtener aquello que se le ofrece al comprar un libro como México engañado (educación, veracidad, herramientas para participar en sociedad) y la libertad de prensa del escritor y sus editores. Es cierto: Francisco Martín Moreno no se presenta a sí mismo como un historiador. Pero, historiador o no, ofrece información pretendidamente verídica (y supuestamente de vanguardia) de carácter histórico. Pero si Moreno no es historiador y no puede cumplir con el oficio, que no ofrezca Historia, que venda otra cosa. ¿Por qué la sociedad, los árboles y los consumidores deben pagar las externalidades que generan su publicidad y la impresión de sus embustes?

Sin duda, la aptitud de Francisco Martín Moreno como desenmascarador de mentiras es el mito 101 de la Historia de México. Ponerlo en el primer lugar sería darle demasiada importancia. Como colofón, va algo para restarle lo que le queda de seriedad: ¿Francisco Martín Moreno, que se dice escritor, escribe bien? No me refiero a su estilo. Simplemente, ¿escribe bien? ¡Hay que ver los charlatanes que hay abriendo las puertas de las editoriales y cerrando ventas para las librerías!

Facebook Francisco Martín Moreno

Seis errores en 18 palabras. Correcciones: mayúscula inicial, acento en página, acento en podrán, concordancia de número en mis trabajos, acerca se escribe sin h, acento en .

 


Museo de las preguntas

¿Vendería Francisco Martín Moreno lo mismo si los lectores supieran que frecuentemente inventa (lo que confirmaría su valía como escritor aunque no la tuviera en cuanto a saber de Historia)? ¿Hacen más efectiva la participación ciudadana las verdades históricas complejas o las mentiras novelísticas motivacionales? ¿En qué medida libros como México engañado contribuyen a un México engañado (porque en una de esas sí los compran mas nadie los lee… no sé qué sea peor noticia)? ¿Quiénes y cómo ganan convirtiendo los dispositivos que facilitan la reflexión y la comprensión de la realidad (como los libros) en medios para distorsionarla? ¿La crítica a estos textos (y mi investigación en la Profeco) censuran o liberan? ¿Cómo resolvería la Profeco una queja por los contenidos falaces de un libro?

 

Anuncios